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#LaPeorMamá. No tengo nada que ponerme
Foto de Archivo

Un día, como cualquier otro, estaba yo tranquilamente arreglándome pues iríamos a casa de mis papás al intercambio navideño porque no pasaríamos Navidad todos juntos.

De pronto escucho que mi hijo me grita:
– ¡Mamá baja, mi hermana te necesita urgentemente!

Yo pensé, algo le pasó. Salgo de mi recámara y escucho a la chamaca en cuestión gritando desesperada:
– ¡Mamá, ven!

Allá va corriendo está pobre mujer pensando que algo grave pasaba, cuando entro a su cuarto y me la encuentro encuerada llorando lágrimas de cocodrilo y diciendo:
– ¡No tengo nada que ponerme!

De verdad me tuve que aguantar las ganas de reír a carcajadas porque: niña de 7 años sin nada que ponerse. Neta que eso me lo deje a mí.
– ¿Cómo que no tienes nada que ponerte?
– Nada. Ya me probé todos los vestidos y ninguno me queda.
– Ay, corazón. Pues es que haz crecido mucho.
– Eso de crecer ya no me está gustando.
– ¿Por qué no te pones los pantalones que te regalaron?
– Es que no quiero pantalones. Quiero un vestido. Hoy es como Navidad, quiero ir elegante.

En ese momento encontré la gran diferencia entre ella y yo, además de que es igualita a su papá físicamente. A ella sí le gusta usar vestidos y yo los odio desde que tenía su edad.
– Bueno. En este momento lo que te puedo ofrecer es sacar los vestidos que tienes y ayudarte a probártelos.

Un poco más calmada pero aún con el sollozo: – Ya me los probé todos. Ninguno me queda.
– Tienes el nuevo que usaste en la primera comunión de tus primas.
– Me lo voy a poner en Navidad. Ni modo que repetir.

Con un carambas. Y además me va a salir con que quiere estrenar en cada fiesta.
– Bueno, dame chance de intentar ayudar.

Fui sacando uno a uno los vestidos que tenía colgados. Por Dios que encontré unos talla 4. Sí, eso de la limpieza de closet no es lo mío. Hasta que encontré uno más bien como de playa y dijo: – A ver, creo que ese sí me queda.

Y así fue como mi hija terminó con mallas, botas peludas, vestido de playa y sweater.
Muy guapa ella.

Debo confesar, como bien le dije a ella, que cuando le compro ropa me voy por los jeans o leggings y playeras porque a mí me parece lo más cómodo. Pero ya caí en la cuenta de que ya no me toca elegirle la ropa. Y así como yo un día le dije a mi mamá que no quería más vestidos, hoy a mí me dicen “quiero ponerme vestidos”, y vestidos serán.

Pobre del señor de la casa, lo que va a tener que pagar en vestidos. Si a los 7 no tiene que ponerse, no la quiero ver a los 15. Mi único consuelo es que aún nos quedan unos pocos años.

Gracias por leer
#LaPeorMamá