#LaPeorMamá. Mis contradicciones con las calificaciones
Foto de Archivo

Por fin llegó el fin de cursos. Y con él, la ceremonia de clausura del colegio de mis hijos. Un martes a las 8 de la mañana después de que el lunes ya no asistieron.

Me daba una tremenda flojera ir, de hecho ya estaba planeando “volarme” la ceremonia cuando cierto chamaco me dijo:
– Mamá. Es súper importante que vayamos a la ceremonia el martes. Me van a dar un diploma por mis calificaciones.
– A mí también. – Dijo la chamaca.
– ¿A poco? Y, ¿le dan a todos?
– ¡No! Solo a los mejores promedios.
– Ok pues entonces iremos.

Cabe mencionar que tuve que ir sola, porque olvidé poner la ceremonia en el calendario familiar y al señor de la casa se le ocurrió programar su check up anual ese mismo día. Habiendo 364 días más, ese día. Terrible, porque me tocó viborear la ceremonia sola en mi mente. Aunque debo confesar que aun así me reí.

Moraleja: siempre pongan los eventos de los niños en el calendario familiar.

Pues sí, resultó que los dos chamacos estuvieron entre los mejores promedios de sus respectivos grados, 9.8 el que sale de 4to de primaria y 9.9 la chamaca que pasa a 2do de primaria.

Por supuesto que los vi recoger su diploma y me sentí mamá pavorreal. Sobre todo porque vi sus caritas de emoción al recibirlos.

– Me siento muy orgullosa de ustedes. Son muy inteligentes, constantes y perseverantes. Me encanta que sean comprometidos con la escuela. – Todo eso y más les dije. Porque lo son y lo pienso.

Pero tengo que ser honesta. No me gusta eso de los diplomas y los primeros lugares. Me hace mucho ruido que sigamos midiendo quién es mejor según unos números, porque honestamente, el que mi hijo saque 10 no lo hace mejor que su compañero que saca 8 y me cuesta trabajo acomodar esto en mi mente para poder darles el mensaje correcto a mis hijos.

Sí, en la escuela los niños se miden por calificaciones, al menos en la mayoría. En realidad en todos lados, a mí me calificaban en la chamba también. Y lo entiendo, son métricas que hay que tener pero estoy convencida, porque lo he visto, que quien saca 10 toda su vida, no es el más exitoso, ni el que mejor trabajo tendrá, ni siquiera el más feliz.

Y por supuesto que quiero que mis hijos se sigan esforzando y que sean su mejor versión como hasta ahora, por convicción y no “porque así tiene que ser” y es por ello que si bien los felicité y los presumí, también llevo días haciéndoles saber que los amo por todas sus virtudes y no por los excelentes promedios que obtuvieron este ciclo. Porque nadie tiene porque ser menos por no sacar un 10.

Gracias por leer
#LaPeorMamá