#LaPeorMamá La enfermedad


#LaPeorMamá La enfermedad - Foto de archivo
Foto de archivo

Por Claudia Ma. García Reyes Herrera

¿Qué es lo peor que le puede pasar a una mamá? Además de que los niños salgan de vacaciones… lo segundo peor.

Fuera de broma. Lo peor que nos puede pasar es ver a los niños enfermos.

Viernes en la tarde #miniplausi

  • Mami me duele la garganta.

Reviso y veo anginas del tamaño de un durazno y rojas pero nada de puntos blancos. Un virus pensé. En la noche: mocos, buchos bocos. Obvio es un virus, me dije a mí misma.

Sábado a media mañana:

  • Mamaaaaaaaaaá – con un grito de dolor – Mi gargantaaaaa. ¡Duele mucho!

Reviso garganta otra vez y me encuentro, las mismas anginas gigantes que prácticamente pegan una con otra, harto moco y….. unas placas blancas enormes. ¡Infección! Sí, las anginas con puntos blancos sí o sí son infección bacteriana. Eso sumado a febrícula… ya no había duda.

Allá vamos a una clínica que abre los sábados y recibe a toda hora. Esa es una cosa muy buena de estas tierras, a cualquier hora encuentras consulta.

Pues sí señora, su hija tiene una infección, le vamos a mandar antibiótico. Casi creo que me tienen que dar mi cédula ya, yo lo sabía. No es cierto, admiro mucho a los médicos y sé que no es cualquier cosa diagnosticar y recetar.

Nos mandaron a casa con antibiótico, ibuprofeno y celestamine.

  • El antibiótico, señora, tarda en hacer efecto. Puede presentar fiebre todavía un par de días.

Traducción: No me la vaya a traer mañana otra vez porque tiene fiebre.

Era sábado. Yo dije “para el lunes ya debe estar bien para irse a la escuela”.

La tomada de las medicinas fue una mentada de madre; #miniplausi decidió que no le gustaban las medicinas aún sin haberlas probado. A fuerza tuvo que ser como perrito. Someterla, abrirle la boca e introducir la jeringa hasta el cogote para ahí aventar toda la medicina y soplar para que trague. Sí, se lee horrible y es horrible pero se tiene que tomar la medicina. Obvio todas las tomas fueron iguales y una soplándose el ritual mientras el hombre de la casa huye porque “así no estresa tanto a la niña“. Si ajá… ¡Débil!

Sábado y domingo estuvimos en casa y salimos sólo lo necesario. Noches con fiebre pero nada más. Y pues no. Para el lunes no fue a la escuela porque seguía con fiebre. Martes, lo mismo así que 2 días sin ir a la escuela en casa conmigo. Y con el papá que se rifó y se quedó con ella para que la madre llevara al otro chilpa a una fiesta.

Yo dije pues ya fueron las 72 horas del antibiótico así que mañana ya no va a tener nada y va a la escuela al festejo del día del padre.

No se van a creer la noche que pasamos. La chamaca con los mocos atorados en la nariz sin poder respirar roncando como un oso y de vez en cuando hasta dejando de respirar y una servidora viéndola porque en su cabeza, la niña de sus ojos se estaba ahogando en sus propios mocos. Cada vez que lograba conciliar el sueño aquella gritaba porque no podía respirar y para colmo fiebre de nuevo.

“Creo que el antibiótico no le está haciendo nada”, le dije al marido por ahí de las 4 de la mañana en un arranque de brillantez, jajaja.

Total en la mañana la mandé a la escuela para que estuviera en la celebración del padre en cuestión y juré que el señor que es sumamente consciente regresaría terminando el evento de una hora con ella. Pero claro, no me acorde que a él su mami lo mandaba a la escuela si o si.

  • ¿Y la niña?
  • Se quedó en la escuela. Estaba tranquila. -No sé que cara puse que agregó al instante- si se siente mal te hablan.

Pues no me hablaron pero me sentí culpable toda la mañana por haberla dejado. Y eso que no fui yo.

Pues tal fue mi sentimiento de culpa que saliendo de la escuela me la llevé de nuevo al doctor y aquí digo de nuevo, me merezco mi cédula.

  • Señora, el antibiótico que le dieron no es suficiente para combatir esa bacteria. Vamos a cambiarlo.

¡A huevo! ¡Lo sabía!

  • Y le voy a mandar otras cosas para la congestión.

Resultado:

Otra cuenta infinita en la farmacia. Maldita sea. Odio que se enfermen porque no me gusta verlos sufrir pero odio más gastar una fortuna en medicinas, me choca. Me pueden decir coda si quieren pero me pone de malas.

Y ahora tenemos pinche mil medicinas nuevas que tampoco le gustan a la loquilla y una semana más por tomarlas. O sea, un bicho muerto de risa esperando a ver ahora con que lo atacamos y una niña desquiciada. Más vale que ahora sí funcione la medicina.

Gracias por leer

la peor mamá