#LaPeorMamá Cuando se conocen un papá y una mamá

Foto de archivo
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Escrito por Claudia García Reyes

Cuando me casé con el padre de mis hijos y dueño de mis quincenas (ay ajá ¿cuáles?) hubo dos cosas que nunca discutimos. Bueno seguro hubo más, pero las más críticas fueron:

En primer lugar las finanzas del hogar. Jamás platicamos quién pagaba qué o cómo carajos íbamos a sobrevivir. Ninguno de los dos había vivido solo. Ajá, a la antigüita. Bien ñoños. Pero lo resolvimos. Con el tiempo lo resolvimos. Y creo que gracias a la forma en que lo hicimos hoy soy una feliz ama de casa, becada, mantenida que no teme pedir para sus chones. Pero ese no es mi punto central el día de hoy.

En segundo lugar la crianza de los hijos. ¿Crianza? Ni siquiera sabía que esa palabra existía, mucho menos cuántas formas y estilos tiene. ¿Hijos? Pues sí, sabíamos que queríamos hijos pero nos casamos de 26, habíamos terminado la carrera dos años antes y llevábamos trabajando como uno, así que por supuesto que lo nuestro era la fiesta y el desmadre. Nos encantaba tener gente en la casa, salir, etc. Así que los hijos esperaron 5 años para llegar.

Obvio el nacimiento del bebé conlleva el nacimiento de un papá y una mamá el cual trae consigo una tremenda crisis con cada hijo nuevo porque cada uno nos vuelve locos de nuevo. Y sí… la crisis tarda en irse, en algunos casos más tiempo, en otros casos menos. Según yo depende mucho de qué tan rápido el chamaco duerma de corrido y en su cama jaja. Bueno no solo de eso pero el buen descanso ayuda mucho a la buena convivencia.

Y con el tiempo uno va pasando diferentes etapas: que dar chichi o no, si papillas o BLW, si colecho o duérmete niño, si andadera o no, la gateada, el horrible dolor de cintura mientas se sueltan a caminar, etc. En mi caso, no sé si sea algo general; mi señor marido confió ciegamente en mis estúpidas decisiones. Él dijo, no importa hasta donde metas la pata, yo te apoyo porque yo de esas cosas no sé. Y yo tampoco sabía, pero alguien tenía que aventarse el tiro. En algunas cosas opinaba más que en otras y siempre nos aventamos juntos, como la gran pareja que somos. (Ay cáaaalmate gran pareja jajaja) Bueno, como el equipo que tratamos de ser.

Ahora que los niños son más grandes y empiezan esas cosas de que si hacen travesuras o berrinches o contestan feo o no comen o no hacen caso. Ahora que tiene que haber consecuencias, ahora es en donde empiezan las “áreas de oportunidad”. Ahora es cuando nos damos cuenta de que jamás planeamos nada de los hijos.

Nunca en la vida planeamos si las nalgadas estaban o no permitidas en nuestra familia. Jamás se nos ocurrió preguntarnos qué haríamos si nuestros hijos hacían un berrinche a la mitad de un restaurante. ¿Le lavamos la boca con jabón si dice una mala palabra? ¿A fuerza tiene que saludar de beso o no? Y cómo esas cosas mínimo una diaria. Porque uno cree que es bien pinche fácil. Porque uno cree que como somos marido y mujer desde hace ya algunos años estamos en la misma página. Y ¿qué creen? Que no siempre. Y ¿qué más creen? Que a veces nos damos cuenta cuando hacemos semejante carita ante un castigo o una forma de hablar a nuestros hijos.

Hace poco el señor en cuestión me dijo:

  • Deja de desacreditarme con los niños.

Y tiene toda la razón. Yo tiendo a dejar salir de mi bocota las cosas en el mismo instante en que llegan a mi cabeza y por lo tanto salir con “no le digas eso”, “eso no es una consecuencia lógica” o cualquier otro comentario cuando le toca enfrentar una situación con alguno de los críos. Y está FATAL. Todo se lo tengo que decir. Pero ya que aquellos estén dormidos y no frente a ellos.

La realidad es que soy una control freak y quiero que todo se haga a mi modo. Eso no es nada nuevo. Pero también quiero que el papá se involucre, porque no me quiero aventar a ser la única mala del cuento (aunque sí lo soy) así que me estoy topando con pared conmigo misma para dar chance a que el padre de los escuincles imponga su autoridad. Eso señoras y señores es mi nueva crisis. Este nuevo estira y afloja. Antes fue yo quiero el lado derecho de la cama. Ahora es no regañes así a los niños. Las cosas van cambiando y los desacuerdos van y vienen. No pretendo dar consejos matrimoniales porque estoy lejos de ser experta, pero sí puedo decirles que cuando mi yo mamá conoció a mi marido papá se volvió a enamorar perdidamente porque es un papá a toda madre. Los dos tenemos muuuuuuucho que aprender pero nos divertimos montones en el camino.

Gracias por leer

#LaPeorMamá


la peor mamá