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#LaPeorMamá. Cuando los chamacos no se quieren levantar.
Foto de Archivo

Mi hijo no se quiere levantar.

¿Cuántas veces nos ha pasado eso? ¿Cuántas veces a fuerza los levantamos porque ya es hora y si no, no nos da tiempo de que se conecten a tiempo?

Yo entiendo. Entiendo que nos frustra mucho que nuestros hijos no quieran hacer las cosas porque a mi también me frustra tremendamente.

Entiendo que queremos que las cosas salgan como tienen que salir y que queremos enseñarles a nuestros hijos de responsabilidad y compromiso. Sin embargo quiero contarles lo importante que es saber que está pasando con nuestros hijos para lograr que las cosas fluyan.

Obligarlos resultará en el momento pero no ayudará con el problema de raíz.

Sigamos con el ejemplo de que el chamaco no quiere levantarse por nada del mundo pero pensando que esto que les voy a decir aplica en prácticamente cualquier situación.

Existe una estrategia que se llama escucha reflexiva y que consiste en escuchar el corazón de nuestros hijos.

¿Qué es escuchar su corazón? Básicamente consiste en escuchar el sentimiento que tienen y empatizar con dicho sentimiento.

Si tu hijo no se quiere levantar cuando le toca, probablemente lo que tenga sea sueño o cansancio.

Te invito a que le preguntes: ¿Estás cansado? ¿Todavía tienes sueño? Espera a que identifique el sentimiento que tiene y te diga que si está cansado, por ejemplo.

Puede ser que no haya dormido tan bien como siempre, o que haya tenido pesadillas. ¿A ti no te pasa algunas noches? También hay días en que a nosotros nos cuesta más trabajo levantarnos ¿cierto?

Una vez que nuestro chamaco diga lo que siente, por ejemplo “es que todavía tengo sueño”, empatiza con su sentimiento.

Algunos ejemplos para hacerlo son: “Entiendo que aun tienes sueño”, “a mi también me costó trabajo despertar hoy”, “ha sido una semana cansada”. Lo que yo le comunico a mis hijos cuando empatizo con lo que sienten es que sus sentimientos son válidos, que es perfectamente normal tenerlos, que no hay nada de malo en sentirse así.

Después puedes proceder a explorar con ellos una solución al problema que estamos experimentando en ese momento. “¿Qué crees que podamos hacer?”

Algunas opciones serían: quedarse 5 minutos más en la cama abrazados o haciéndole piojito, ofrecerle acostarse un ratito durante su recreo, ofrecerle acostarse y ver una peli terminando clases, etc. O deja que sea él o ella quien proponga que hacer. Posteriormente elegirán la opción que más les apetezca, ellos, no tu.

Una vez tomada la decisión, entonces los invitaremos nuevamente a levantarse. Les aseguro que en esta ocasión se levantarán sin mayor problema pues se sienten comprendidos.

Inténtalo, inténtalo cuando no se quieren levantar o cuando no quieren hacer la tarea o conectarse a clases. Inténtenlo cuando se rehusen a recoger sus juguetes, se van a sorprender de todo lo que se puede lograr cuando aprendemos a escuchar el corazón de nuestros hijos en lugar de cuestionarles sobre porque no quieren hacer las cosas.

Y lo mejor es que no solo vamos a lograr que cooperen más y quieran hacer las cosas sino que además van a aprender a identificar y expresar sus sentimientos. ¡Matamos dos pájaros de un tiro!

Ojalá este consejo les ayude mucho.

Gracias por leer

#LaPeorMamá