#LaPeorMamá. COVID en la familia parte 3
Foto de Archivo

25 de diciembre. ¿Mi regalo de Santa? Dos playeras y síntomas de COVID.

La verdad es que gracias a los medicamentos, pasé una buena noche. Claro, despertándome cada 4 horas a tomar medicina y darle medicina al marido, pero levantarme me costó, y me costó más tirarme en el piso ayudar a mi hija a armar su casa de Barbies. Pero se logró.

Afortunadamente el señor de la casa se sentía mejor, así que pensé. “No está tan mal que me haya enfermado hasta ahora porque el marido puede entrarle al quite”.

Lo que no imaginé es que durante los siguientes dos días mi marido empeoraría.

Para ser honestos, los síntomas más fuertes que tuve fueron la fiebre y el dolor de cuerpo durante dos días. Después llegó un tremendo dolor de garganta y oídos que era muy molestoso, pero podía vivir con ello.

La preocupación comenzó cuando empezamos a notar que poco a poco la oxigenación de mi esposo bajaba. No fue drástico, pero cada vez el nivel era inferior. Aunado a esto, empezó a cansarse, qué digo cansarse, a agotarse cuando hacía cualquier cosa. Y por cualquier cosa, me refiero a ir al baño, lavarse los dientes o atender una llamada.

Llegó un momento en que tuve que pedirle a la familia que mejor me marcaran a mí porque él ya no podía decir más de 3 palabras sin ahogarse de la tos y sofocarse.

La indicación fue realizarle una tomografía para ver cómo estaban sus pulmones.

Después de casi 2 años de pandemia, ubicaba perfecto a donde sí ir en caso de requerir estudios, qué lugares no eran COVID, así que tuve que buscar ahora los lugares que sí hacían
estudios a personas con COVID. En realidad no fue tan complicado.

Lo complicado fue la logística.

En un inicio pensamos que él podía ir al estudio. De todas formas, no podía entrar nadie a acompañarlo. Esta idea la descarté como 3 minutos después, cuando vi que le costaba llegar caminando de la cama al baño. ¿Cómo carajos hacerle? Nadie podía entrar a mi casa a cuidar a los niños o no los podía llevar a casa de nadie sin poner a ese alguien en riesgo.

Como mi cabeza da y da vueltas pensé un millón de posibilidades y finalmente lo que hice fue ir con mi marido a dejarlo a la puerta del laboratorio, que era hasta donde podía llegar con él y pedirle a mis papás que fueran a estacionarse afuera de mi edificio para “cuidar” a mis hijos desde el Messenger.

Sí, mis papás probablemente se acabaron sus datos celulares en ese tiempo pero mis hijos la pasaron bomba platicando con ellos y se sintieron seguros sabiendo que los abuelos estaban ahí abajo por cualquier cosa. Otro punto para los abuelos.

Además, mi papá tuvo la idea de pedirle a mi hermano que me siguiera al laboratorio pues si algo pasaba en el camino ¿qué iba a hacer yo sola con el marido? Así que iba yo con mi guarura a llevar al marido al estudio.

No les puedo yo decir lo agotado que salió el pobre señor de la casa del estudio. Ni cuando corrió el maratón lo vi así.

La tomografía arrojó que tenía neumonía. Sí, lo que tanto teme uno que suceda con el COVID fue lo que sucedió.

Hubieron dos cosas muy positivas.

1. Que la familia conoce a un neumólogo y no tuvimos que esperar tanto para poder tener un
especialista revisando su caso.
2. La neumonía se detectó de forma relativamente temprana.

Rápidamente le recetaron inyecciones y oxígeno para combatir la neumonía, así como reposo absoluto. Consejo no pedido: Aprendan a inyectar. Uno nunca sabe cuándo se va a requerir.

El medicamento y el oxígeno comenzaron a ayudarle rápidamente y en 2 días su oxigenación
había mejorado y ya podía ir al baño sin sofocarse.

Para el 31 de diciembre pudimos cerrar el año los 4 sentados en el comedor, brindando con
refresco por el inicio del año y 3 días después, celebrar aún más las pruebas negativas de
todos y el alta.

No les voy a mentir, fueron unos días espantosos. Estuve muy angustiada y enojada. Tuve mucho miedo. Y hoy agradezco más que nunca la posibilidad que tuvimos de estar en manos de buenos médicos y tener acceso a los medicamentos indicados. Por fin salimos de esta.

Y bueno, para que se rían un poco, les cuento que mis cuñados, que pasaron Año Nuevo juntos, regresaron positivos a COVID. Así que estoy convencida que si no hubiera sido en el momento que nos dio, seguro hubiera sido cuando les dio a ellos porque el plan era pasarla juntos.

Y no, no es gracioso que mis cuñados estén enfermos, sino las casualidades de la vida.

En fin, hoy por hoy, conozco a muchas personas muy cercanas que están infectados, aislados en casa. Seguramente ustedes también. Así que de nuevo: No hay que bajar la guardia.

Gracias por leer
#LaPeorMamá