La trágica historia de amor del Castillo de Chapultepec


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El Castillo de Chapultepec alberga una de las historias más trágicas de amor que se conocen en la historia de México

El Castillo de Chapultepec es uno de los lugares más icónicos de la Ciudad de México y es un museo prácticamente dedicado a la forma de vida de los emperadores Maximiliano y Carlota.

La pareja llegó a ese lugar procedente de Europa y su historia de amor tuvo un trágico desenlace.

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El castillo

En la época de la Colonia, entre 1785 y 1787, el virrey Bernardo de Gálvez mandó a construir un castillo (dicen que en América es el único “Castillo Real” que existe, es decir, que fue construido para que ahí vivieran los miembros de una familia monárquica) en el punto más alto del bosque de Chapultepec para usarlo como casa de campo; sin embargo, nunca pudo habitarlo debido a su repentina y extraña muerte.

El castillo estuvo deshabitado por décadas, hasta que se instaló ahí el Colegio Militar en 1833, pero tras la Intervención Estadounidense volvió a ser abandonado en 1847.

Así que para 1864, cuando Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota llegaron a México para instaurar el Segundo Imperio Mexicano invitados por la Junta de Conservadores, el castillo se encontraba en pésimas condiciones, pero el nuevo emperador le veía más ventajas que al Palacio Nacional, el cual estaba en ruinas y lleno de insectos. Fue por eso que mandó a construir ahí su residencia.

La pareja

Maximiliano y Carlota se habían casado en 1857, cuando él tenía 25 años y ella 17 y cuentan los biógrafos que su relación era más bien fría y que él estaba enamorado de otra mujer que había muerto antes de casarse con ella.

Sin embargo, Carlota era muy importante en la vida de Maximiliano e, inclusive, se dice que ella fue quien lo convenció de aceptar la corona de México. Ella venía de una familia real, por lo que estaba acostumbrada a ese mundo.

El Castillo de Chapultepec se convirtió entonces en la residencia de la pareja, por lo que se remodeló por completo, se diseñaron jardines, se trajo mobiliario desde Europa y se construyeron áreas como un balcón que da hacia el actual Paseo de la Reforma para que todos los días ella pudiera ver cómo su esposo iba y venía del centro de la ciudad. Unos dicen que por amor, pero otros más aseguran que era por celos, ya que el emperador solía poner de pretexto las inclemencias del camino para no regresar a dormir.

En poco tiempo, la relación de la pareja fue deteriorándose e, inclusive, empezaron a dormir en habitaciones separadas, lo cual fue un asunto que escandalizó a un sector de la sociedad de aquel entonces.

La pareja tampoco tuvo hijos. Algunos dicen que, tras un aborto, la pareja no volvió a “tener intimidad”, mientras que otras versiones indican que se trataba de esconder que la pareja no podía tener hijos. Como esto afectaba directamente la sucesión real, decidieron adoptar al nieto de Agustín de Iturbide, primer emperador de México en 1822.

Los rumores aseguraban que Maximiliano tenía una amante en Morelos y que Carlota estaba enterado de ello, pero lo que sí parece ser real era que la emperatriz estaba profundamente enamorada de su marido.

 

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Nunca volvieron

Un par de años después de su llegada a México, Maximiliano perdió todo tipo de apoyo de parte de Europa, por lo que Carlota salió en julio de 1866 a buscar apoyo en Francia y el Vaticano. No sabía que nunca más regresaría al castillo.

Al final, el viaje de Carlota fue infructuoso, pero siguió buscando apoyo porque su intención era regresar a México.

Pero en junio de 1867, Maximiliano fue fusilado mientras Carlota seguía en el extranjero, y cuentan que ella no supo de su muerte hasta noviembre, cuando el cadáver del emperador fue embarcado hacia Europa.

Carlota vivió sola el resto de su vida –60 años más– y cuentan que perdió la razón. De hecho, se cuenta que tenía un maniquí que vistió con la ropa de Maximiliano.

Fue así como el Castillo de Chapultepec fue el escenario de la parte final de una trágica historia de amor.

Por Carlos Tomasini (@carlostomasini)

 

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