Jo
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Son cinco, su sonrisa aniñada y su atuendo me llaman la atención. Las encontré en un parque, en un paraje alejado donde estaban sentadas observando los grandes robles. Yo venía con mis nietos, amo los picnics en los bosques, nos sentamos a unos cien metros de ellas y era inevitable no observarlas.

¿Mi impresión? Sentí que el ruido del mundo no las había tocado, las vi reírse como niñas con una inocencia de esas que en las metrópolis es difícil de encontrar.  Vestidas a la usanza del siglo diecinueve, con faldas, delantales blancos confeccionadas por ellas, signo de que eran solteras, ya que el negro esta destinado solo a las casadas.   El pelo rubio cubierto con sus bonetes y ojos azules transparentes, de esos raros de encontrar. Platicaban en susurros en un idioma que parecía alemán.

Las cinco hermanas, todas Amish. Una de ellas se paró por un momento, por el movimiento de su mano entendí que no necesitaba compañía, que iría sola. La vi caminar hacia abajo donde estaban los baños.

Uno de mis nietos quiso que lo llevara, así que seguí el mismo camino. En la pequeña construcción de madera había dos baños y el de mujeres estaba desocupado. Las puertas daban hacia atrás, al salir la vi, venía corriendo con la cara sudorosa y la respiración agitada.

En inglés le pregunté si estaba bien y me miró aterrada. En un esfuerzo por recomponerse me dijo que estaba bien, abrió la llave del lavamanos que estaba afuera y se echó agua en la cara.

Respiró profundo y cuando iba al encuentro de sus hermanas, la más grande ya venía por ella y gritaba “¡Jo, Jo, Jo!” con tono amenazante.

La curiosidad comenzó a surtir un efecto novelesco en mi cabeza. Se agudizaron mis sentidos y durante un buen rato las estuve observando. La que había ido al baño tendría unos dieciséis o dieciocho años, parecía serena, pero cada cierto tiempo miraba hacia la izquierda.

Pensé como acercarme, quizá de cerca podría observar mejor, pero son muy cuidadosos con los extraños, les han hablado de las cosas terribles que llevan consigo los mortales comunes y corrientes que vivimos en las grandes urbes; somos mala influencia, nos perdemos en el alcohol, fumamos, nos drogamos y tenemos sexo desenfrenado.  Quizá sea así pero no todos, como lo mismo sucede en estas comunidades, donde no todos están descontentos con su forma de vida, como vemos en las muchas series televisivas o los reportajes donde se cuentan historias terroríficas, sobre algunos que han desertado.

Busqué que la pelota de mi nieto cayera a su lado, cuando mi nieto se acercó la mediana sonrió y su sonrisa fue la excusa perfecta para acercarme para recogerla. Con mi mejor tono de voz pedí disculpas y les pude decir que me encantaban sus faldas largas.

La más pequeña me miró y para mí fue suficiente, una mirada puede abrir una puerta, tiene la fuerza de permitir el comienzo de algo, así que esa fue mi entrada para enfrascarme en una linda conversación que duró apenas unos minutos.

Jo, clavó la mirada en el piso, parecía un témpano de hielo.

“Somos Amish” me espetó la más grande con orgullo.

Esta congregación es descendiente de inmigrantes de lengua alemana de origen suizo y del sur de Alemania. Llegaron al continente americano en dos oleadas desde 1730 a 1880 aproximadamente, asentándose fuera de las metrópolis en los campos, cerrando y cuidando la influencia del mundo exterior y su decadencia.

“Gelassenheit”. Es la palabra alemana que significa “dejar ser” y es la base de muchas filosofías dentro de la comunidad. Muchos creen que el planeta debe disfrutarse como Dios lo dispuso, dejando de alterarlo con agua corriente y electricidad.

Con fuerza han procurado inculcar la paz, por lo que los hombres no hacen el servicio militar y su participación electoral es mínima.

Las reglas de convivencia las marca un estricto conjunto de normas que puede variar según la comunidad, llamado Ordnung.

Aunque la mayor parte de los reglamentos tienen su fuente en las escrituras bíblicas, pueden agregar o cambiar alguna norma si la mayoría lo desea y la minoría lo acepta, en caso de no haber un acuerdo, la minoría suele marcharse a otra comunidad o formar una propia.

Pugnan por una vida sencilla y llana. El trabajo, así como las creencias en el antiguo testamento. Han defendido su resistencia a adoptar comodidades de la vida moderna, aunque esto varía de comunidad en comunidad.  Y se lleva a cabo en las comunidades más conservadoras. La expulsión de sus miembros cuando desertan sus costumbres, es debido a que ellos creen que aquellos que no son Amish tienen poca esperanza en la salvación.

En verdad tienen cosas envidiables, aunque yo no sé si pudiera adaptarme a una vida tan llena de normas. La rigidez no me ha funcionado en mi vida, me cuesta verme sin las alas que me acompañan y no puedo condenar a alguien que piensa distinto a mi. Aunque en el rostro de estas chicas hay algo que no tienen muchos chicos de las ciudades; ingenuidad, asombro, y agradecimiento.

El hecho de verlas aquí me hizo preguntarme a qué orden pertenecían pues de los más de setecientos asentamientos, ya solo una tercera parte siguen siendo de la antigua orden, los demás se han ido asimilando lentamente a la modernidad. Aunque si el promedio es de siete hijos por familia tardarán en hacerlo, al menos un par de generaciones más.

Los adolescentes no están sujetos a las normas, no han sido bautizados lo que no los obliga a ser miembros. Aunque permanecen bajo la estricta autoridad de sus padres.

¿Acaso Jo estaría pasando la época a la que llaman Rumspringa? Literalmente significa “corriendo alrededor”. Se supone que es una edad de prueba donde aprenden a conocer otras cosas. Durante este tiempo, muchos jóvenes experimentan con actividades “mundanas” como comprar un automóvil, ir al cine o usar ropa que no sea Amish, muchos tienen acceso a celulares, fuman y toman alcohol. Ellos toman la decisión de seguir con la vida Amish o no después de este tiempo y por eso su ingreso a la comunidad es cuando ya son adultos. Aunque hay muchos que están frenados por la vigilancia de sus padres. ¿O acaso era algo más?

Dos horas de viaje separan más de medio milenio de historia desde este parque hasta su comunidad. No me dieron sus nombres, porque justo cuando pregunte, se acercaron sus padres, él con las barbas largas ya que no pueden cortárselas. No traía bigote ya que en los siglos XVI, XVII y XVIII cuando eran víctimas de persecuciones y abusos, los oficiales militares que lo permitían solían tener bigotes y no tenían barba, por lo que el uso del bigote es un signo de militarismo.

Traía el pantalón oscuros de tirantes para no usar cinturón, una camisa azul y chaqueta sin botones, solo unos ganchos se asomaban para poder abrocharse.

Ella con el cabello recogido en su bonete; dos chiquitos pendían de su falda y una barriga mostraba unos siete meses de embarazo.

Me di cuenta que mi presencia no les gustó y aunque fueron amables, comenzaron a apurarlas llevándoselas en silencio; al verlas partir me quedé pensativa.

Es inevitable arrastrar la tormenta mediática que ha llevado algunos casos de abuso en estas comunidades a la pantalla y entonces mi mente se abarrotó de preguntas. Desde luego que estas historias pasan en todos lados, no son exclusivas de este tipo de comunidades, pero venden bien cuando se trata de explotarlas. Qué no se mal entienda; estoy en contra de cualquier acto de violencia hacia otro ser humano, pero me cuestiono cuando huelo intereses y ventas que generan muchos ingresos. Esto pasa en todas las comunidades humanas ya sean religiosas o no, ya sean ultra conservadoras o no. Se repiten generación tras generación como una enfermedad.

El sol comenzó a caer y la tarde enfrió, era momento de irnos así que me di a la tarea de recoger pelotas, picnic y demás.

Cuando llegué al estacionamiento vi a una patrulla, a la familia Amish y no estaba Jo.

La hermana grande me señaló y se acercó con uno de los oficiales.  “¿Señora, me dice la chica que usted vio a Jo en el baño, notó algo extraño? ¿Estaba hablando con alguien?

Durante unos segundos comencé a pensar, qué tal si quería huir y lo que hizo fue hacer una llamada; por eso regresó corriendo, que tal si se sentía víctima de la rigidez de sus costumbres, o del abuso de su familia. ¿Pero si no, si realmente alguien se la había llevado? Así que opté por decir lo que había visto y la hermana grande gritó “¡Lo sabía!”.

La policía pidió mis datos por si necesitaban contactarme y me pidieron que me fuera. Subí a los niños al coche y por el retrovisor, vi a todos llorando.

Esta historia tiene al menos unos cuatro años. No encontré noticias sobre lo sucedido. Fui a la oficina de policía para decirles que regresaba a México y preguntar sobre Jo; me dijeron que no me podían dar informes. Esta pared infranqueable me obligó a enterrar en mi memoria lo sucedido y así pasó, por mucho tiempo.

Hoy una amiga me envió un poema y recordé la historia. Al leerlo, no sé por qué pensé en ella. Así como el escrito, quiero creer que Jo, hoy es plena en algún lado, que este poema lo escribió ella, que decidió marcharse para probar otra vida, que, a diferencia de sus hermanas, no se sentía parte de la comunidad, que le costaba ser obediente. Me gusta pensar que fue a la universidad, que aunque le costó asimilarse en su nueva vida, lo logró.

Se sentaba atrás y dijeron que era tímida.

Lideraba y entonces odiaban su orgullo.

Pedían su consejo y luego cuestionaron su orientación,

La señalaban en voz alta y luego se sorprendían por su silencio.

Cuando ella no parecía tener ninguna ambición, dijeron que era una mujer triste.

Entonces ella les contó sus sueños y ellos dijeron que estaba loca.

Le dijeron que la escucharían y se taparon los oídos.

La abrazaron mientras se reían de sus miedos.

Así lo escuchó todo, pensando que debería.

Y pensó que debería volverse la chica que le dijeron que fuera, haciéndolo lo mejor que pudiera.

Pero un día preguntó qué era lo mejor para ella.

En lugar de intentar complacer a todos los demás.

Entonces ella caminó hacia el bosque y se paró entre los árboles.

Oyó susurrar el viento y bailó con las hojas,

Habló con el sauce, el olmo y el pino,

Y les dijo lo que le habían dicho una y otra vez.

Les hablo de como sentía que nunca era suficiente

o demasiado pequeña o demasiado grande,

Demasiado ruidosa o demasiado silenciosa, demasiado feroz o demasiado débil, demasiado sabía o demasiado tonta, demasiado atrevida o demasiado mansa.

Luego encontró un pequeño claro rodeado de encinos,

Y se detuvo… y escuchó lo que le decían los árboles,

Se sentó allí durante horas sin querer irse,

Porque el bosque no dijo nada, solo la dejó respirar. ~

Becky Hemsley

Traducción DZ

Para Jo, deseando que estés bien.

DZ

*Gracias a Connie Molina quien me hizo llegar este bello texto con el que pude hilar una historia.