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Galería: el antes y el después de las frutas y verduras

Galería: el antes y el después de las frutas y verduras

Presentamos una galería de los sorprendentes cambios que han sufrido algunas frutas y verduras tras la modificación por parte de los humanos

Los alimentos como los conocemos (y comemos) no siempre han tenido la misma forma. Esos alimentos naturales que se nos pueden parecer apetecibles, hace tiempo no lo eran.

Uno de los más destacados antropólogos, Marvin Harris, en su libro “Bueno para comer”, indica que, desde una óptica científica, “los seres humanos son omnívoros: (somos) criaturas que comen(mos) alimentos de origen animal y vegetal”. 

Satisfacemos generalmente las necesidades nutritivas consumiendo una gran cantidad de sustancias, muchas de ellas obtenidas en frutas y verduras.

No obstante, no comemos literalmente de todo. Ni todo lo que comemos lo hemos saboreado como lo podemos disfrutar ahora, y muchos de esos productos eran, también, biológicamente inadecuados para que nuestra especie los consuma.

Por ello presentamos una galería de 5 frutas y verduras que han cambiado, gracias a la mano del hombre, radicalmente de imagen, y más allá de la modificación en apariencia, también han modificado sus nutrientes y, por tanto, sus beneficios en los humanos.

La modificación ha sido clave para la domesticación de las plantas y, por tanto, para la supervivencia de la especie: “Todos los alimentos que nos dan de comer son especies domesticadas que hemos ido cambiando a nuestra voluntad”, dice el experto.

Tomate 

Las modificaciones genéticas en los alimentos dan lugar a productos que se denominan “transgénicos, creados para que presenten ventajas sobre los originales, como puede ser “un cultivo enriquecido en vitaminas o resistente a la sequía, a los insectos o a los herbicidas”, dice el doctor en biotecnología molecular, J.M. Mulet.

Por ejemplo, “el maíz viene de una especie silvestre llamada ‘Teosinte’ y el tomate primitivo –muy similar al ‘Physalis Nahaufnahme’ de la fotografía– era tóxico”, añade.

“La mayoría de variedades actuales de tomate son muy recientes y en poco se parecen a aquellas que colonizaron Europa. Las que llegaron a Italia eran de color amarillo, lo que explica su nombre de ‘pomodoro’ (manzanas de oro)”, explica el biotecnólogo.

Hoy en día, hay una gran variedad de tomates distintos a aquel fruto primigenio. Los tomates actuales son de mayor tamaño, más jugosos y de sabor ligeramente dulce, además de ser una fuente importante de minerales como el potasio y el magnesio y de vitaminas como la B1, B2 y B5.

Este vegetal, como todos, es fruto de una evolución en la que la mano del ser humano ha tenido mucho que ver.

 

Sandía

La pintura del siglo XVII de Giovanni Stanchi, nos permite ver una sandía cortada transversalmente, y que muestra unas formas en espiral en el interior que, hoy en día, no reconocemos en las sandías actuales.

“Hay quien piensa que la causa es que la sandía del dibujo está aún verde o le falta agua, pero las semillas negras indican que la fruta está madura”, explica en un artículo de la revista ‘Vox’ Todd Wehner, profesor de la Universidad de Carolina del Norte (Estados Unidos).

Más de tres siglos después, las modificaciones humanas de la sandía han conseguido frutos muy dulces y con un interior rojo y carnoso.

 

Plátano

Hace aproximadamente siete mil años, se cultivaron los primeros plátanos en las tierras que ahora pertenecen a Papúa Nueva Guinea y en el sudeste asiático. La variedad de plátanos actuales más habitual procede de dos variedades salvajes, ‘Musa acuminata’ y ‘Musa balbisiana’, que tenían semillas duras y grandes como el de la fotografía del plátano primitivo.

Actualmente, hay diferentes técnicas para crear alimentos transgénicos y, según el biotecnólogo, “la principal es un proceso bastante sencillo basado en utilizar un bacteria que, de forma natural, introduce su ADN dentro del genoma del organismo receptor. Otros procesos son el cultivo de tejidos o la utilización de ‘microproyectiles”.

El plátano actual es, en su variedad más consumida, dulce, sabroso, manejable y tiene una cáscara fácil de quitar. Comparada con su antecesor, la fruta tiene semillas mucho más pequeñas, sabe mejor y es más nutritiva.

 

Berenjena

Otro ejemplo de esta modificación vegetal son las berenjenas. Las primeras variedades se cultivaron en China y, aún hoy, sigue existiendo una amplia variedad de formas y colores como el blanco, azul, púrpura y amarillo, aunque las versiones primitivas solían tener espinas entre el tallo de la planta y la flor.

La crianza selectiva nos ha librado de las espinas y nos ha dado el vegetal que conocemos. Esta variedad morada, lisa y de pulpa blanca, se denomina ‘Black Beauty’ y es la que acapara el mercado.

 

Zanahoria

Las zanahorias más antiguas fueron cultivadas hace más de mil años en Persia y Asia Menor. Eran originalmente de color púrpura o blanco con una raíz delgada, pero algunas cambiaron su pigmento por el naranja actual, que se convirtió en la variedad más común.

Hoy en día, los agricultores domesticaron las raíces finas y blancas de las zanahorias primitivas, que tenían un fuerte sabor amargo, según documenta la experta en ciencia Tanya Lewis en ‘Business Insider’, y acabaron consiguiendo estas hortalizas grandes, sabrosas y de color naranja que se cosechan, por general, en invierno.

 

Pese a que las técnicas actuales de modificación son muy diferentes a las que se usaban hace cuatro siglos, el objetivo es el mismo: “La tecnología transgénica nos permite hacer de forma precisa aquello que antiguamente hacíamos a ciegas mediante cruces, injertos, hibridaciones o induciendo mutaciones ‘a lo bruto’ con productos químicos o radiactividad”, apunta Mulet.

Con información de El País

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