El oscuro origen del Pozole


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En el México prehispánico, al igual que en el Neolítico en Europa, el canibalismo era una práctica frecuente

El pozole es uno de los platillos mexicanos que suelen comerse el 15 de septiembre; sin embargo, como muchos otros alimentos tradicionales, tiene una historia oculta.

En el México prehispánico, al igual que en el Neolítico en Europa, el canibalismo era una práctica frecuente, señala un estudio realizado por un equipo de antropólogos de la UNAM, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Universidad de Granada, sur de España.

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El director del Laboratorio de Antropología Física de la Universidad de Granada, Miguel Botella, indicó que los más de 20 mil restos óseos estudiados por los científicos han demostrado que el canibalismo era “sistemático”, lo cual “posiblemente indica que lo llevaron los humanos que pasaron el estrecho de Bering cuando ocuparon el continente por primera vez”.

Los estudios antropológicos señalan que en el México prehispánico, después de los sacrificios rituales en los que se ofrecían los corazones de la víctima a las deidades el resto del cuerpo se cocinaba con maíz y era repartido entre todos los participantes en un acto de comunión.

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El doctor Alfonso de Jesús Jiménez Martínez, profesor de la Universidad del Caribe, asegura que el pozole solamente podía ser consumido por los sacerdotes de más alto rango y el emperador en ocasiones muy especiales.

“Fray Bernardino de Sahagún consigna la práctica antropofágica en su Historia General de las cosas de la Nueva España, aunque refiere un significado acorde con su visión y percepción, modelada por los usos y costumbres de su tiempo y de su tierra. El horror que seguramente le produjo y sus propias concepciones religiosas atribuyeron al hecho un significado salvaje y anticristiano”, explicó Jiménez Martínez en un texto publicado en la revista Teoría y Praxis.

“Ocurría como en las actuales corridas de toros, donde todo sigue un ritual, pero una vez que muere, el animal es carne”, comentó Botella.

Frailes españoles, durante su labor evangelizadora tras la conquista, recogieron distintas recetas de cocina de carne humana, señalando que nunca se consumía asada y era habitual añadirla al pozole, palabra derivada del náhuatl ‘pozolli’, de ‘tlapozonalli’, que significa “hervido” o “espumoso”.

La manipulación de los cuerpos humanos para su consumo (cortes, desuello, descarnado o cocción, entre otros), dejó marcas en los huesos, mismas que fueron observados por los expertos y han permitido determinar “toda la metodología utilizada en lo que constituían acontecimientos ritualizados”.

Además, se ha encontrado que muchos de los huesos humanos se utilizaban para hacer diversas herramientas, desde punzones a arpones pasando por instrumentos musicales, lo que evidencia “una industria artesana establecida”.

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Botella concluyó que los frailes españoles “exageraban bastante menos de lo que se suponía”, pues sus descripciones de estos rituales caníbales “se corresponden con las marcas de los huesos estudiados”.

Uno de aquellos frailes señaló que la carne humana “sabía como la del cerdo”,  por lo que, tras ser prohibido su consumo durante la cristianización, se sustituyó por la del puerco.

Pese al cambio de ingredientes y el significado inicial que tenía el platillo, su consumo se mantuvo entre los indígenas.

Al igual que muchos otros elementos de culturas prehispánicas, el pozole sufrió una adaptación y permaneció, pero dejó de ser un platillo exclusivo de altos mandos religiosos y políticos.

“Con la utilización del cerdo se abrieron posibilidades diferentes, aunque el significado primigenio quedó soterrado. Con esa transición de ingredientes se le despojó al platillo del significado simbólico, y desde entonces se propició y extendió su consumo a todos los sectores de la población dejando de ser exclusivo para sacerdotes”, indica el doctor Alfonso de Jesús Jiménez.

En la actualidad, el pozole es un platillo que se ha diversificado y se prepara de distintas maneras alrededor de la república mexicana.

En el norte del país, por ejemplo, suele prepararse con un caldo con chile pasilla o guajillo, y se le agrega carne de res; en Guerrero hay una variante que incluye una mezcla de mole de pepita verde y carne de cerdo.

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No obstante, lo que no ha cambiado es el uso del maíz cacahuazintle, mismo que tenía un significado dentro de la cosmovisión de los aztecas por su color blanco; asociado con personajes como ‘Iztacmizcóatl’, la Blanca Serpiente de Nubes.

“Este anciano personaje se representaba de cabello y barba blanca siendo, al mismo tiempo, el antepasado de las tribus errantes del desierto; simboliza también la Vía Láctea y destaca sobre el fondo del cielo nocturno”, indica Jiménez.

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