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Vindicare
Vindicare. Foto de Mxcity.mx.

Te heriré por esto. Todavía no sé cómo, pero dame tiempo. 

Sabrás que la deuda estará pagada.

 (George R. R. Martin)

 

 

La etimología es una fuente de creatividad para aquellos que amamos las palabras, así que cuando vi una fotografía de una gárgola en La catedral de Friburgo de Brisgovia, me vino a la mente la palabra venganza y una sonrisa inevitable, delineo mi boca.

La palabra “venganza” deriva de “vengar”, del latín vindicare (vindicar). Vamos a desglosarla; vindex, vindic significa vengador, el que indica con fuerza. A esto le unimos La palabra vis que implica fuerza, entonces el resultado es vindicar o restaurar con  violencia. Así de plasma y expresa el deseo de compensar el daño causado por alguien.  

Si volamos a la antigüedad, el sentimiento de venganza era usado para impartir justicia y dar castigos ejemplares. Una manera de hacer un “equilibrio de emociones” entre agresor y damnificado. “Ojo por ojo, diente por diente” tan atiguo como el codigo de Hammurabi, donde se establecía que “si algún hombre independiente dañaba o vaciaba el ojo de otro hombre libre este haría lo mismo”. Este código está escrito basándose en la justicia equitativa a la que se refiere el refrán.

En la sociedad mediterránea se usaba que las familias poderosas llevarán a cabo este tipo de prácticas para resolver un conflicto familiar o económico. Pero cuando no había dinero entonces aparecían actos de esta índole, callados silenciosos, pautados casi imperceptibles. Uno de los lugares donde aparecen con frecuencia estas manifestaciones vengativas es en la arquitectura, en el arte y en la música; pero vamos primero con la gárgola que me puso a escribir.

Normalmente, estas aparecen en las fachadas de los templos góticos que se encuentran en su mayoría en Europa, se yerguen de tal manera que el agua de lluvia del techo fluye a través de sus bocas.

Pero la que captó mi atención esta en La catedral de Friburgo de Brisgovia y sostiene las manos y pies contra la pared y el agua fluye por un conducto hacia su trasero.  

Vindicare. Foto de Mi Nube.
Vindicare. Foto de Mi Nube.

Según la leyenda de la ciudad, durante la construcción, el ayuntamiento aumentó las demandas de trabajadores de piedra sin aumentar su salario. Los trabajadores de piedra hicieron el trabajo, pero colocaron esta escultura dominante frente a las ventanas del ayuntamiento. Me parece un bello ejemplo de algo que manifiesta una injusticia y que baña cada vez que llueve el espacio en forma de desquite.

Durante años creí que en México los indígenas habían hecho algo parecido en Puebla, a unos 10 kilómetros de la ciudad, en el municipio de San Pedro Cholula.

Hay una la iglesia de nombre Santa María Tonantzintla, que es uno de los templos católicos de mayor importancia histórica, que abraza el arte barroco indígena y que adorna las paredes y el techo de la iglesia del pueblo. 

Es difícil encontrar fotografías porque se prohíbe tomarlas en el interior.

Vindicare
Vindicare

Su nombre viene de las palabras en náhuatl to que significa “nuestro” o “nuestra”, nan que significa “madre”, el sufijo tzin que denota nobleza, lo que nantzin viene a significar al final de esta unión es “señora madre”, y unido a tla,  significa “junto a” o “cerca de”. Por lo tanto, Tonantzintla significa en conjunto “Lugar junto a nuestra Señora Madre”.

Construída en un estilo churrigueresco, no existe un ápice  dentro del templo donde no haya ángeles de rasgos indígenas con penachos tradicionales y prendas autóctonas, lo cual no se encuentra en ninguna otra iglesia.

Dicen que fue permitido por los franciscanos, yo me pregunto si no hubo un ápice de revancha en las caras angelicales de un pueblo sometido.

Está también el caso de Artemisia Gentileschi (1593-1653) violada, humillada y vapuleada públicamente. Entonces ella en vez de quedarse a llorar y sufrir como una víctima, se dedicó a mostrarle a todos, en una época en que la pintura era sólo para un mundo de hombres, que podía pintar también como Caravaggio. Sus cuadros parecen pintados por la mismísima mano de Michelangelo Merisi y  con su vendetta se convirtió en un referente para otros artistas.

La arquitectura islámica dio a luz a las edificaciones moriscas y estas se desarrollaron en el mundo occidental, en lugares gobernados por los musulmanes como España y Portugal, hace un par de siglos. La Catedral de la Asunción de Nuestra Señora de Córdoba es un edificio que en 2019, superó los dos millones de visitantes, siendo su récord histórico y convirtiéndolo en uno de los monumentos más visitados de España. Fue sin duda la segunda mezquita más grande del mundo después de la Meca.

Pese a la intolerancia religiosa que proyecta un profundo rechazo al islam en esta zona desde la expulsión de los arabes, la Iglesia católica poco a poco ha ido eliminando los rasgos de identidad islámica de la Mezquita, como hizo con el legado judío y sefardí en otros lugares. Aquí eliminó el nombre Mezquita de su denominación. Hoy pensar en la Mezquita de Córdoba es recordar un legado multicultural, diverso y rico intelectualmente. Es pensar en miles de científicos y filósofos Andaluces; en las múltiples escuelas del judaísmo, el islam, el cristianismo y también en agnósticos ilustres, que se pusieron sus pies en ella para difundir sus ideas. Sin embargo las piedras se imponen con su legado sefardí, dejando en forma de ajuste un mensaje de unión y de común unión.

El significado de esta palabra  tiene un linaje antiguo y se ha mantenido durante la evolución del ser humano para responder a las amenazas y hacer daño mediante una represalia agresiva. Pero también encuentra una amarga dulzura, cuando esta se usa para dejar un mensaje, una huella de una injusticia o se transforma en algo más en pedazos de lienzos, en esculturas, pinturas y en otras manifestaciones. 

Por DZ

Claudia Gómez

Twitter: @claudia56044195