Se llamaba Rosa
Rosa Luxemburgo. Foto: DZ- El Viejo Topo.

Cuando hay un vencedor, siempre será éste quien teja, desde su mirada, la historia, y en ello se lleva la riqueza de aportaciones, de contribuciones que forjan las bases de mucho de lo que después se construye, y que queda borrado el auto, porque no conviene o como una muestra de poder.

Cuando se habla de las aportaciones que las mujeres han hecho, sobre todo en siglos pasados encontramos pocas, a veces logran escabullirse del férreo sistema patriarcal en el que la mayor parte del mundo se ha anclado, y encontramos las que se hicieron pasar por hombres, las que en silencio dejaron su legado, y las aguerridas que se vieron de frente con la muerte entre otras.

Si hablamos del progreso que ha asentado las bases para tratar la desigualdad, uno de los grupos que me vienen a la mente es el del feminismo, pero mi mirada de inmediato se tiñe con el nombre de Mary Wollstonecraft en el siglo XVIII, y con los pies en Inglaterra como lugar de origen.

“QUIEN NO SE MUEVE, NO SIENTE LAS CADENAS”

Rosa de Luxemburgo

Justo cuando leo algo que llama mi atención, pienso que las frases se me aparecen, tengo la loca idea de que así es. Dentro mio brota como una rafaga, una curiosidad que es más fuerte que la sed. Así comienzan a abarrotarse las preguntas y comienza la aventura de averiguar.

¿Quién era? ¿Qué quiso decir? ¿De dónde proviene esta idea? ¿Significa lo que yo pienso que quiso expresar?

Al comenzar a escudriñar aquí y allá, sobre de quién es esta frase que me ha revolcado, me doy cuenta que al comenzar a conocerla, fue su espíritu rebelde lo que más me atrajo de ella. Yo me considero alguien profundamente indócil. Una desobediente que impulsa la idea de que, si en eso que creo ya no me sostiene, me da la pauta para encontrar algo que sí lo haga.

Resulta que Rosa Luxemburgo fue una mujer nacida en 1871 quien apenas vivió 48 años, y cuya vida se asienta junto a la de los fundadores de la corriente de pensamiento del socialismo democrático.

Su corta vida me genera un agradecimiento profundo, pues gracias a sus ideas, a su actuar rebelde, hoy muchas de las mujeres gozamos de privilegios que nos fueron negados durante siglos.

Vio la luz por primera vez en la pequeña aldea de Zamosc, en la zona ruso-polaca de Lublin: fue recibida en una casa llena de risas y llantos, poblada por cuatro hermanos más. El mundo la acunó con las creencias judías, pues una tercera parte de la población de esa zona lo era, dominados en ese entonces por la Rusia zarista. Su padre: un comerciante judío de Varsovia.

¿Se nace brillante? Si fuera el caso, ella lo era, y eso le permitió ir en contra de los los prejuicios que imperaban contra las mujeres, a la discriminación antisemita y pudo estudiar. A los 18 años, abandonó Polonia a consecuencia de la persecución de la policía, debido a su militancia como una de las principales dirigentes de la socialdemocracia europea, y se refugió en Suiza, país que le permitió hacer estudios de filosofía, historia, política, economía y matemáticas de forma simultánea. Llegó a doctorarse en una época en que muy pocas mujeres iban a la universidad.

Mientras hundía su mente en los laberintos del conocimiento, tuvo la oportunidad de conocer a exiliados políticos, y se unió a la dirección del joven Partido Socialdemócrata Polaco, para adquirir la nacionalidad alemana y poder trabajar con el movimiento obrero en ese país, contrajo matrimonio en 1895 con Gustav Lübeck .

Junto al político alemán Karl Liebknecht, fundó la liga de Spartacus, que más adelante se convertiría en el Partido Comunista Alemán. Fue redactora del periódico teórico Neue Zeit y autora de varios libros. Y fue justo su voz, la que imprimió en sus escritos, la que la llevó a prisión, viviendo la mayor parte de la I Guerra Mundial enclaustrada tras barrotes, a la sombra, con un sostenido tour de prisiones entre Alemania y Polonia. ¿La sentencia? “insultar al Kaiser”, el emperador Guillermo II, diciendo: “no tiene ni idea de cómo viven los obreros” entre otras cosas.

Al salir, la cárcel no la ablandó, por el contrario, su fervor político y búsqueda de igualdad, la llevó a participar directamente en la revolución de 1905 en Polonia, y nuevamente a ser arrestada y encarcelada en Varsovia. Al tocar la calle nuevamente, ahora cobró más fuerza, participando activamente en el Congreso del Partido Socialdemócrata alemán en 1906, y el Congreso Socialista Internacional, celebrado en Stuttgart un año después. Su voz representaba el pensamiento a las opciones más radicales en el seno de la II Internacional, llevando la insignia del partido ruso y polaco.

Cuando leo esto no puedo más que admirarla entendiendo que el pensamiento radical que la acompañó, era sostenido por su experiencia, por el momento histórico y por las creencias de hace dos siglos.

Es importante mencionar su lucha interna dentro de los partidos por ser mujer, las horas de discusiones acaloradas con muchos de sus congéneres sobre el lugar del sexo femenino en estos espacios y lo logró, se fincó ese reconocimeinto.

Fue una gran teórica, dando aportes a las relaciones entre nacionalismo y socialismo, sobre el socialismo democrático, relativas al imperialismo y la idea del derrumbe del capitalismo. Plasmó con fuerza en cada letra, su manera de pensar en su obra La acumulación del capital de 1913.

No puedo imaginar a una mujer batiéndose en contra de la fuerza de lo establecido, al grado de saber que aunque podía ser nuevamente encerrada, sus ideas eran suficientemente importantes como para no acallarlas. Incluso se atrevió a criticar a Marx, ya que éste pensaba que el capitalismo, como sistema económico y político basado en el crecimiento y la búsqueda constante del beneficio, debía colapsar en algún momento, por saturación. Pero la historia mostraría lo contrario, décadas después de su muerte, las crisis periódicas del capitalismo parecían aplazarse o solventarse sin producir convulsiones en el sistema.

Ella encontró la explicación a este hecho en el colonialismo, hallando que el crecimiento de las potencias capitalistas habían encontrado una vía de expansión en las colonias, las cuales, al tiempo que procuraban materias primas a muy bajo costo, servían también de mercado donde colocar los productos manufacturados.

En un escrito que hice sobre el henequén, en el estado de Yucatán en Mexico, es justo lo que ahí menciono: pues fue la esclavitud como fuente de mano de obra, lo que permitió que entraramos de lleno a la era del consumo y del homus laborans, creando un imperio mucho más poderoso que cualquiera que la humanidad pudiera imaginar; que hoy aqueja y es origen de nuestro devenir cotidiano. Un imperio llamado Globalización que tiene por soberano a los mercados, principio de la economía que hoy nos sostiene.

Expuso las primeras teorías sobre los orígenes del imperialismo, que sigue explicando el proceso de saqueo y exterminio al que están sometidas las poblaciones en América Latina. Quién lo hubiera pensado, el mismo Lenin fue abrazado por estas ideas. En un mundo con un patriarcado tan poderoso, no me genera sorpresa que en los libros de historia, al menos de los que yo pude echar mano mientras estudiaba, el nombre de Rosa nunca apareció.

Mientras difundió centenares de miles de folletos para movilizar a la población contra la guerra, ella y el socialista francés Jean Jaurès propusieron que, en el caso de que estallara la guerra, los partidos obreros de Europa debían declarar la huelga general y se dedicó con ahínco a ello, generando tal revuelo que nuevamente fue arrestada; ahora acusada de incitar a los soldados a la rebelión y por la propaganda antibélica que repartía.

Incansable, ante la Revolución Rusa de Octubre de 1917 discutió con Lenin, entre otros puntos, que “la revolución proletaria no necesita el terror y que abominaba el asesinato”. Su tenaz oposición contra la Primera Guerra Mundial que le valió la cárcel, no constituyó obstáculo para seguir difundiendo su pensamiento a través de libros que escribió estando en prisión. Además de su prominente carrera política, fue tejiendo un pensamiento feminista y con ardor defendio el derecho de las mujeres alemanas al voto, a la autonomía de éstas frente al aparato político represor de aquella época. Marcando con mucha claridad, lo que para ella era la diferencia entre la vida de las mujeres de la clase obrera europea, y aquellas que vivían en Manhattan o Londres.

Las ideas son un mechero para unir fuerzas y encontrar el camino para derrocar lo que sofoca. Se alimentan del “ya no hay nada más que perder”; entonces al escuchar el planteamiento de cosas diferentes, que como idea pudieran generar una manera mejor de vivir, van siendo las semillas para los cambios de paradigmas, y los planteamientos de esta forma de pensar.

En su voz, su pensamiento permeó la tierra y en 1918, brotó generando vientos de revolución en Alemania, cuyas fuerzas de izquierda miraban hacia el ejemplo ruso, cuya población estaba cansada de ver morir a sus jóvenes y de sufrir el dolor de la guerra.

Las huelgas acompañaron esa época y la represión como respuesta fue tensando cada vez más el ánimo, mientras Rosa es encarcelada nuevamente conjuntamente con otros militantes; el emperador Guillermo II abdica.

Al salir, coedita “Bandera Roja” en Berlín y en los últimos días del año 1918, participa en la fundación del Partido Comunista Alemán, KPD. Si no puedes acallar la voz amedrentando, torturando y encarcelando, entonces lo que sigue es la muerte; así, el 15 de enero de 1919, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht son asesinados en Berlín por los soldados que reprimen el levantamiento; sus cuerpos arrojados a un canal.

Las brotes que dejaron sus ideas cuando encuentran suelo fértil son difíciles de acallar; sus asesinatos desatan una ola de protestas violentas en todo el país, que se extienden hasta mayo de 1919, y cuya represión militar lleva a varios miles de muertos.

Su historia me deja perpleja, me llena nuevamente de esta necesidad que tengo de buscar los cómos SÍ, para tejernos de nuevo. Será que escribir y replantearme una y otra vez, desmenuzando lo que escucho, lo que leo; me vaya impulsando para generar esos cambios que comienzan conmigo, para poder ponerlos afuera.

Soy de las que necesita héroes, seres que me muevan, que me hagan cuestionarme, que me saquen del letargo que a veces me inunda. Acaso después de conocer la vida de alguien como ella, que se puede o no estar de acuerdo con sus planteamientos, puede uno salir a lo cotidiano distinto. Al menos a mí me pasa.

Por DZ

Claudia Gómez

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