Sanctus Germanus
Sanctus Germanus. Foto: WikiCommons.

Los personajes entintados de misterio, aquellos a los que revestimos de colores sobrenaturales, los que traspasan los anales de la historia ensalzados de anécdotas; son mi debilidad. Me apasiona escudriñar sus leyendas, me divierte imaginar cómo se van tejiendo con hilos de fantasía y magia los símbolos que forjan su existencia.

Son como una pócima en un laboratorio de alquimia, un poco de polvos de sobrenatural, otro de alas de liderazgo, de patas de perfección, un ojo de erudición y sí, porque no, tienen en sus casas los colmillos de los dragones cazados, de las colas de las sirenas y pedazos de piel de los calamares gigantes de esos que miden veinte metros.

Es un gozo escuchar los cuentos populares que se achican o se agrandan según quien lo narra. Me genera una curiosidad profunda conocer cómo eran y cómo llegan a nuestros días, sabiendo que los cubre un halo de incredulidad por parte de algunos y de certeza por parte de otros.

Así aparece el velo que cubre la historia de Sanctus Germanus, “Santo Hermano” un sobrenombre que proviene del latín y que viste al famoso Conde de Saint Germain. Un célebre personaje cuya existencia es severamente discutida y misteriosa.

¿Será que nació por ahí de 1696? Si es verdad que sí, entonces su alumbramiento tuvo lugar en un castillo de los montes Cárpatos y fue hijo del último príncipe de Transilvania, Francisco Rákóczi II, y su primera esposa Teleky como afirman algunas fuentes.

Entre almohadas mullidas y ropas de seda, creció distinguido y con un misterioso encanto. Las mujeres lo abordaban por su gran elegancia y atractivo y poco les importaba el origen de su fortuna, su nacionalidad o si tenía esposa e hijos.

Fue conocido como el Maestro Ray Sol, y durante el siglo XVII dio mucho de qué hablar en Europa. Siendo hijo de la nobleza tenía llave para las puertas de las cortes europeas, donde se codeaba con la alta aristocracia y sus correspondientes reyes. Se ganó un prestigio por su gran erudición, sus aptitudes y sus extraordinarios poderes.

Pedro el Grande y Catalina de Rusia lo invitaban a sus fiestas y el presto se presentaba con sus mejores galas. Se quedaba poco tiempo en un lugar y se cuenta que cuando se cansaba de Europa emprendía viajes por el Tíbet, África o Turquía.

Hay algunos “testimonios” de la época que lo ubicaban por ahí de 1740, en los eventos más destacados de Viena. ¿testimonios, entre comillas? si, pues la fidelidad de éstos, siempre se cuestiona.

Esta ley de propaganda atribuida al nazi Joseph Goebbles dice:
“Repite una mentira con suficiente frecuencia y se convierte en verdad.” Por lo que se mezcla la leyenda, los anhelos, las necesidades y se juntan para crear una verdad.
Existen cientos de anécdotas escritas sobre él y hay una que lo coloca a finales de 1745, acusado de apoyar la causa de los Estuardo. Se supone que en una carta oficial, en la que se relata el arresto se dice de “un hombre extraño que se hace llamar conde de Saint Germain; no dice a nadie quién es, ni de dónde viene. Admite que éste no es su verdadero nombre. Canta y toca el violín magníficamente; está loco”.
¿Cómo fue liberado? Esto no se sabe, era un extraordinario escapista y el uso de múltiples personalidades, lo ayudan a aparecer más tarde en otros lugares como en Versalles, donde se hace amigo de Luis XV de Francia. En 1760 el Rey le envió a La Haya como representante personal, a fin de negociar un préstamo con Austria, para la guerra contra Inglaterra.
Empresa no exitosa, ya que se enfrentó a su amigo Cassanova y el duque de Choiseul, ministro de Asuntos Exteriores del Rey Luis, quien lo acusó de conspiración contra Francia, lo que le precipitó a huir.

Bajo el nombre de “Conde de Surmont”, aparece en Holanda. Se hizo nuevamente de un renombre y amasó una gran fortuna vendiendo ungüentos, pócimas y preparados para combatir cualquier mal. Se contaba que sus remedios combatían incluso a la muerte. Estos mágicos menjurjes en busca de la juventud eterna y del desafío a la muerte, generan, fortunas inimaginables .

Timador y conspirador, eran palabras que lo acompañaban allá a donde fuera, pero también se cuenta que su nombre, ahora el de “general Welldone”, lo llevó a ser nombrado consejero del conde Alexéi Orlov, jefe de las Fuerzas imperiales rusas.

Al parecer él fue un eslabón importante, para las causas que precipitaron que el ejército ruso colocara en el trono a Catalina la Grande, debido a su natural disposición para la diplomacia.

En Núremberg bajo el nombre de “Príncipe Rakoczy” aparece con la intención de instalar otro laboratorio.

Francia, Austria, Alemania y tantos otros países lo vieron desfilar. Era un políglota inigualable hablando a la perfección el francés, portugués, alemán, ruso, inglés, italiano, chino, árabe e incluso sánscrito. Usando distintos nombres, apuraba a cubrir de humo, los desgarros de sus infortunios en algún lugar.

Se le conocía por sus ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad perteneciendo a la francmasonería. Contaba con vastos conocimientos sobre política, artes, ciencias, poesía, medicina, química, música y pintura. Y esta elegancia, diplomacia e inteligencia, le granjeó numerosos aliados en toda Europa.

Realmente comenzó a hacerse fama, cuando al parecer, sanó contra todo pronóstico, al mariscal francés Belle Isle herido de gravedad en Alemania. Agradecido lo llevó a París, donde puso a su disposición un laboratorio y fue donde comenzó a forjarse su leyenda.

Se aseguraba que el Conde tenía más de cien años, con aspecto radiante de juventud, aparentando apenas unos cuarenta. Así se volvió merecedor del título del “inmortal” Conde de Saint Germain.

La leyenda urbana corrió como polvorín dejando todo tipo de rumores sobre él en los caminos. Éste era el hombre que había estado presente, incluso, en las fiestas de las bodas de Caná. ¿No creen que es bellísimo? El hombre tendría hoy más de dos mil y pico de años .
Nunca llevaba dinero, sino diamantes como forma de pago. Dejó tras de sí, su obra más grande “El Libro de Oro de Saint Germain.”

Que misterio, y que incertidumbre me produce su existencia, será que en verdad fue uno de los principales incentivadores del movimiento de los rosacruces. Incluso hay quien afirma que era el propio Christian Rosenkreuz, y por qué no, que fue el filósofo y científico inglés Francis Bacon. ¿Perteneció a la “Trilogía Illuminati”?. Se afirma que Saint Germain, George Washington y Adam Wiishaup (Fundador de la Orden Illuminati en Baviera) eran las mismas personas. Algunos afirman que tienen un parecido asombroso.

Unos documentos parisinos muestran que el conde de Saint Germain, murió el 27 de febrero de 1784 en el castillo de Eckenförde, de su último mecenas, el príncipe Carlos de Hesse-Cassel.

Éste erigió un monumento con esta inscripción: “aquel que se hacía llamar Conde de Saint Germain, y del que no hay otras informaciones, ha sido enterrado en esta iglesia”.

Si es verdad que existió sería extraordinario ver en la lápida sus otros yo: “Marqués de Montferrat”, “Marqués de Aymar”, “Conde de Belmar”, de “Saltykov”, de “Welldone”, de “Monte Cristo” y de “Saint Germain”, “Caballero de Schoening”, “Monsieur Surmont”, “Zanonni” y “Príncipe Rakoczy”.

La leyenda del conde “inmortal” sobrevivió a su muerte, y de esta forma, en estos dos últimos siglos han afirmado haber visto al escurridizo y misterioso Saint Germain caminando con elegancia por las calles de París, haciendo alarde de su poder de bilocación, ese que coloca a una persona en distintas partes.

“Yo soy el sendero” y “Yo soy la mágica presencia” son frases que acompañan a sus seguidores, muchos que lo alaban como maestro ascendido y van repitiendo sus enseñanzas. Algunos textos de la Literatura Hermética, dicen que nuestro personaje es tan antiguo como el mismo Hermes Trimegisto, (el tres veces grande); que es sincrética figura del dios griego Hermes y el egipcio Tot.

Para algunos teóricos ocultistas era un sabio —¡Saint Germain-Hermes Trimegisto!—, que habría creado en Egipto los principios de la alquimia, pronosticó el advenimiento de Cristo y descubrió los secretos del breve y poderoso texto que constituye la “Tabla Esmeralda”.

Por DZ

Claudia Gómez

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