Dieta baja en emisiones


Dieta baja en emisiones

Dieta baja en emisiones.

Sabemos que el uso de servicios como el transporte, la electricidad y el agua, contamina. Pero ¿sabemos cuánto contaminamos para comer? ¿Y si nos dijeran que es una de las industrias que más genera emisiones de gases de efecto invernadero y contribuye a la pérdida de la biodiversidad?

El sistema alimentario actual es insostenible, según el informe “Planeta Vivo” de 2016, publicado por la WWF. “Casi el 80 por ciento de los terrenos agrícolas se destina al ganado para producir carne y lácteos. Sin embargo, estos productos animales suministran apenas el 33% de las proteínas que consumen los seres humanos en el mundo”.

El informe también sostiene que “la agricultura ocupa el 34 por ciento del área de tierra del Planeta, es responsable del 69% de las extracciones de agua dulce y, junto con el resto del sistema alimentario, genera casi la tercera parte de las emisiones de gases de efecto invernadero”.

Está en nosotros decidir si lo que comemos refleja el mundo en el que queremos vivir. ¿Estaríamos dispuestos a cambiar nuestros hábitos y hacer una dieta baja en emisiones?

Cuando hablamos de cambiar la dieta, no es tan sencillo como hablar de cambiar el medio de transporte, o el foco de la cocina: hablamos de un hábito que está vinculado con nuestra salud.

La comida no solo representa nuestro combustible: está relacionada con nuestra historia, nuestras raíces, las emociones que despierta, lo que está disponible en el mercado, el tiempo del que disponemos para alimentarnos, el valor del alimento y hasta el estatus social.

Todas estas variables hacen que sea difícil abordar el tema de la comida. ¿Cuál es la dieta correcta? ¿De dónde obtengo todos los nutrientes? ¿Qué productos son buenos o malos? ¿Qué es un superfood? Entre otras.

Durante más de 40 años, T. Colin Campbell y su equipo se han dedicado a la investigación de la nutrición y sus efectos en el cuerpo humano. Actualmente, dirige el Centro de Estudios para la Nutrición, donde promueve una dieta basada en plantas, alimentos enteros y baja en grasas. Una dieta que no solo es buena para la salud, sino también para el medio ambiente.

La situación ambiental suena muy preocupante, y lo es, pero la buena noticia es que podemos empezar a cambiar nuestros hábitos y con ello favorecer el desarrollo del planeta e incluso mejorar nuestra propia salud.

A continuación algunos consejos para probar una dieta baja en emisiones.

Compra lo que te vayas a comer y lo que te sobre ¡hazlo composta!

“Todo el tiempo deberíamos acordarnos que detrás de un producto, hay un productor, y que cuando desperdiciamos una manzana, es el trabajo del productor que se va a la basura,” nos comparte Bruno Pison, experto en alimentación sustentable. “Un ciclo normal de una manzana comienza en el árbol del productor. Después, se cosecha, se transporta, y se consume. Las cáscaras deberían regresar a la tierra haciendo composta, y así, se abona la tierra, para que crezca un nuevo árbol de manzana” explica Pison.

La comida que desperdiciamos genera emisiones de metano que se liberan a la atmósfera. Mucha de la materia orgánica termina en vertederos no controlados donde ocurre una lenta descomposición anaeróbica que libera metano, un gas de efecto invernadero que puede llegar a ser hasta 86 veces más potente que el dióxido de carbono, según el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (PICC).

  • Haz el esfuerzo de utilizar el alimento que tienes antes de comprar más.
  • Encuentra maneras creativas de aprovechar los alimentos maduros: congela frutas, utilízalas en jugos, smoothies, panqués.
  • Cuando salgas a comer, pide solo lo que vas a comer y lo que sobre para llevar.
  • Compra una caja de lombricomposta. Puedes hacer la composta en casa, investigar sobre centros de compostaje en tu zona o sumarte a algún programa de recolección y tratamiento de residuos orgánicos.
  • Lee el artículo publicado en nuestra edición anterior “De desechos a recursos”, en donde explicamos cómo hacer tu propia composta.

Consume alimentos locales y de temporada

Estamos acostumbrados a tener a nuestro alcance comida que proviene de todo el mundo, sin tomar en cuenta la temporada. Es un lujo y una ventaja, pero al mismo tiempo, tiene costos altísimos. Comer los alimentos de temporada y disponibles en la región reduce significativamente nuestra huella de carbono.

También significa que es más probable que estés comiendo alimentos enteros, no procesados, más frescos, ricos e incluso más nutritivos que la comida elegida en función de su capacidad para soportar el transporte de larga distancia.

Los alimentos locales no necesariamente contaminan menos (origen animal vs origen vegetal), pero estar conscientes de las temporadas sí significa que se está participando en el sistema alimentario de una manera activa, al considerar el lugar de donde proviene nuestra comida.

  • Aprende sobre los alimentos que crecen en tu región y cuándo, e incorpora estos alimentos en tu menú.
  • Visita los mercados locales y compra las frutas y verduras que los agricultores están vendiendo.
  • Acércate a huertos locales y habla con los huerteros, ellos te sabrán aconsejar y ¡podrás incluso cosechar tus hortalizas en alguno de ellos!

Reduce el consumo de productos de origen animal

El sector ganadero es el que genera más gases de efecto invernadero: un 18% más de dióxido de carbono que el sector de transporte. También es una de las principales causas del cambio climático, degradación de las tierras, deforestación, contaminación atmosférica, agua, y pérdida de biodiversidad, según el informe “Livestock’s Long Shadow” de la FAO.

Todo el ganado tiene una huella de carbono, pero los animales rumiantes (ganado, cabra, oveja, bisonte) liberan la mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero. Los rumiantes tienen un sistema digestivo único que constantemente genera metano.

La carne también está asociada a las emisiones de gases de efecto invernadero gracias a la producción de los cultivos utilizados para la alimentación animal, su dependencia del agua, así como la deforestación y el uso del suelo. Dentro de este sector, se incluye tanto el ganado para el consumo de carne como el ganado para la producción de lácteos.

  • Puedes empezar por un lunes sin carne ni lácteos e ir sumando más días a la semana. Esta dieta será favorable para el medio ambiente, para tu cuerpo y para los animales de la industria ganadera.
  • Cuando salgas a comer, opta por menús a base de plantas, no la simple ensalada, sino platillos llenos de nutrientes.
  • Experimenta en casa, desde comprar vegetales en el supermercado que nunca sueles adquirir hasta comprarte un libro de cocina basado en plantas.
  • Si realmente estás interesado en optar por un camino de una dieta basada en plantas, asesórate con un nutriólogo o alguna persona certificada.
  • Consulta el Centro de Estudios de Nutrición de T. Colin Campbell, el Centro de Estudios de Nutrición de Neil Barnard y la página del documental Forks Over Knives.

Compra orgánico y evita alimentos procesados

Tenemos tendencia a caer en el “packaging”, esto es, enamorarnos de los empaques más de lo que traen dentro. Los alimentos que suelen venir en empaque son los procesados, aquellos que tuvieron que pasar por varios procesos industriales para llegar a su estadio final.

Estos procesos implican un gasto de energía y a su vez, si son alimentos, suelen ser productos pobres en nutrientes y ricos en calorías. El procesamiento más el empaque implican un gran aumento de emisiones de carbono de ese producto.

En el 2015, la Organización Mundial de Salud avaló el estudio “European Code against Cancer 4th Edition: Diet and Cáncer” publicado por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (AIIC), que indica que el consumo de embutidos y de carne roja aumenta el riesgo de desarrollo de células cancerígenas en los seres humanos. En algunos países como Australia, el seguro de salud para vegetarianos es un 20% más barato, porque según estudios, los vegetarianos tienden a tener una expectativa de vida mayor y a padecer de menor enfermedades crónicas.

  • Opta por alimentos enteros como frutas y nueces para snacks en vez de dulces procesados, y en lugar de papas fritas, puedes comer zanahorias y hummus, jícama, pepino y zanahoria con chile, etc.
  • Cocina tus alimentos desde cero, será más trabajo, pero es tanto un ahorro económico para ti como un ahorro de emisiones para el planeta. En vez de comprar el hummus prepáralo tú, en vez de comprar “zanahorias baby” compra zanahorias normales y córtalas en pedacitos tú.
  • Elige la alternativa menos procesada, especialmente cuando se trata de granos. Por ejemplo, el arroz integral no se procesa; en cambio, el arroz blanco se ha procesado para quitar el salvado nutritivo.
  • Si vas a comer procesado, elije productos con la menor cantidad de ingredientes, por ejemplo, un chocolate que contenga no más que cacao, mantequilla de cacao y azú- car. Sin químicos ni agregados será mejor para tu salud y para el medio ambiente.
  • Compra a granel, lleva tus recipientes y ahorra también las bolsas y los envases.

“Tenemos que empezar a pensar en qué le estamos haciendo al planeta con nuestros hábitos de consumo. No solo hay que hacerlo por una cuestión de salud: es también para reducir el impacto ambiental y proteger nuestros ecosistemas”, admitió en entrevista Johan Rockström, profesor de Ciencia Ambiental de la Universidad de Estocolmo.

Sabemos que es difícil, vivimos en la era de lo inmediato, queremos todo y lo queremos ahora. Sin embargo, puede que lo más urgente que estemos viviendo es el deterioro de nuestra salud y la aceleración del cambio climático.

Cuando consumimos votamos. Cada vez que compramos algo estamos votando por ese producto, por lo que contiene y nos aporta y por todo lo que implicó para que llegue a nosotros. Estamos aprobando que se siga produciendo de esa manera. Todos los días, en cada acción, nuestro voto tiene un impacto. Y cuando sumamos todos los votos que todos hacemos cada día, estamos construyendo el mundo en el que queremos vivir.

Texto por: Florencia Gallino y Monica Lafon
Fotos por: Alejandra Quintana y Archivo Sitopia

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