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Chakana
Chakana. Foto: El Universo.

Así en cada rincón de los Andes, resonando en cada corazón,

la Chakana es poesía, es canto, es canción.

En sus líneas entrelazadas, hallamos la conexión,

con la tierra, con el cielo, en sagrada comunión.

Me he quedado pensativa; las cosas de las escribo son fruto de lo mucho que he aprendido de otros. De la experiencia que aquellos que estuvieron antes de mi, dejaron. Pero sobre todo del dolor que produce el errar el blanco, el creer en algo y luego descubrir que eso ya no se sostiene.

Escuche hoy cuando alguien preguntó “¿Investigaste sobre lo que escribiste?  “NO, es fruto de mi intuición y de la información que guardo en mi inconsciente”, sin duda su respuesta me generó un cuestionamiento interno. ¿Será que me pasa lo mismo? ¿Qué no puedo agradecer o ser lo suficientemente capaz como para darme cuenta que lo que plasmo en mis escritos, es solo la suma de la energía en forma de ideas transgeneracionales?

El cuestionamiento hace que me embriague una sensación de paz, y brota de lo más profundo un Sí. Cada letra que se hila sobre lo que escribo, es un tejido donde intervienen muchos y a cada uno rindo una alabanza de esas que se profesan con la mano en el corazón.

Quería comenzar así antes de hablar de un símbolo que uso mucho en mi trabajo como psicoterapeuta.

La primera vez que escuché sobre la cruz chakana fue de uno de los mejores maestros que he tenido; Roberto A. Perez un argentino que además de ser Filósofo y abogado abrió mi mundo, regalándome una mirada sobre de lo intangible, sobre aquello que habita en el mundo de las ideas que yo no conocía.

Así en el camino a Santiago en el 2016, me habló de La Chakana o cruz andina y me sorprendió que fuera un símbolo milenario de los pueblos nativos de Sudamérica. Una cruz escalonada que se compone de brazos iguales indicando los puntos cardinales del compás y un cuadrado superpuesto.

Hoy este símbolo ha entrado en la modernidad abandonando su riqueza, su simbolismo, convirtiéndose en objetos de  artesanías, joyería y prendas de vestir que se venden a los turistas que poco les importa todo el conocimiento que encierra.

Por detrás de los puestos de mercancías (chinas en muchos casos),  está lo que se considera el diseño geométrico, sagrado y más completo de los Incas. Tradicionalmente, la Chakana representa la constelación de la Cruz del Sur que se encuentra en el hemisferio sur.

Según la opinión de los antiguos pobladores andinos, este era el centro del Universo y era fácil de encontrar cuando miraban al cielo por la noche. Su forma geométrica resultó de la observación astronómica y la creación de explicaciones que tocaban una narrativa que acompañaba la magia, para ellos los antiguos hombres “llevaron el cielo a la tierra” y lo representaron con este símbolo que encierra componentes contrapuestos que explican una visión del universo. Ahí están  representados lo masculino y lo femenino, el cielo y la tierra, el arriba y el abajo, energía y materia, tiempo y espacio.

La forma de la chakana encierra en su geometría el concepto de el número Pi. Indica también las cuatro estaciones del año y marca los tiempos de siembra y cosecha. Algunos pueblos andinos celebran el día 3 de mayo como el día de la chacana, porque en este día, la Cruz del Sur asume la forma astronómica de una cruz perfecta y es señal del tiempo de cosecha. Fue venerada por los antiguos habitantes del Perú y, hasta hoy se mantiene la tradición de pensar que protege los cultivos marcando el área cultivada con diversas chakanas.

El círculo en el centro de la cruz simboliza el concepto de lo divino, el sol, la eternidad y la totalidad. Puede representar la conexión con lo trascendental y la espiritualidad según la parte del mundo Andino donde uno se encuentre.

La disposición simétrica de la cruz sugiere equilibrio y armonía en la vida. Buscar mantenerlos entre los diferentes aspectos de la existencia, donde entra el mundo espiritual y el terrenal, es el camino. La interconexión de todas las cosas en el universo, es prueba de que todo está interrelacionado y que los seres humanos estamos conectados con la naturaleza y lo divino.  Si es verdad que es una guía espiritual que ayuda a las personas a encontrar su camino en la vida y a comprender su lugar en el cosmos, entonces quizá lo que he ido integrando de lo que me fue transmitido de forma oral, tiene algo que lo sostiene.

Roberto me enseñó que  cada esquina de la cruz era un miedo que había que afrontar para ir transformando la vida en ese espacio que se trasciende y que la experiencia se convierta en la posibilidad de compartirlo con otros. Si el trabajo de cada uno de estos es de 7 años, al final de la vida “cambiarás por el sendero que te llevará a  convertirte en sabio, en vez de terminar tus últimas jornadas con cara de indigestión”.

Desde luego el miedo a la muerte estaría en la base de esta cruz, fiel compañera en forma de guadaña que paraliza y más si a esta se le acompaña de cuentos tenebrosos e historias desgarradoras. Sin duda hay culturas que tienen una forma más sana de afrontarla que otras.  Los primeros años el miedo al abandono, forma parte de la construcción de la personalidad, todos le tememos porque al ser tan chicos; solos no sobreviviremos. De ahí en adelante cada paciente va encontrando el orden de sus temores hasta la edad que tienen y después los que creen que aparecerán. Poder verlo, sentirlo y expresarlo, forma parte del trabajo terapéutico.

Sin duda el miedo al rechazo, a la humillación, a la enfermedad, al dolor, a lo desconocido, son parte de los muchos otros que cada ser humano según su carácter y entorno experimenta.  las cicatrices que estos dejan nos acompañarán a lo largo de nuestra existencia.

Este aprendizaje no he podido sustentarlo en ningún lado, pues los simbolismos de la cruz son muchos y tantas veces se contradicen unos con otros.

Lo que he aprendido es que esto permite a otros trabajar en su mundo emocional, entonces es suficiente como para darle crédito aunque no pueda sostenerlo en ningúna investigación.

La cruz además de parecerme bellísima, se convierte para mí en un catalizador hacia mis raíces Incas.

Gracias, Gracias Roberto por tanto, por tantísimo.

Por DZ

Claudia Gómez

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