Besos románticos importados del Este pudieron extender el herpes labial en Europa
Beso. Foto de Alejandra Quiroz / Unsplash

La cepa del virus que está detrás del herpes facial y labial tal y como lo conocemos surgió hace unos 5 mil años y, según un nuevo estudio, la posterior expansión de esta infección en Europa pudo coincidir con la llegada de una práctica cultural nueva importada de Oriente: los besos románticos y sexuales.

Los resultados de la investigación dirigida por la Universidad de Cambridge se publican en la revista Science Advances y los investigadores lograron, primero, descubrir genomas antiguos del virus del herpes (VHS 1) y, después, secuenciarlos por primera vez.

Los autores recuerdan que las últimas investigaciones sugieren que la cepa del virus VHS-1 detrás del herpes facial tal y como lo conocemos hoy surgió hace unos 5 mil años. Posiblemente el aumento de las transmisiones permitió que esta se impusiera a todas las demás.

No obstante, describe un comunicado de la citada universidad, el herpes tiene una historia que se remonta a millones de años, y las formas del virus infectan a especies que van desde los murciélagos hasta los corales.

“El mundo ha observado cómo el COVID-19 muta a un ritmo rápido durante semanas y meses. Un virus como el herpes evoluciona en una escala de tiempo mucho mayor”, afirma Charlotte Houldcroft, coautora del estudio y miembro del departamento de Genética de Cambridge.

El herpes facial se esconde en su huésped de por vida y solo se transmite por contacto directo, por lo que las mutaciones se producen lentamente a lo largo de siglos y milenios.

“Tenemos que hacer investigaciones profundas en el tiempo para entender cómo evolucionan los virus de ADN como este”, afirma la investigadora, que agrega que “anteriormente los datos genéticos del herpes solo se remontaban a 1925”.

Sin embargo, a pesar de su prevalencia actual, los ejemplos antiguos de VHS-1 fueron sorprendentemente difíciles de encontrar.

Tras examinar muestras de ADN antiguas de unos 3 mil hallazgos arqueológicos, el equipo consiguió localizar el herpes en los restos de cuatro individuos a lo largo de un período de mil años (del siglo VII al XVII), y extraer el ADN viral de las raíces de los dientes.

El herpes, detallan los autores, suele brotar con infecciones bucales: al menos dos de los cadáveres antiguos padecían enfermedades de las encías y un tercero fumaba tabaco.

Al comparar el ADN antiguo con las muestras de herpes del siglo XX, el equipo pudo analizar las diferencias y estimar una tasa de mutación y, por consiguiente, una cronología de la evolución del virus.

“Todas las especies de primates tienen una forma de herpes, por lo que suponemos que ha estado con nosotros desde que nuestra propia especie salió de África”, apunta Christiana Scheib, otra de las autoras.

“Sin embargo, algo ocurrió hace unos cinco mil años que permitió que una cepa se impusiera a todas las demás, posiblemente un aumento de las transmisiones que podría haber estado relacionado con los besos”.

Los investigadores señalan que el primer registro conocido de besos es un manuscrito de la Edad de Bronce del sur de Asia, que sugiere que la costumbre -que distaba de ser universal en las culturas humanas- pudo haber viajado hacia el oeste con las migraciones a Europa desde Eurasia.

De hecho, siglos más tarde, el emperador romano Tiberio intentó prohibir los besos en los actos oficiales para evitar la propagación de enfermedades, un decreto que podría estar relacionado con el herpes, apuntan.

Con información de EFE