Beatificación del padre Rutilio Grande, un reconocimiento a catequistas asesinados
Un hombre camina frente a un cuadro en homenaje al padre Rutilio Grande en El Paisnal, El Salvador. Foto de EFE/ Rodrigo Sura.

La beatificación del padre jesuita Rutilio Grande, asesinado en 1977 por los escuadrones de la muerte, representa un reconocimiento a los cientos de catequistas que fueron “desaparecidos y masacrados” en el contexto de la guerra civil de El Salvador, dijo a la Agencia Efe Alexander Torres, un seguidor de la labor del cura salvadoreño.

Fotografía del monumento conocido como "Las Tres Cruces" ubicado en el lugar donde fue asesinado el padre Rutilio Grande y dos personas mas en 1977; el 17 de enero de 2022, en El Paisnal, El Salvador. Foto de EFE/ Rodrigo Sura.
Fotografía del monumento conocido como “Las Tres Cruces” ubicado en el lugar donde fue asesinado el padre Rutilio Grande y dos personas mas en 1977; el 17 de enero de 2022, en El Paisnal, El Salvador. Foto de EFE/ Rodrigo Sura.

“La ceremonia de beatificación permite no solo reconocer el legado pastoral del padre Grande con los pobres, sino también de los catequistas —hombres y mujeres celebradores de la palabra— que fueron asesinados durante el conflicto armado”, enfatizó Torres, residente en el municipio de El Paisnal, donde nació en 1928 Rutilio Grande.

De acuerdo con el seguidor de la labor del padre Grande, también miembros de la Fundación Rutilio Grande, entre 1977 y 1980 fueron “asesinados y desaparecidos al menos 300 personas” (catequistas) de las localidades de El Paisnal, Aguilares, Guazapa y de las comunidades que eran atendidas por el cura.

“Gentes de las comunidades de El Paisnal, de Aguilares, de Guazapa y de todo el país que acompañaron esa obra pastoral del padre Grande (y) que conocieron de cerca el sentir del pueblo fueron masacrados, perseguidos durante el conflicto armado y asesinados”, subrayó.

Y agregó: “Hasta hoy las familias de las víctimas siguen pidiendo Justicia”.

Al igual que el padre Grande, cientos de religiosos —entre curas, monjes y catequistas— fueron asesinados antes y durante la guerra interna salvadoreña (1980-1992).

Algunos de estos asesinatos fueron perpetrados por los escuadrones de la muerte, frecuentemente operados por y a menudo por aliados a los militares y respaldados por poderosos empresarios, terratenientes y lideres políticos de la época, de acuerdo con un informe de la Comisión de la Verdad.

Dicha comisión recibió testimonios de más de 800 víctimas de los escuadrones de la muerte.

Rutilio Grande: impulsor de la Alfabetización, cercano a los campesinos

Juan Pastor, un exguerrillero y quien era un adolescente cuando conoció al padre Grande, recuerda al religioso como un impulsor de la alfabetización en las comunidades más pobres de El Paisnal y sitios aledaños.

“Él (Rutilio) fue uno de los principales impulsores de hacer campañas de alfabetización de adultos, niños y jóvenes”, dijo a Efe Pastor.

El cura salvadoreño también “sabía explicar bien el problema de la pobreza que aquí (en El Paisnal) se tenía y el problema de mucha riqueza en pocas manos”, señaló.

A Rutilio Grande también se le recuerda por ser “muy cercano” a los campesinos, apuntó Torres.

Personas caminan frente a un mural dedicado al padre Rutilio Grande y San Óscar Romero en El Paisnal, El Salvador. Foto de EFE/ Rodrigo Sura.
Personas caminan frente a un mural dedicado al padre Rutilio Grande y San Óscar Romero en El Paisnal, El Salvador. Foto de EFE/ Rodrigo Sura.

Indicó que el jesuita realizó un “trabajo eclesial de bases con las comunidades directamente, con los campesinos”, lo que permitió que “tuviera el contacto permanente y directo con los campesinos que estaban siendo abusados y violentados en las haciendas, principalmente donde estaban trabajando en el corte de caña de azúcar, con vidas y salarios bien miserables”.

“El padre Grande nos dejó ese legado del amor por el próximo, por la persona que más lo necesite”, añadió.

Los dos mártires que acompañan al Padre Grande

Nelson Lemus y Manuel Solórzano acompañaban al padre Grande en su martirio y serán elevados a los altares como un reconocimiento a su vida.

Nelson Martínez Lemus, de 22 años y sobrino de Nelson Lemus, rememoró, según le ha contado su familia, que su tío “era una persona que le gustaba colaborar y ayudar a las personas”.

“Se puede decir que era un joven servicial y ejemplo”, dijo a Efe.

El joven dijo sentirse “contento” que la iglesia Católica “tomara en cuanta (a su tío)”, “a pesar que él era solo un joven que lo acompañaba y ayudaba a veces en la iglesia, pero no lo hicieron a un lado y lo tomaron en cuenta”.

Nelson y Manuel, de 17 y 72 años, respectivamente, iban con el padre Grande en el coche que fue ametrallado la tarde del 12 de marzo de 1977.

Ahora los tres son considerados por la iglesia Católica como mártires.

Con información de EFE