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Knee Defender: el aparato que impide reclinar los asientos de avión
Foto de Internet

Hace unos días, un piloto se vio obligado a dar media vuelta a su avión y aterrizar. El problema no fueron fallas mecánicas, ni problemas con el aeropuerto de llegada, ni la famosa turbulencia. 

El problema fue que un pasajero no podía reclinar su asiento.

Suena a pelea de niños, pero habla del respeto que los pasajeros deben tener entre sí. El hombre sentado en el asiento de atrás utilizó el ahora célebre Knee Defender, un gadget que cuesta 21.95 dólares y que atora el asiento de adelante para impedir que se recline. La mujer sentada al frente, no contenta con la situación (¿quién lo estaría?), decidió bañar a su compañero de atrás con una botella de agua, y el vuelo de Newark a Denver de United Airlines hizo una parada no agendada en Chicago.

Volviendo al ya popular Knee Defender, expone un caso en las aerolíneas acerca de los derechos de los pasajeros. Al pagar un boleto, se sobreentiende que viene con el derecho de reclinar o no el asiento. Tal parece que con la aparición de este aparato, debemos pagar por el derecho de ir cómodamente recostados en el asiento del avión, o en todo caso, el usuario de atrás podría ofrecer alguna cantidad a cambio de no reclinarlo,

Josh Barro, de The New York Times, lo dice claramente: “si sentarse detrás de mi reclinado asiento origina tanta miseria, ¿porqué nadie me ha ofrecido pagarme para detenerme? Las personas hablan mucho en las redes sociales sobre lo terrible de reclinar asientos, pero a las personas les gusta quejarse de todo tipo de cosas”.

Si se traslada a la desigualdad, podemos decir que este problema con el reclinar los asientos es una discriminación contra las personas de baja estatura. Si los altos quieren más espacio, pueden buscar otras opciones a la hora de viajar. Si es cierta además la teoría de que las personas con alta estatura ganan más que sus contrapartes de menor altura, podrían destinar algo de ese dinero para comprar comodidad.

Ya veremos que pasa con este problema de espacio, que al menos en las últimas semanas, ya ha cosechado la misma cantidad de simpatía que de odio.

Con información de The New York Times