Fármaco para la esclerosis múltiple supera la primera fase de pruebas
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La esclerosis múltiple es una enfermedad degenerativa. Consiste en la destrucción de la mielina (la cubierta de los nervios) por un funcionamiento anormal del sistema inmunitario, y tiene como consecuencia que las señales del cerebro no llegan a su destino. Por ello se manifiesta de maneras muy variadas (problemas de visión, de coordinación, de memoria, debilidad muscular, tics).

No tiene cura y solo se pueden prescribir terapias paliativas durante los brotes o como mantenimiento. Pero, un fármaco ha superado la primera fase de los ensayos en humanos, así lo publicó la revista Neurology, Neuroimmunology & Neuroinflammation, un equipo de la Asociación Americana de Neurología.

El trabajo, en su fase I, mide la seguridad del medicamento, y le queda un largo recorrido hasta llegar al uso clínico, explican los autores.

Se ha encontrado —al menos en los ensayos con ratas— que se puede interferir en la actividad de una proteína, llamada lingo-1, que bloquea el proceso de reconstrucción de la mielina de los nervios. El anti-lingo-1, como se ha llamado al fármaco, impide esto, lo que llevó a los animales de laboratorio a una recuperación de las funciones nerviosas.

El ensayo en personas, de momento, no ha arrojado datos al respecto. En esta fase se reclutó a 72 personas sanas y a 47 que tenían la enfermedad en una fase de no actividad o con baja progresión.

El resultado principal del estudio fue que no hubo efectos secundarios de importancia. Pero, además, se pudo determinar qué cantidad de fármaco permitía mantener en la sangre el nivel óptimo de anti-lingo-1 que se había visto en animales que permitían una regeneración de la mielina.

“Con estos resultados podemos empezar los ensayos de fase II para ver si este fármaco puede restituir la mielina y tiene efecto en la recuperación de las funciones físicas e intelectuales”, comentó Diego Cadavid, miembro de la Asociación Americana de Neurología y del laboratorio Biogen que ha desarrollado el fármaco.

Puntualizó que se necesitará un ensayo a gran escala para afinar los protocolos y medir definitivamente su eficacia, lo que suele llevar años, salvo que se decidiera, como con el ébola, que la situación de los pacientes es tan desesperada que se aceleren los plazos o, directamente, se salten estos pasos.

Con información de El País