¿Y los servidores públicos de carrera?


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Manuel AjenjoEl Privilegio de Opinar

Tal vez usted se haya preguntado en alguna ocasión cómo es que un abogado es capaz de administrar Petróleos Mexicanos (Pemex) y un actuario pueda ejercer como secretario de Hacienda; que un ingeniero mecánico electricista se constituya en jefe de la Policía Federal; mientras un economista preside el Partido Revolucionario Institucional (PRI).


Tal vez usted se haya preguntado en alguna ocasión cómo es que un abogado es capaz de administrar Petróleos Mexicanos (Pemex) y un actuario pueda ejercer como secretario de Hacienda; que un ingeniero mecánico electricista se constituya en jefe de la Policía Federal; mientras un economista preside el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Siempre me ha sorprendido la versatilidad de los políticos mexicanos para adaptarse a la chamba que sea con tal de no vivir en el error, es decir, fuera del presupuesto. Se llama enroque —término que proviene del juego de ajedrez— a los movimientos, vamos a conceder que sean estratégicos, que hacen los Mandatarios cuando uno de sus colaboradores cercanos debe ser cesado porque su ineptitud es notoria, o, simplemente, el equipo de trabajo de su gobierno necesita una renovación o una meneadita para que se desapendejen, o bien, uno de la camarilla —del Mandatario—, es elegido por las “fuerzas vivas” de su partido —otro de los nombres con los que actúa el mismo Mandatario— para gobernar su estado natal. (Entidad que va a conocer durante su gira de campaña, pues salió de su ciudad natal al terminar la prepa y se quedó a grillar en la Capital).

Supongamos, el contador público, don Benito Ontiveros, subsecretario de Egresos de la Secretaría de Hacienda, es removido a secretario del Trabajo y Previsión Social, su subsecretaría va a ser ocupada por el pasante de administración de empresas, Agapito Puga, sin más méritos que ser sobrino segundo del presidente del Supremo Tribunal de Justicia, don Abelardo Noriega, mismo que impartía la cátedra de Derecho Procesal Civil cuando el Jefe del Ejecutivo pasó por la Universidad. El contador Ontiveros sustituirá al arquitecto Arturo Benavides, quien dejará la Secretaría del Trabajo para ser el nuevo procurador del Consumidor en sustitución de la doctora en física María Luisa Regocijo que será la nueva secretaria de Turismo debido a la renuncia del filósofo Telésforo Urdapilleta, quien deja el cargo por motivos de salud. (La asistencia al trabajo por parte del filósofo Urdapilleta ha sido irreprochable: Vino vino antier, vino hoy. Todos los días vino. Los empleados de la secretaría en la que se emborrachó los 14 meses que duró en el cargo, le apodaron el Torpedo por torpe y por pedo. En realidad el motivo de toda la faramalla a la que se le llamó enroque fue colocar como secretaria de Estado a la bella y escultural Magüicha Regocijo, de la que se dice es amante del Señor de Mero Arriba —que en sus encuentros con la bella mujer, en la soledad del tálamo, circunstancialmente suele convertirse en el de abajo—).

Cambios como los aquí descritos forman parte de los usos y costumbres de la política a la mexicana. En la mañana se anuncian las permutas (el enroque) y en la tarde ya están los nuevos funcionarios rindiendo su protesta de cumplir y hacer cumplir y bla bla bla bla bla. Al otro día y los subsecuentes las oficinas en las que se llevaron a cabo los canjes continúan operando de manera normal, tal y como venían haciéndolo con los funcionarios y la funcionaria que fueron rotados en la alineación del equipo presidencial.

¿Por qué ocurre lo anterior? ¿Por qué los cambios en las cúpulas no inciden en el funcionamiento de las dependencias sujetas a cambio? La respuesta está en los servidores públicos de carrera que son aquellos profesionales que garantizan que la administración pública opere con continuidad y eficiencia sin importar los cambios políticos.

El tema viene al caso por las propuestas del virtual gobierno de Andrés Manuel López Obrador acerca de los sueldos de la alta burocracia. Pienso que debe de haber un deslinde entre los Altos Empleados Públicos que nombra el presidente —los que forman parte del Gabinete Legal y del Gabinete Ampliado— y los profesionales que trabajan en diversas instancias gubernamentales y que tienen experiencia, conocimiento técnico, honestidad y compromiso. Éstos son regidos por la Ley del Servicio Profesional de Carrera de la Administración Pública Federal. Esta ley —en la que está contemplado el rubro ingresos de manera flexible, según la experiencia y los resultados en el trabajo— aplica a los servidores públicos llamados de confianza que se encuentran en los siguientes puestos: Director General, Director General Adjunto, Director de Área, Subdirector de Área, Jefe de Departamento y Enlace. Ojalá y que los funcionarios que sí funcionan conserven, en el gobierno de la Cuarta Transformación, su trabajo y su ingreso.

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En un taller mecánico de autos de lujo un mecánico removía la cabeza del cilindro de un motor V12 de un Jaguar. Llegó en busca de servicio, un afamado cardiólogo, especialista en cirugías del corazón. Fue reconocido por el mecánico quien después de saludarlo le enseñó su trabajo: “Mire, doc., échele una mirada a este motor. Yo abrí su corazón, le saqué las válvulas y el árbol de levas, las arreglé, las volví a instalar y el motor funcionó, otra vez, como nuevo. Ahora dígame, ¿por qué si básicamente hacemos lo mismo usted cobra un dineral y yo muy poco?”. El cardiólogo cirujano no dudó la respuesta: “Trate de hacer lo mismo con el motor encendido”.

  1. ¿Coordinadores estatales o virreyes?

    En el papel suena muy bien. Es un auténtico cambio en la forma de gobernar; por lo tanto cumple con la expectativa que generó que la población votara por Andrés Manuel López Obrador. Me refiero a la creación de los coordinadores estatales de Programas para el Desarrollo de la Presidencia de la República. Serán 32 personas —una por cada estado de la República— designadas por el Primer Mandatario con el fin de que sean ellos los que certifiquen que los recursos federales lleguen, íntegros y sin intermediarios, a los gobiernos de los estados y que se gasten de manera correcta para cumplir con los programas y con las obras para las que fueron asignados.

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