Minuto a Minuto

Nacional Tlalpan, GAM e Iztapalapa encabezan reportes por robo a casa habitación con violencia en CDMX
Las alcaldías con más casos de violencia son Gustavo A. Madero e Iztapalapa, con nueve investigaciones cada una y Tlalpan con siete
Internacional Un juez de EE.UU. bloquea los arrestos de ICE en tribunales de inmigración de Nueva York
El juez Kevin Castel emitió la orden en el distrito sur de Nueva York, al considerar inválida la política federal para justificar los arrestos
Nacional Semarnat dice que en México existen mil 114 sitios contaminados
La Semarnat apuntó que la mayoría de los sitios están contaminados con hidrocarburos, metales y otros residuos peligrosos
Internacional Maru Campos nombra a Javier Sánchez Herrera al frente del despacho de Operaciones Estratégicas
Sánchez Herrera asumió el cargo en medio de la polémica por la presencia de agentes de EE.UU. en un operativo en Chihuahua
Internacional Muere un trabajador durante un accidente en la planta de SpaceX en Texas
Las autoridades locales aún no han identificado a la víctima ni han aportado más detalles sobre el accidente, que tuvo lugar en Starbase

Mis críticas a las trampas electorales de las elecciones del domingo pasado hablan poco o nada de la importancia del voto y su poder invencible. Asunto fundamental de los sistemas democráticos.

La fuerza de los votos, cuando se ejerce, es superior a todos los subterfugios que se practican para torcerlo. Es la evidencia de las elecciones del domingo pasado.

Todas fueron lo que cabría llamar “elecciones de Estado”, en las que los gobiernos intervinieron hasta la impudicia para dominarlas.

La libertad y la abundancia del voto desbarataron, al punto de ridiculizar, las estrategias de varios gobiernos interventores.

Mi crítica a las trampas de estas elecciones no es una negación del hecho capital de la fuerza de la democracia. En particular, el hecho de la ventanilla siempre abierta, el hecho de que los ciudadanos puedan votar, premiar o castigar a quien quieren.

He puesto el énfasis en lo que debemos corregir para que la tarea de votar tampoco sea un asunto de exigencias sobrehumanas. Por ejemplo, duplicar la votación para que el grupo en el poder no se quede con el poder manipulando un porcentaje pequeño de los votos.

Esto último es lo que sucedió en las elecciones que tuvimos el domingo: la gente salió a votar contra sus malos gobiernos, nulificando la “operación electoral”.

Todos los gobiernos, los que ganaron y los que no, ejercieron la “operación electoral”. Todos, ganando y perdiendo, distorsionaron el resultado.

No podemos saber hoy con claridad cómo, cuánto y por quién votaron realmente los electores de los estados que tuvieron elecciones.

Tampoco me hago ilusiones sobre los procedimientos de los opositores. Rindo homenaje, eso sí, al hecho de que, para triunfar, los opositores tuvieron que hacer un esfuerzo mucho mayor que el de los poderes existentes. No es poca cosa haberlos derrotado.

Las victorias de la alternancia nos devuelven la confianza en el hecho democrático fundamental: si la gente vota en serio por quien quiere, no hay manipulación que pueda torcer su voluntad.

Añado, sin embargo, que mientras no cambiemos las reglas que permitieron a los gobiernos locales hacer las trampas que hicieron el domingo, los ganadores alternantes de hoy ahora serán probablemente los opresores de los candidatos aspirantes de mañana.

[email protected]