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En poco menos de un mes habremos de conocer el primer dato del comportamiento del Producto Interno Bruto (PIB) al cierre del 2020. Sólo falta saber el impacto del repunte de los casos de Covid-19 durante las últimas semanas del año para saber si el peor derrumbe económico estuvo más cerca de -9 o -10 por ciento.

Como sea, eso ya es historia. Lo que sigue es tratar de anticipar cuál será el comportamiento del PIB durante este año que arranca.

Sólo en la mente de los populistas está la posibilidad de un rebote en forma de “V” de la economía mexicana. Sólo en ese discurso hecho para marear se piensa que en marzo se habrán recuperado todos los empleos perdidos durante el año pasado.

La realidad es que hoy están en peligro incluso las metas más conservadoras del rebote del PIB para este año.

Ni hablar de las expectativas de la Secretaría de Hacienda de un aumento del PIB durante este 2021 de 4.6 por ciento. Esa expectativa es, desde estos primeros días de enero, letra muerta.

Lo malo no es que fallen un pronóstico más. Ese, como sea, es el sello de la casa desde el primer día de este gobierno. El problema real es que los ingresos y todo el Paquete Económico está calculado con esa base.

En tiempos anteriores a la pandemia, cuando iniciaba con altas expectativas la 4T, las estimaciones de crecimiento de la economía mexicana para el 2019 eran de una expansión de 2.5% en las proyecciones de Hacienda y de 4% en el discurso presidencial.

Al final de ese año, antes de que oficialmente se registrara el primer caso de Covid-19 en México, la economía entró en recesión con un decrecimiento de -0.3 por ciento.

De los datos del 2020, ni hablar. A pesar de que por muchos meses en la tribuna mañanera se aseguraba que con todo y coronavirus la economía crecería, ya veremos el resultado que nos presente el Inegi a finales de este mes.

Y para el 2021, hasta ahora las estimaciones rondan 3.5% al cierre del año. Incluso, en los pronósticos publicados en diciembre y de hecho en estos primeros días de enero, hay una ligera mejora en la estimación.

Por ejemplo, el Banco Mundial no mejoró su pronóstico del PIB de México para este año, pero la mantiene en 3.7 por ciento.

El punto de partida en los pronósticos es que las políticas públicas no ayudarán al crecimiento. Al contrario, el gasto asistencialista en proyectos inútiles son un reto para las finanzas públicas.

Las expectativas giran en torno a la demanda externa y el impulso de las exportaciones. Pero toda recuperación, interna o externa, depende del control de la pandemia.

Lo que hay hasta ahora es un repunte de nuevos casos de Covid-19 en buena parte del mundo y una expectativa realista de que las vacunas lograrán la inmunidad de rebaño a la vuelta de muchos meses, seguramente no este año.

Todo esto puede afectar las estimaciones de ese rebote del PIB, que por malo que hoy aparezca, podría ser peor el resultado.