Minuto a Minuto

Nacional Despiden a Valentín Lavín Romero, alcalde de Temoac, en medio de un gran dispositivo de seguridad
El homenaje a Lavín Romero no pudo realizarse en la presidencia municipal porque la Fiscalía de Morelos mantiene el inmueble bajo resguardo
Nacional Caída de precios de agave deja campos abandonados y plagas, dicen tequileros
El presidente del Consejo Regulador del Tequila afirmó que aún no existe un censo sobre la superficie abandonada de agave tequilero
Internacional Dos empresas llevan a Trump ante los tribunales; ¿qué pasó y cuál es su argumento?
Ambas aseguraron que sus cadenas de suministro son transparentes y criticaron que los nuevos aranceles perjudican a negocios "responsables”
Internacional Trump ordena colocar advertencia en museo de historia de EE.UU. por “sesgo ideológico”
Trump calificó al Smithsonian de estar bajo una "captura ideológica" por presentar, según él, una visión negativa y parcial de la historia de EE.UU.
Ciencia y Tecnología México impulsa una IA que amplíe derechos y proteja la dignidad humana
El canciller sostuvo que un modelo entrenado únicamente desde perspectivas hegemónicas puede reproducir desigualdades y sesgos

Durante muchos años la economía mexicana vivió sin grandes ingresos petroleros. De hecho, algunas de las mejores décadas económicas de México, las del desarrollo estabilizador, 1946-1970, se dieron sin grandes exportaciones de la industria petrolera.

La situación cambió dramáticamente en los años 70, cuando la explosión productora de México y su gran yacimiento Cantarel, el segundo más grande de la historia mundial del petróleo, volvió a México una potencia exportadora.

A partir de los 80, en medio de las crisis económicas, en parte por ellas, el petróleo empezó a ser el factor clave de la economía y de la balanza comercial de México. Llegó a ser un alto porcentaje de su producto interno. Se dijo entonces, con razón, que la economía mexicana estaba petrolizada.

La revolución de las exportaciones creada por el Tratado de Libre Comercio con América del Norte, en 1994, despetrolizó la economía, y aunque la primera década del siglo fue la de mayores precios mundiales del petróleo, Pemex terminó la década representando solo un porcentaje pequeño del PIB.

Puede decirse que entre 1950 y 2010, la economía mexicana pasó de vivir sin Pemex, a vivir de Pemex, a vivir con Pemex.

No así las finanzas públicas que siguieron petrolizadas, viviendo y sacando de Pemex, años más años menos, una tercera parte de los costos del presupuesto federal.

La caída brutal de los precios del petróleo de los últimos tres años le plantea a las finanzas gubernamentales el fin de su petrolización.

Tampoco las finanzas públicas podrán seguir viviendo de Pemex. Peor aún, en 2015 Pemex reportó un déficit de 9 mil 855 millones de dólares en su balanza comercial.

La semana pasada el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, anunció, con devastadora concisión, un plan de rescate financiero de Pemex.

El giro es radical: no solo las finanzas públicas no pueden ya depender de Pemex, sino que tienen que rescatar financieramente a la empresa.

En el fondo, Pemex y el petróleo han sido una extraordinaria anomalía de la vida pública y de la economía mexicana. Parece que la anomalía llega a su fin.

Pemex cargó un buen tiempo al país. Ahora el país va a cargar un tiempo a Pemex.

[email protected]