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El horror en síntesis: un sobreviviente al secuestro que padeció durante 15 días (entre agosto y septiembre de 2008) reconoció plenamente a su verdugo y éste fue sentenciado a 34 años de cárcel.

Hace pocos meses, sin embargo, cerca de su lugar de trabajo, la víctima iba por la calle y… ¡se topó con su secuestrador!, a quien el Tercer Tribunal Colegiado Penal determinó liberar porque no estaba su abogado en el momento de la identificación.

El absurdo habría pasado desapercibido, pero se volvió escandaloso por tratarse de uno de los integrantes de la banda que secuestró y asesinó (entre otras personas) a Silvia, la hija del profesor Nelson Vargas, quien al grito de “¡No tienen madre!” ha venido reclamando justicia.

Peor: la actualización del polémico tema del debido proceso (maldito proceso, le llama Vargas) parece beneficiar a delincuentes para mayor agravio de las víctimas, y uno se entera de que ninguno de los consignados por el secuestro (hace nueve años) de Silvia ha sido sentenciado.

Aguas, profesor, no se los vaya también a topar en la calle.

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