Y le cuento toda esta historia de Venezuela porque ilustra perfectamente cómo y por qué el crimen organizado avanza en el control de un país como Venezuela… y como México
LIC. OMAR GARCÍA HARFUCH,
SECRETARIA DE SEGURIDAD Y
PROTECCIÓN CIUDADANA:
Normalmente, poca atención ponemos a lo que sucede en los países latinoamericanos, pero después de la extracción del presidente venezolano, Nicolás Maduro, vale la pena correr la mirada por aquellos lares.
Nos queda claro que a la administración Trump poco menos que nada le importan la democracia y las libertades civiles tan dañadas en Venezuela; quiere tres cosas: el petróleo, detener la influencia chino-soviética en el continente y el tráfico de drogas. Alcanzar tales objetivos en el corto plazo se avizora complicado; la industria petrolera venezolana requiere decenas de miles de dólares para reactivarse, China y Rusia no se van a cruzar de brazos y el crimen organizado buscará mantener sus negocios.
Me interesa comentar con usted, señor secretario, el complejo mapa de actores relacionado con la droga.
Venezuela no produce drogas, pero geográficamente está en una zona clave para que las elaboradas en Colombia lleguen a los Estados Unidos. Y, al parecer, lo hacen sin dificultad porque el Cártel de los Soles y sus aliados así lo permiten. Dicho cártel no es una organización como a la que en México estamos acostumbrados, sino que se trata de la utilización de la estructura gubernamental para facilitar el tráfico de lo que sus aliados producen.
De acuerdo con diversas investigaciones de InSight Crime, las unidades militares y policíacas reciben su “mochada” para que miren a otro lado en las pistas de aterrizaje clandestinas y las rutas de trasiego, ya sean terrestres, aéreas o marítimas. Se estima que la droga incluso ha sido transportada en vehículos militares.
Entre los aliados del Cártel de los Soles se encuentra el Ejército de Liberación Nacional (ELN), una guerrilla colombiana con sembradíos de coca en su país para luego enviarla a Venezuela; sería el actor criminal más influyente. La pregunta es si mantendrá esta relación de beneficio mutuo con el gobierno ahora presidido por Delcy Rodríguez.
También anda por Venezuela una escisión de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), igualmente vinculadas al trasiego de droga. Les acompaña un cartel muy local, el Tren de Aragua, organización que fue incluida en la acusación contra Maduro.
Además de estos grupos criminales, hay actores políticos de peso. De una parte están los hermanos Rodríguez: Delcy, la actual presidenta interina, y su hemano Jorge, quien lidera el Congreso venezolano. Este binomio tiene una larga trayectoria dentro de la izquierda, aun antes de que Hugo Chávez llegara al poder, pues su padre fue un guerrillero de línea marxista. No obstante sus convicciones ideológicas, doña Delcy tiene fama de ser una operadora política pragmática.
Otro grupo es el del general Vladimir Padrino López, ministro de Defensa desde hace 10 años; todo indicaría que su involucramiento con la delincuencia organizada es mayúsculo, pues como apuntamos al principio, la droga corre fluídamente por Venezuela gracias a la connivencia de militares. Por sí solo, el Ejército venezolano tendría una capacidad muy limitada para enfrentar al estadounidense en caso de una invasión botas a tierra, pero contaría con el apoyo eficiente del ELN, el cual ha resistido al Ejército colombiano por décadas. Hasta donde pude indagar, Padrino enfrenta en EUA acusaciones de civiles que alegan tortura y secuestro.
El hueso más duro de roer pareciera ser Diosdado Cabello, actual ministro del Interior. Su trayectoria data desde el primer intento de golpe de Estado que Hugo Chávez pretendió en 1992, razón por la cual fue encarcelado dos años; a partir de ahí su carrera ha ido en ascenso constante, ya sea como diputado, gobernador del estado de Miranda u ocupando varios ministerios.
Cabello está incluido en la acusación contra Maduro y, de hecho, la DEA ofrece una recompensa de 25 millones dólares por su captura; las imputaciones son serias: vinculación con los negocios ilegales de las FARC, blanqueo de capitales en la Unión Europea, venta de armamento para las guerrillas colombianas y recibir sobornos de empresas como Odebrecht.
Y decía que Cabello es el hueso más duro de roer porque en caso de urgencia puede echar mano de las FARC y de los colectivos Cuadrillas de la Paz. Estos últimos tienen sus antecedentes en los Círculos Bolivarianos creados por Chávez para reprimir a la disidencia; desde entonces, estos grupos de civiles armados, ahora llamados UPPAZ o coloquialmente “los motorizados”, controlan colonias y barrios a lo largo y ancho de Venezuela, manejando los programas sociales lo mismo que ejerciendo labores de vigilancia y coerción. Tales colectivos proporcionan a Cabello una amplia capacidad de maniobra para una movilización popular, no precisamente pacífica.
Como puede verse, a nivel gubernamental existen tres grupos políticos que no necesariamente reman para el mismo lado; en paralelo se ubican las organizaciones criminales ya descritas. Y ninguno querrá ceder en sus intereses, por ilegítimos que sean. Así que la presidenta Delcy Rodríguez tendrá que hacer malabares para satisfacer las demandas de Washington.
Y le cuento toda esta historia de Venezuela porque ilustra perfectamente cómo y por qué el crimen organizado avanza en el control de un país como Venezuela… y como México.
+ Con la colaboración de Upa Ruiz
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