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Sin atribución alguna, el presidente López Obrador quiere suplantar una función que no le compete: “Me voy a convertir en guardián para que se respete la libertad de los ciudadanos a elegir libremente a sus autoridades”, dijo ayer.

Procede recordar que los particulares pueden hacer todo lo que no les prohíba la ley, pero los servidores públicos únicamente lo que la ley les ordena. Y los presidentes (artículo 87 de la Constitución) tienen el mandato y la obligación de prometer: “Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión, y si así no lo hiciere que la nación me lo demande”.

Nada fuera de ese compromiso están autorizados a hacer. La declaración los responsabiliza a tal grado que son los únicos obligados a recitarla y esa protesta implica deber.

Si grave es la amenaza de que el Presidente usurpe funciones que la Constitución asigna al Instituto Nacional Electoral y al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, imposible justificar sus endebles referentes para semejante alarde y su descalificadora desconfianza en las autoridades que organizaron y calificaron las elecciones ganadas por el morenismo (particularmente la de él) y sus compañeros de viaje (a lo que se suman las argucias para que en la Cámara federal de Diputados, con 37.5 por ciento de la votación, se agandallaran 50 por ciento de los escaños y 53 por ciento de las curules en el Senado), más las gubernaturas de Chiapas, Morelos, Tabasco, Veracruz y Ciudad de México; las mayorías en 22 legislaturas estatales, 11 de las 16 alcaldías en la capital y un titipuchal en el resto del país.

No obstante, sobre las jornadas del año próximo, López Obrador afirmó: “Es muy importante que quede claro que vamos a estar pendientes para que no haya fraude electoral…”.Intentó matizar: “Ya sé que existe el INE, no me voy a involucrar en eso, nada más que estoy obligado a denunciar si hay intentos de fraude, como cualquier ciudadano…”.

Pues igual de mal, o peor: se entrometería en las elecciones antes de su realización y desde luego que no como “cualquier ciudadano”, simplemente porque su investidura lo hace abismalmente distinto a los particulares.

Una palera colada como “reportera” le preguntó: “¿Qué pasará con el INE, con este inmenso gasto que representa para el presupuesto de los mexicanos?”.

El Presidente divagó: “Esto de los organismos que crearon, que fue un abuso porque para poder saquear crearon muchos con el propósito de simular que se atendía a la gente, que no se permitía el racismo, que se cuidaba a los niños, que había transparencia. Pura pantalla, pura simulación (…). El ejemplo más claro es el INE (…). Nunca garantizaron elecciones limpias…”.

La suya fue sin duda transparente. ¿Las de sus camaradas a los demás cargos fueron cochinas?