Minuto a Minuto

Nacional Aseguran más de 156 toneladas de mercancía ilícita en el AICM
Los aseguramientos en el AICM, afirma la Marina, fortalecen la seguridad nacional al impedir la comercialización de mercancías ilícitas
Nacional Vinculan a proceso a Salvador N., miembro del CJNG detenido tras enfrentamiento
Salvador G. M. es señalado de portación de arma de fuego de uso exclusivo de las fuerzas armadas
Nacional Sonora, sexto lugar en carpetas de investigación por narcomenudeo
Sonora se ubica por debajo de San Luis Potosí, Guanajuato, Jalisco, Baja California y Nuevo León en materia de narcomenudeo
Nacional Levantan paro en la Escuela Superior de Economía del IPN
Tras dos meses en paro, alumnos de la Escuela Superior de Economía del IPN votaron a favor de retomar las clases
Internacional EE.UU. advierte acciones contra Nicaragua por eliminar las elecciones
Maro Rubio advirtió que la administración Trump no se quedará de brazos cruzados ante la decisión de Ortega de eliminar las elecciones en Nicaragua

Hace unos días, un comerciante en el mercado me decía que la solución a los problemas del país era una revolución. Algo de razón tiene mi amigo, pero antes de que levanten las cejas, permítanme explicar mis dichos.

Si entendemos una revolución como la unión de uno o varios grupos sociales para conseguir un objetivo, entonces sí: México necesita no una, sino muchas revoluciones. Y créanme, sí funcionan… si también hay voluntad.

La semana pasada les comenté los problemas en el servicio de energía eléctrica que padecían los pobladores de Cochisquila, municipio de Coatepec Harinas, en el Estado de México. Cansados de los pretextos, el pasado 2 de octubre decidieron manifestarse en las oficinas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), en Tonatico.

Al llegar, los empleados de la CFE cerraron las puertas con cadenas, y el encargado del área técnica se escabulló.
No sé si reportaron lo sucedido a sus jefes de división, quizá para quedar bien, pero no contaban con la astucia de los directivos, que se comunicaron directamente con los manifestantes y escucharon el sentir del pueblo.

No les haré el cuento largo: después de esa llamada con el directivo, los pretextos desaparecieron. Por arte de magia, aparecieron el cable y el equipo que “no tenían”, y los trabajadores salieron —escoltados por los habitantes de Cochisquila— rumbo al lugar donde debían hacer las reparaciones.

Lo que no se imaginó el responsable técnico de la oficina de Tonatico fue que sus jefes, los directores de la División Centro Sur, acudirían personalmente al sitio con un expediente de fallas acumuladas y le pedirían explicaciones.

¿Por qué cuento esta historia? Porque este 2 de octubre, los habitantes de Cochisquila pusieron el desorden.
Hicieron su pequeña revolución.
Se unieron y lograron que la CFE reparara el suministro eléctrico, que el funcionario pretextoso recibiera su jalón de orejas, y que quedara la promesa de un nuevo tendido eléctrico para que el pueblo deje de vivir a oscuras.

Y eso se consiguió porque del otro lado —en la CFE— hubo funcionarios que se pusieron la camiseta del pueblo y trabajaron, como debía ser.

La revolución de Cochisquila es el ejemplo perfecto de lo que ocurre cuando, de un lado, hay unión, y del otro, voluntad real de resolver los problemas que afectan a la gente.
Así, con algo tan simple como cumplir con el deber, se cambian vidas.

EN EL TINTERO
Nota al margen: La Policía llegó tres veces a la manifestación, pero al ver de qué se trataba, la respuesta fue la misma:
“Mucha suerte con estos @#__-&.”

Dame tu opinión:
[email protected]
@mcamachoocampo