Mi pasión por el fútbol no me permite pasar de largo las imágenes de estos dos juegos amistosos de la selección mexicana, previo al Mundial de Catar.

El Mundial está a solo tres días de iniciar y nuestra escuadra representativa, no nos deja claro que en el primer juego contra Polonia el próximo martes, salgan a la cancha con un “as” bajo la manga y arrasen al equipo del goleador Lewandowski.

Entre charlas, coincidimos en que esta selección carece de esencia, de chispa y espíritu ganador. No sabemos cómo ponernos “la verde” y hondear la bandera tricolor frente al monitor, porque ninguno de los jugadores nos ha inyectado esa pasión.

Usted podrá tacharme de pesimista, pero desde que tengo conciencia de mi primer mundial que vi con demasiada intensidad fue por allá en 1994, aunque en el 86, en el que solo tenía 4 años, fui testigo de que mis padres fueran a ver a la selección, mientras que sus hijos lo veíamos por televisión junto a los primos Blanca y Sergio.

En el mundial del 94 no nos perdimos ni un solo juego mi hermano mayor y yo. La fantástica idea de pensar que el verano estaría lleno de futbol desde temprano hasta anochecer con los programas de repetición y con las cascaritas que organizábamos en el jardín de la casa, imitando las jugadas del día.

El de Francia lo viví más a conciencia, mi padre pudo ir a ver a la selección y después de cada juego esperaba su llamada para que me contara todo lo que había visto y el ambiente en tribuna.

Así hasta ahora, que ya sin ser nada chica, el futbol me sigue apasionando pero este Tri me deja entre la esperanza y la realidad, de un equipo que no se ha integrado, que las individualidades son más fuertes que el equipo de nación.

La fotografía de David Borrat de la agencia EFE en el partido de hoy contra Suecia, en el que perdimos 2 a 1. Traduce lo que creo que percibimos muchos mexicanos que nos gusta el futbol.

Vemos al talentosísimo Alexis Vega, de las Chivas celebrando el gol del empate al minuto 60, solo seis minutos después del primer gol de Marcus Rohdén.

Pudo haber sido la foto después del festejo grupal, si así lo queremos ver. Pero Alexis está solo, mientras que mi Rayado César Montes, Luis Chávez y Héctor Moreno caminan hacia lado contrario, dándole la espalda.

No fue una celebración contagiosa, o mejor dicho, no fue un gol ceremonioso. En lugar de seguir el abrazo, y regresar juntos a la media cancha, el grupo se divide y se alejan.

No solo es mi pasión, es la de otros jugadores que han portado “la verde” con la emoción que es y debe ser representar a tu país en la máxima fiesta futbolista. En querer ganar la esperanza del “sí se puede”, de transmitir a la afición la emoción para que todos comencemos a cantar el Cielito Lindo desde las gradas o desde nuestra sala.

Este equipo no nos ha transmitido eso, nos urge la unión entre los jugadores, la representatividad de nuestro país contra Polonia, Arabia Saudita y Argentina debe de ser perfecta en el sentido anímico y ni se diga en el futbolístico.

México siempre ha jugado con el corazón, con la ilusión de ganar a como de lugar, de ver al capitán liderando a los 10 jugadores, de ver gritar hasta al cansancio al Director Técnico, de pasar al quinto parido.

Ojalá que nos sorprendan y se olviden de las individualidades para que la foto sea otra.

¡México, México, México!

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Foto: EFE / David Borrat