Elecciones 2022
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Por: Enrique Ortiz

@Cuauhtemoc_1521

Pocos capitalinos se detienen a admirar la impresionante obra de arquitectura que representa la Catedral Metropolitana con sus múltiples portadas y esculturas ubicada en la Ciudad de México.

La atención del público se focalizó en este tesoro el 19 de septiembre del 2017 cuando un sismo azotó la capital de México, causando daños en la torre poniente y haciendo que  una de las tres virtudes teologales cayera al piso partiéndose pedazos. Me refiero de la escultura que representaban la esperanza, la misma que fue elaborada por Manuel Tolsá a inicios del siglo XIX.

A causa de este incidente las autoridades decidieron bajar las dos virtudes teologales restantes, la caridad y la fe.

Lo curioso es que durante el sismo del 19 de septiembre de 1985 se desplomó el templete central  del retablo principal del Sagrario Metropolitano, ubicado al oriente de la catedral, donde se encontraba la escultura de la fe, quedando también incompletas las tres virtudes. Al parecer a los sismos les encanta dañar estos conjuntos escultóricos.

Fachada sur de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México.

La primera Catedral de la Ciudad de México, a la cual también se le llamó iglesia mayor, empezó a construirse en 1524 en el atrio de la catedral actual con un planta de cruz latina, con tres naves y con una plata que iba de poniente a oriente.

Para 1626-1627 había sido demolida para acelerar las obras de la segunda, la cual  empezó a ser construida en 1567, aunque algunas fuentes comentan que fue en 1573. El arquitecto Claudio de Arciniega fue el encargado de la traza de la construcción, la cual es casi idéntica a la Catedral de Salamanca, aunque en un inicio se buscó que fuera como la de Sevilla en España. Para 1629 las obras se detuvieron por seis años debido a la peor inundación que sufrió la Ciudad de México en su historia: la Noche de San Mateo.

Llovió por 36 horas continuas, por lo que la inundación alcanzó en algunas partes de la ciudad hasta los dos metros de altura. No sería hasta 1634 cuando las aguas cederían, algunos pensarían que gracias a la intercesión divina de la Virgen de Guadalupe, cuya imagen milagrosa fue traída desde el Tepeyac para solicitar su ayuda.

Los primeros elementos de la catedral en construirse fueron las dos portadas de estilo herreriano que se encuentran al norte, las mismas que dan a la calle de República de Guatemala, la cuales se terminaron en 1615.

En la actualidad las dos puertas de ambas portadas se encuentran clausuradas, ya que por adentro del templo se han colocado los retablos del Divino Salvador y de la Virgen de Zapopan, copia de la milagrosa imagen ubicada en Jalisco.

El retablo que la alberga perteneció al Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo, el cual fue reubicado en el Sagrario Metropolitano después de la expulsión de los jesuitas de la Nueva España en 1767. Sería hasta el 1960 que el retablo adornaría la parte trasera de una de las puertas clausuradas de la Catedral Metropolitana.

La Catedral Metropolitana en 1770.

La construcción del importante templo duraría 240 años, siendo el último arquitecto en intervenirla el valenciano Manuel Tolsá, el mismo que realizaría el busto de Hernán Cortés, la estatua ecuestre de Carlos IV conocida como “El Caballito”, como también el Palacio de Minería entre muchas otras obras.

Aplicó su talento al integrar a la portada principal el reloj de calamina, las tres virtudes teologales (la fe con la cruz, la esperanza con un ancla y la caridad sosteniendo a un niño) así como la colocación de una nueva linternilla para coronar la cúpula. La Catedral quedó conformada con diferentes estilos arquitectónicos como el herreriano, renacentista  y neoclásico. En ella trabajaron 16 diferentes arquitectos.

Tiene cinco naves, dos divididas en 14 capillas,  otras dos procesionales y una central. Tiene 40 columnas, 74 arcos, 50 bóvedas y una cúpula, así como 178 ventanas y dos torres campanario de entre 60 y 64 metros de altura cada una.

El peso de su estructura es de 127,344 toneladas, las cuales fueron sostenidas por 22,000 pilotes de madera que fueron utilizados a la usanza indígena, de la misma manera que se cimentaban los teocallis prehispánicos y las chinampas. Esto cambió cuando en la segunda mitad del siglo XX se sustituyeron con estructuras de concreto hidráulico.

El templo tuvo tres dedicaciones, la primera en 1656 precedida por el virrey Duque de Albuquerque y el arzobispo Mateo Zaga de Bugueiro, la segunda en 1667 cuando se concluyó el interior del templo y finalmente la tercera el 15 de agosto de 1851, día de la festividad de la Asunción de la Virgen, a quien está consagrada. Ese mismo día se consagró el Ciprés de Lorenzo de la Hidalga en el altar mayor, del cual en la actualidad no quedan ni astillas en la actualidad.

Desde el inicio de su construcción hasta 1792 la catedral estuvo rodeada de un cementerio, hasta que el virrey Vicente de Güemes Padilla decidió  clausurarlo por cuestiones de salud pública. Ese mismo año se demolería su muro atrial para instalar postes y cadenas dando lugar al legendario paseo de cadenas, donde la aristocracia capitalina caminaba por las tardes del siglo XIX siendo un importante centro de convivencia social. Para 1887 se retirarían las cadenas para ser colocadas las rejas actuales.

El paseo de las cadenas a medidados del siglo XIX de Casimiro Castro.

Quizá uno de los momentos más triste de nuestra catedral fue cuando en la madrugada del 18 de enero de 1967 se dio un incendio al parecer que tuvo como origen un corto circuito. El fuego empezó en el Altar del Perdón destruyéndolo en gran parte, así como importantes óleos entre los cuales estaba la Virgen de las Nieves o del Perdón pintada por el flamenco Simon de Pereyns.

El retablo realizado por Jerónimo de Balbás en el año de 1737 fue restaurado dentro de los talleres de Miguel Ángel Soto Rodríguez en el año de 1972, recobrando su belleza original, con sus dorados, caprichosas formas, en casamientos e intrincados diseños propios del barroco.

La obra de la Virgen de las Nieves fue sustituida por otra de Pereyns del siglo XVI que lleva el nombre de “Descanso de la sagrada familia en la huida a Egipto”. Se dice que el milagroso Cristo del Veneno, ubicado en el mismo altar, no sufrió ningún daño durante el incendio, por lo que sigue presente  para la devoción de los fieles, como clara muestra del sincretismo religioso de tiempos pre y poscortesianos.

Altar del Perdón después de su restauración.

En fin, la Catedral Metropolitana guarda grandes tesoros realizados por los mejores arquitectos, talladores, artistas y escultores de la Nueva España, y dentro de sus  puertas guarda un sin número de historias como la campana castigada por la muerte del campanero, el Cristo al que en lugar de monedas se le daban semillas de cacao o los restos del primer emperador de Mexico y el corazón de uno de sus más fieles colaboradores.

Por: Enrique Ortiz

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