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Difícil urdir una trama más confusa, con más lagunas informativas y cartas marcadas que la ideada por el gobierno electo para decidir la suerte del Nuevo Aeropuerto Internacional de México.

Si algo ha faltado en el proceso y falta en la consulta es la información prometida. La información ha brillado por su ausencia o por su confusión.

Quizá el momento emblemático de esta confusión es el uso que le dio el gobierno electo a un informe de la OACI (Organización de Aeronáutica Civil Internacional).

El veredicto del informe es inequívocamente favorable al aeropuerto de Texcoco. Pero fue usado por los urdidores de la consulta para mostrar las razones “poderosas” que había a favor de la base militar de Santa Lucía, cuya desventaja final, sin embargo, el informe expresa categóricamente.

La información financiera ha sido más confusa y más ausente aún. No hay cifras claras de la pérdida o la ganancia financiera inmediata de las dos opciones ni, mucho menos, de sus rendimientos proyectados en el tiempo.

No hay una idea precisa de los daños ecológicos que una u otra opción pueden producir ni de las dificultades reales de ingeniería y costos que plantea el subsuelo flojo del lago de Texcoco.

No hay el menor indicio sólido, la menor proyección, sobre el impacto urbano de ambas opciones y sobre sus potencialidades de ser detonadores de inversión inmobiliaria y de servicios.

La opción misma presentada en la pregunta de la consulta es equívoca, porque Santa Lucía no es todavía una opción validada favorablemente y solo tiene señalamientos en contra.

En un país de mucha experiencia ya en materia de encuestas, la fórmula escogida para la consulta se antoja una tienda de tres palitos.

El espectáculo final es de improvisación, opacidad y capricho. Cuando no de un mal truco diversionista para justificar una decisión previamente tomada.

Hay incertidumbre en todos los órdenes de la decisión, salvo en el que menos conviene a la credibilidad de la consulta, a saber: que quien decidirá o ha decidido ya es el Presidente electo.

Esto es lo que está en el aire, lo mismo que la consulta saltando sin rumbo, como un papalote, de la mano del que lo jala abajo.