Minuto a Minuto

Nacional Sheinbaum presume disminución de 54% del homicidio doloso en Edomex
El promedio diario de víctimas de homicidio doloso en el Edomex por año presentó una reducción del 32 por ciento entre 2024 y 2025
Nacional Detienen en Playa del Carmen a fugitivo buscado en EE.UU. por fraude
Otmane Khalladi es buscado en EE.UU. por los delitos de fraude electrónico y blanqueo de capitales
Internacional Instituto Nobel reacciona a entrega de medalla de Machado a Trump
El Instituto Nobel destaca que un laureado no puede compartir el premio con otros ni transferirlo una vez que ha sido anunciado
Nacional Defensa realiza tercer vuelo de ayuda humanitaria a Jamaica
Una aeronave Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Mexicana trasladó la última carga de ayuda humanitaria destinada a Jamaica por el huracán Melissa
Entretenimiento Bad Bunny presenta un adelanto de su espectáculo para el Super Bowl
El puertorriqueño se convertirá el próximo 8 de febrero en el primer latino en protagonizar el show del partido más importante de la NFL

México cruza por una fase de indignación aguda. Su lenguaje público, mediado por el odio y el hartazgo, abunda en insultos y descalificaciones.

La indignación es un termómetro del estado moral de una sociedad. Su ausencia es síntoma de indiferencia o servidumbre ante las injusticias del mundo. Su abundancia indica una ruptura entre la sociedad y el gobierno, un desencuentro de los ideales con los hechos, de las exigencias con las respuestas públicas.

La indignación puede inducir cambios duraderos, aunque lo que suele pedir son cambios perentorios. Exige de sus políticos soluciones prontas, tajantes, contundentes, tal como dice José Antonio Aguilar Rivera en un preciso alegato sobre el tema. [1] Es una pasión ciega que se alumbra con su propia  fosforescencia.

Agrego que la indignación es por su naturaleza misma pasajera. Lo increíble que sucede en estos días en México es que gobierno y políticos echan cada semana nuevos materiales indignantes a la hoguera.

A mí me han servido esta semana mi propio plato  inflamatorio con la aparición en la portada del Hola, y en 18 páginas interiores, de la primera dama, Angélica Rivera, en su pasarela fotográfica por el viaje oficial del presidente Peña Nieto a Gran Bretaña.

La pasarela fue, en realidad, por las páginas de una revista cuyos criterios de ostentación social deberían estar prohibidos para todo personaje que haya encumbrado una democracia.

Ya es odioso que se exhiban así los ricos y los famosos, como maniquíes de su riqueza y de su fama. Es inaceptable que lo hagan, con ostentación de joyas y atuendos de marca, quienes, a querer o no, representan a un país de tradiciones republicanas, cuya virtud obligada es la austeridad: la digna, sobria, orgullosa medianía.

Que los políticos mexicanos, empezando por el Presidente, no practiquen esto y anden por su país y por el mundo exhibiéndose como ricos y famosos, rodeados de ostentación y privilegios, explica en parte del desprestigio que los persigue. Se lo están ganando a pulso.

[1] “El papel político de la indignación”, Nexos núm. 446, febrero 2015)