Minuto a Minuto

Nacional La boleada vil al vil presidente de la Corte
Ayer vimos un retrato de la soberbia, vileza degradante de la 4-T, cuando al presidente de la Suprema Corte, Hugo Aguilar, sus ayudantes le limpiaron los zapatos en la calle, públicamente y él, petulante, lo toleró vergonzosamente
Internacional Juez de EE.UU. prohíbe a ICE utilizar datos tributarios para localizar migrantes
El uso de datos tributarios con fines migratorios podría disuadir a millones de personas de cumplir con sus obligaciones fiscales por temor a represalias
Internacional Casa Blanca insiste en que EE.UU. y Cuba están negociando y exige prudencia a La Habana
El mensaje respondió a declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien aseguró que ya se hablaba con representantes de Cuba
Nacional México amplía diálogo sobre minerales críticos con Canadá, Japón y UE, tras pacto con EE.UU.
"Tendremos un diálogo muy similar sobre minerales críticos con otros países del mundo en los próximos 60 días", indicó Marcelo Ebrard
Nacional Balacera en el Centro de Monterrey deja siete personas lesionadas
Entre los lesionados se encuentran cuatro mujeres de alrededor de 40 años, una menor de 15 años y dos hombres de 45 y 55 años

México cruza por una fase de indignación aguda. Su lenguaje público, mediado por el odio y el hartazgo, abunda en insultos y descalificaciones.

La indignación es un termómetro del estado moral de una sociedad. Su ausencia es síntoma de indiferencia o servidumbre ante las injusticias del mundo. Su abundancia indica una ruptura entre la sociedad y el gobierno, un desencuentro de los ideales con los hechos, de las exigencias con las respuestas públicas.

La indignación puede inducir cambios duraderos, aunque lo que suele pedir son cambios perentorios. Exige de sus políticos soluciones prontas, tajantes, contundentes, tal como dice José Antonio Aguilar Rivera en un preciso alegato sobre el tema. [1] Es una pasión ciega que se alumbra con su propia  fosforescencia.

Agrego que la indignación es por su naturaleza misma pasajera. Lo increíble que sucede en estos días en México es que gobierno y políticos echan cada semana nuevos materiales indignantes a la hoguera.

A mí me han servido esta semana mi propio plato  inflamatorio con la aparición en la portada del Hola, y en 18 páginas interiores, de la primera dama, Angélica Rivera, en su pasarela fotográfica por el viaje oficial del presidente Peña Nieto a Gran Bretaña.

La pasarela fue, en realidad, por las páginas de una revista cuyos criterios de ostentación social deberían estar prohibidos para todo personaje que haya encumbrado una democracia.

Ya es odioso que se exhiban así los ricos y los famosos, como maniquíes de su riqueza y de su fama. Es inaceptable que lo hagan, con ostentación de joyas y atuendos de marca, quienes, a querer o no, representan a un país de tradiciones republicanas, cuya virtud obligada es la austeridad: la digna, sobria, orgullosa medianía.

Que los políticos mexicanos, empezando por el Presidente, no practiquen esto y anden por su país y por el mundo exhibiéndose como ricos y famosos, rodeados de ostentación y privilegios, explica en parte del desprestigio que los persigue. Se lo están ganando a pulso.

[1] “El papel político de la indignación”, Nexos núm. 446, febrero 2015)