Un diablito en la CFE


manuel-ajenjo1

Manuel AjenjoEl Privilegio de Opinar

El desayuno que le ofreció Andrés Manuel López Obrador a José Antonio Meade tan pronto como éste se recuperó de la madriza que se llevó en la pelea que, irresponsablemente, su manager Enrique Peña Nieto y sus seconds Luis Videgaray, Aurelio Nuño y Enrique Ochoa Reza, le consiguieron con el fin de hacerlo Campeón Nacional, sin siquiera haberlo fogueado en el Torneo de los Guantes de Oro priistas; fue visto con resquemor por las huestes más recalcitrantes de Morena, sin reparar en que con esa reunión AMLO quiso enviar un mensaje de que gobernará para todos y brindó una prueba de que la venganza no es su fuerte.

El desayuno que le ofreció Andrés Manuel López Obrador a José Antonio Meade tan pronto como éste se recuperó de la madriza que se llevó en la pelea que, irresponsablemente, su manager Enrique Peña Nieto y sus seconds Luis Videgaray, Aurelio Nuño y Enrique Ochoa Reza, le consiguieron con el fin de hacerlo Campeón Nacional, sin siquiera haberlo fogueado en el Torneo de los Guantes de Oro priistas; fue visto con resquemor por las huestes más recalcitrantes de Morena, sin reparar en que con esa reunión AMLO quiso enviar un mensaje de que gobernará para todos y brindó una prueba de que la venganza no es su fuerte.

Otro motivo de críticas de los lopezobradoristas hacia su líder fue el nombramiento del, todavía, senador Manuel Bartlett Díaz, como Director de la Comisión Federal de Electricidad. Mi amigo el caricaturista Antonio Garci, escribió la frase que sirve de título a mi columna de hoy, eligió “un diablito para la CFE”.

Paradójicamente, el que va a manejar la energía que produce la luz tiene un lado oscuro. Según unos desde 1988, según otros desde el 30 de mayo de 1984, la tarde en que cayó, asesinado de cinco balazos, el periodista Manuel Buendía, de manos de Rafael Moro Ávila, agente de la Dirección Federal de Seguridad, cuyo Director José Antonio Zorrilla Pérez fue catalogado como el asesino intelectual. Fue Zorrilla el primero en presentarse en la oficina de Buendía de donde sacó archivos y escritos de los que nunca se supo nada.

José Antonio Zorrilla era gente de confianza del, entonces, secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, prueba de ello es que, posteriormente, el secretario movió sus influencias en el PRI para que el autor intelectual del asesinato del periodista fuera nombrado candidato a diputado. Y en efecto, lo fue, sólo que cuando se comprobó su culpabilidad intelectual, dejó la candidatura para empezar a correr, hasta el 19 de junio de 1989 cuando fue detenido. Permaneció en prisión 24 años.

Jamás se ha sabido con exactitud el motivo del crimen. La menos creíble de las versiones es que un grupo de derecha planeaba atacar las instituciones nacionales. (Cosa inútil puesto que a esas alturas gobernaba la derecha). Otra versión afirma que Buendía tenía amplia y veraz información, que pensaba escribir, sobre la complicidad de la Federal de Seguridad, sus jefes y agentes con el narcotráfico.

El periodista y exgobernador de Yucatán, don Carlos Loret de Mola, en su libro Que la nación me lo demande, recordó que el 15 de mayo de ese año el periodista Jack Anderson del Washington Post, aseguró en su columna que Miguel de la Madrid, al igual que sus antecesores, poseía enormes sumas de dinero en Suiza.

Aunque nadie lo dijo, corrió el rumor de que de eso iba a tratar la próxima columna de Buendía, esto hizo suponer que arriba de Zorrilla estaba alguien más poderoso quedando bien con el Gran Jefe.

Por cierto, don Carlos Loret murió, en febrero de 1986, en medio de circunstancias extrañas, por decir lo menos, en un accidente automovilístico difícil de creer. El “accidente” le impidió publicar el libro referido donde criticaba el gobierno delamadridista. Fue publicado por su hijo Rafael quien le agregó un capítulo denominado “El accidente”, donde se puede leer la plática que tuvo con el secretario de Gobernación que seguía siendo Manuel Bartlett:

-Mire —señaló Bartlett— estamos seguros que su padre se mató en un accidente. ¿Para qué investigamos lo demás si ya no están esas circunstancias relacionadas directamente con la causa del fallecimiento de don Carlos?

-Hay cosas que no encajan, señor secretario. Y le solicito su auxilio para aclararlas. Creo que ese es también su deseo.

-Definitivamente. Pero no confundamos a la opinión pública. ¿Usted cree que su padre fue asesinado?

-Es, en este momento, una posibilidad. Por eso estoy aquí. (…) El titular de Gobernación me pidió: -Quisiéramos elaborar un informe oficial para terminar con las especulaciones y relatar lo que aquí se dijo. ¿Tiene inconveniente, señor Loret?

-No, siempre y cuando se haga alusión a mis dudas y a que serán esclarecidas (…) Horas más tarde me avisaron telefónicamente: Zabludovsky leyó un informe oficial de Gobernación. Se dice que aceptaste la teoría del accidente. ¿Señalaron mis dudas? Ninguna de ellas, simplemente le dieron carpetazo al asunto.

Y así llegamos a la noche del 6 de julio de 1988, día de la elección presidencial. Todavía no había ni IFE ni INE, el árbitro electoral era la secretaria de Gobernación, cuyo titular don Manuel Bartlett, ordenó que las computadoras que estaban recibiendo información sobre la elección fueran apagadas para que no siguieran marcando votos a favor de Cuauhtémoc Cárdenas que se ponía por arriba del candidato oficial Carlos Salinas. A lo largo de todos estos años se ha dicho que la caída del sistema propició el fraude electoral. Y como en política todo favor se paga, a pesar de no ser amigos, Salinas nombró a Bartlett secretario de Educación y posteriormente le ayudó a ser gobernador de Puebla.

Desde que terminó su sexenio, Bartlett no ha parado de criticar a Salinas y al neoliberalismo.

WhatsApp

¿Si la caja negra de los aviones es indestructible por qué no hacen los aviones del mismo material?