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La presidenta Sheinbaum rompió con la alergia de su antecesor a viajar por el mundo y codearse con sus pares. La vimos a gusto durante sus horas de convivio y conversaciones en Canadá, con los líderes del G7, y los otros que alcanzó a conectar.

Fue bien tratada por sus pares. Y quizá se convenció, en la práctica, de que, pese al mal rato de la ausencia de Trump y el mal momento mundial de la espeluznante incertidumbre Israel/EU/Irán, vale la pena el roce externo, porque le ayuda a ella a entender a sus pares, y mejora las opciones de México en el trato con ellos.

Un punto aparte es el ya mencionado: que estuvo a gusto y se quedó, quizá, con ganas de repetir. Ojalá y esto sea el principio de una presidenta “viajera”, atenta a las oportunidades políticas de diplomacia personal de su cargo.

No ayudan a esta disposición restricciones autoimpuestas como volar sólo en avión comercial, cuando tiene a la mano aviones de las fuerzas armadas que vuelan paralelamente a sus desplazamientos internacionales.

La Presidenta misma refirió que, tratando de saldar su ausencia en Canadá, Trump le preguntó si no podía darse una pasada por Washington, a su regreso a México.

Era una oportunidad de corregir e incluso de mejorar el desencuentro con Trump en Canadá. Aprovechar la oportunidad sólo requería que la presidenta mexicana tuviera lo que tienen todos sus pares: avión propio, autonomía de vuelo, soberanía de viaje presidencial.

Vistas las cosas hacia atrás, quizá no encontrarse con Trump en Canadá fue una buena cosa. No parecía bueno el momento para un mano a mano. Y quizá no era buena idea, tampoco, hacer una parada al pasar por Washington, de regreso de Canadá.

Pero la autonomía de vuelo de la presidenta de México para sus viajes internacionales es un bien en sí mismo, un recurso presidencial al que es absurdo renunciar, cuando, de cualquier manera, el mecanismo está instalado por las fuerzas armadas y lo usa el gobierno para llevar a las comitivas que necesita fuera del país.

Es un detalle de soberanía y flexibilidad presidencial que dice mucho, creo, de la soberanía y de la flexibilidad presidenciales.