En síntesis, las leyes electorales son un elemento fundamental para la gobernabilidad del país y el avance de su economía. Esperemos que no las echen a perder
LIC. PABLO GÓMEZ,
PRESIDENTE,
COMISIÓN PRESIDENCIAL PARA
LA REFORMA ELECTORAL:
+ Lo que mal empieza, mal acaba.
Refrán popular
Imagino que ha de andar usted muy agobiado rehaciendo el proyecto de Reforma Electoral (RE). Lo digo porque en Palacio Nacional y en el Palacio de Cobián han manejado un discurso distinto al que uste utilizó alrededor de la encomienda que le hizo la doctora Sheinbaum.
Recuerdo bien que cuando los consejeros del INE fueron a entregarle la Propuesta de Mejora en Materia Electoral, usted los despachó con cajas destempladas y aseguró que la RE no saldría por consenso. Pues con la pena de que, si no convencen al Partido Verde y al Partido del Trabajo, el número de votos no alcanza para lograr la mayoría calificada. Permítame un poco de contexto para los lectores que nos acompañan: se requieren 335 votos de los diputados, pero MORENA solo cuenta con 253, de tal suerte que requiere 82 de sus aliados. O sea, que el PVEM y el PT tienen que ir casi en bloque a favor de la Reforma. Y tal y como estaba la RE -según trascendidos- pues como que no les convenía.
Al día de hoy tenemos buenas y malas noticias. Por un lado, el senador panista Javier Corral declaró a la salida de su reunión con la secretaria de Gobernación que “el proyecto de Reforma Electoral estará absolutamente abierto al debate, a correcciones, adiciones y mejoras. Yo le voy a tomar la palabra a la secretaria de Gobernación.” Estas son buenas noticias; así se han desarrollado todas las reformas electorales que México ha tenido, a diferencia de aquel que ordenaba “no le cambien ni una coma”. Imagino que no se reduciría el número de plurinominales, pero sí se modificaría el método de elección; otro escenario sería que redujera no solo los pluris, sino también los de mayoría relativa y entonces el peso de las minorías no disminuiría frente a la mayoría.
También y en contra de lo que usted declaró, don Pablo, la autonomía constitucional del INE seguirá intocada, según las propias palabras de la presidenta de la República.
Dentro de las malas noticias, el nuevo coordinador morenista en el Senado, Ignacio Mier, afirmó que acompañarán una RE “que se garantice la representación de las mayorías, que se conoce como representación proporcional, que se garantice la voluntad mayoritaria, pero que se respete la voz de quienes votaron por el partido o la coalición mayoritaria y eso es algo que de origen ha defendido nuestro movimiento y que lo vamos a hacer valer”. O sea, seguirán aplastando a través de la sobrerrepresentación.
En teoría, la propuesta presidencial de Reforma Electoral será presentada en la segunda semana de este mes, por lo que le queda a usted poco tiempo para rehacerla. Además, también queda poco tiempo para que sea discutida en la Cámara de Diputados con miras a dos objetivos: el primero, que sea aprobada a más tardar a mediados de marzo, para que las leyes secundarias estén modificadas para abril, de tal suerte que sean aplicables en los comicios intermedios de 2027, así como las elecciones por 17 gubernaturas, 31 Congresos locales y un buen número de presidencias municipales.
El segundo objetivo sería reducir el número de consejeros del INE. Como usted recordará, don Pablo, el próximo 3 de abril, termina el período de tres consejeros. Si la RE está lista a mediados de marzo, ésta podría incluir la disminución de consejeros; no obstante, sería un galimatías porque en el Consejo General quedarían ocho miembros y eso implica un alto riesgo de empate en las decisiones. Ruego a todos los hados porque las discusiones y negociaciones se demoren lo suficiente como para que sí se sustituyan los tres consejeros.
Me pregunto si en la propuesta que usted está afinando han considerado el impacto económico que ya ha tenido la simple discusión de la Reforma Electoral. Según Data COPARMEX, al cierre de 2025 solo 39.4% de las empresas considera que es un buen momento para invertir, siendo que en otros años esta opinión llegaba al 50%. Además de la incertidumbre y la inseguridad, el entorno político genera dudas en los inversionistas. Lo anterior se corrobora con cifras muy similares obtenidas por el INEGI.
La integridad electoral es fundamental para los inversionistas, pues garantiza una entrega pacífica de poderes. Si dicha integridad se viera mermada, los inversionistas castigan al país con una mayor prima de riesgo país, encareciendo el capital y posponiendo los proyectos. Con otra, la imagen que se genera es que si es el partido en el poder modifica lesivamente las leyes electorales, qué le detendría ara alterar las leyes económicas y regulatorias. En síntesis, a los capitales les asusta la falta de institucionalidad de un país y el dominio absoluto de un partido.
En síntesis, las leyes electorales son un elemento fundamental para la gobernabilidad del país y el avance de su economía. Esperemos que no las echen a perder.
+ Con la colaboración de Upa Ruiz
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