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Pongo de testigo a los lectores de que hoy 7 de abril del año 2020, hago del conocimiento de las autoridades correspondientes de Estados Unidos de Norteamérica, de que el señor Nicolás Maduro, por quien ofrecen 15 millones de dólares a quien proporcione los datos que conduzcan a su detención, se encuentra en la ciudad de Caracas, Venezuela. El individuo al que acusan de narcotráfico, con toda seguridad está localizable en dos partes de un mismo lugar. O está en la construcción denominada la Casona que es donde pernocta e ingiere sus tres alimentos diarios —cosa que la mayoría de los venezolanos, en estos tiempos de escasez, consideran algo milagroso—, o está en el Despacho Presidencial. Ambos sitios se hallan dentro del Palacio de Miraflores, situado al final de la avenida Urdaneta, esquina de Bolero en el Distrito Capital de la República Bolivariana de Venezuela. Les mando las coordenadas: 10º30’29” N 66º55’10” O.

Ocasionalmente, el señor Maduro puede estar en los jardines de la misma residencia en busca de algún pajarillo que quiera dialogar con él. Al parecer, en los últimos tiempos, esto ha sido difícil de lograr, principalmente por el desprestigio que ustedes —me refiero a Estados Unidos— los enemigos de la revolución y del chavismo, le han provocado al señor Maduro y que ha causado que las aves no quieran conversar con él por temor al descrédito.

Quiero hacer constar que he respondido al peculiar anuncio, estilo viejo oeste, aportando suficientes referencias para una posible captura del político capo del Cártel de los Soles, organización que exporta toneladas de cocaína a Estados Unidos y que está conformada, según informes de la DEA y del Departamento de Justicia estadounidenses, por 13 miembros de la cúpula gubernamental venezolana.

Si se aplicara, a rajatabla, el anuncio de película de vaqueros, tendrían que pagarnos la recompensa prometida a mí y a todos los que hayan hecho lo mismo que yo, puesto que no advirtieron que los 15 millones de dólares se otorgarían al que entregue al hombre buscado, vamos, ni siquiera ofrecieron la recompensa al primero que denunciara la ubicación del perseguido y, francamente, no creo ser ni el primero ni el único que tuvo la “genial idea” de delatar a Maduro tomando la información de Wikipedia. Además existe un elemento que pone en duda la verosimilitud del western surgido de la imaginación de Donald Trump y que convierte la recompensa ofrecida en carnada de las que acostumbra usar el vaquero anaranjado para pescar electores incautos: Probablemente el mandatario venezolano no es un santo y ha pecado contra la democracia e infringido los derechos humanos; pero es presidente de un país, no un prófugo de la justicia para ponerle precio a su cabeza.

Mi opinión sobre esta historia de vaqueros, es que así como hace cuatro años, cuando Trump se presentó a la elección, para entusiasmar a sus posibles electores, proclives al racismo y a la xenofobia, recurrió a la promesa de acabar con los migrantes mexicanos a los que calificó de asesinos, violadores y narcotraficantes; esta vez, para su película de reelección, encontró un villano más barato y versátil: Nicolás Maduro, acusado de narcotráfico al que además se le imputa querer imponer el socialismo en su país y en toda América Latina. El socialismo es una idea política a la que los gringos le tienen más miedo que una monja al retraso de su regla. Además, si Bernie Sanders, que pregona un socialismo democrático, fuera el nominado para enfrentar a Trump, ahí tiene el magnate la mesa servida para afirmar que Bernie es el Maduro estadounidense.

Pienso que de no haberse atravesado el Covid-19, Trump ya hubiera invadido Venezuela. Lo imagino vestido de vaquero, con sus pistolas al cinto, listo para usarlas, frente a Miraflores gritando: ¡Nick, será mejor que te rindas!