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Tras dos años de gobernar como chango con navaja en la mano, Trump se enfrenta el 6 de noviembre a un plebiscito sobre su figura, más que a las elecciones para renovar toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado.

Su partido está a la baja en las encuestas, pero el presidente puso manos a la obra en lo que mejor sabe hacer como el gran comunicador que es: mentir a los electores (a quienes, en esta época, les fascinan las mentiras) y… está empezando a remontar.

Sólo el fin de semana, al condenar la caravana de migrantes que llegó a México rumbo a Estados Unidos, Trump hizo subir dos puntos al Partido Republicano en la cuenta de RealClearPolitics, aunque sigue abajo 41.7 por 48.8 del Partido Demócrata.

¿Cómo? Siguiendo el librito populista de decir a la gente lo que quiere escuchar. O sea… “comunicando”:

—Que los periodistas tomen su cámara, se metan en el medio y busquen. Van a encontrar a la Mara Salvatrucha, van a terroristas de Medio Oriente, van a encontrar de todo. Y adivinen qué: no los permitimos en Estados Unidos. Queremos seguridad.

—La policía y el Ejército mexicanos no pueden detener la caravana que se dirige a la frontera sur de los Estados Unidos. Se mezclan criminales y desconocidos del Medio Oriente. He alertado a la patrulla fronteriza y al Ejército que se trata de una emergencia nacional. ¡Hay que cambiar las leyes!

Miente en ambos casos. Pero el manual populista no falla en esas situaciones. Trump se limita a decir que “he visto informes y hay de todo un poco en este grupo de migrantes”. Y punto. Háganle como quieran. Quienes lo contradicen son corruptos y bandidos.

No deja de ser una paradoja que sea a costa del sector que más odia, de una caravana de migrantes, que Trump haya colocado de nuevo a los republicanos en el camino a ganar. Sólo que está vez, si gana, tendrá el control absoluto del Congreso.

Sin embargo, quienes vivimos en otros países estamos más preocupados por el resultado de esa elección que los propios hispanos que votan en Estados Unidos, a quienes, según las encuestas, importa poco el resultado del 6 de noviembre.

Trump les ha quitado prestaciones del seguro médico, promueve el racismo en su contra, dice que sus parientes y compatriotas son criminales, violadores y transmiten enfermedades… pero se abstienen de votar. No votan ni para hacerlo en su contra.

De los 227 millones de personas que componen el padrón electoral de Estados Unidos, 29 millones son hispanos, pero de ellos apenas salen a votar siete millones. Parecen vivir ajenos a la realidad.

Y a los hermanos que se les quieren unir.