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Con admirable levedad Claudio Lomnitz ha delineado, en un breve texto, que empezará a circular mañana en la edición de marzo de la revista Nexos, un trazo profundo de tres posibles blancos estratégicos de Trump, disfrazados por el estruendo de su agenda inmediata.

El primer blanco oculto es lo que Lomnitz llama el escenario venial.

Qué tal, pregunta, si detrás de la agenda antimigratoria y la derechización de la Suprema Corte, que pondrá en riesgos derechos conquistados, lo que se oculta es la intención de mantener a la sociedad ocupada en protestar contra eso, mientras él cumple sus verdaderos propósitos:

“Desmantelar el sistema de salud pública para así poder reducir los impuestos al capital; echar a andar un programa de infraestructura pagado por el Estado, para darle trabajo a las empresas de construcción; echar por tierra las regulaciones que se le impusieron a Wall Street después de la crisis de 2008, para ofrecerle al capital una nueva racha de ganancias estratosféricas que en su momento tendrán que pagar los pueblos de Estados Unidos y del mundo”.

El segundo blanco oculto es lo que Lomnitz llama el escenario antieuropeo.

Qué tal, pregunta, si bajo la bravata global contra el orden militar y político del mundo se esconde en realidad la meta, más específica, de desmantelar a la Unión Europea para fortalecer a Rusia y que Rusia pueda servir como “acicate contra China”.

“Habría motivos para ello”, dice Lomnitz: “la Unión Europea es el mayor bastión de la socialdemocracia, y también del ambientalismo, el secularismo y el igualitarismo entre los sexos. Estados Unidos podría seguir apoyando a Rusia y consolidando su alianza con una Inglaterra sin brexit, retirando sus compromisos con la OTAN y apostar de lleno al desmembramiento de la Unión Europea, apoyando a los partidos fascistas o de ultraderecha en Francia, Holanda, Hungría, Polonia, etcétera”.

El blanco final sería el escenario antichino, ombligo de la verdadera rivalidad global estadunidense. En la lógica de esa rivalidad, la guerra contra el TLC sería solo “una ronda de entrenamiento para la guerra comercial en grande con China”, ominosamente “acompañada de ejercicios militares que reforzarán las alianzas con Japón, Corea del Sur, Taiwán, los países del sureste asiáticos y Australia”.

Y ahí: la sombra de la guerra.

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