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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, trabaja básicamente con miras en su reelección. Busca acomodar las piezas para que todo quede alineado a su favor el martes 3 de noviembre del 2020 y él repita otro periodo en la Casa Blanca.

Lo que puede manipular no duda en hacerlo. Como las amenazas a México en materia migratoria. Que por ahora las posterga, a pesar de que él ve hoy una crisis de seguridad nacional, pero otorga a este país una tregua de un año.

Ya regresará al tema en el segundo trimestre del 2020, cuando este asunto migratorio, que tantos dividendos tiene entre sus seguidores, le permita ganar adeptos para su reelección.

Mientras tanto, elige su catálogo de amenazas hacia México. Da la impresión de que le habría tomado la medida al gobierno mexicano y entonces un día amenaza con cerrar las fronteras, al día siguiente les añade aranceles a las importaciones de automóviles, después le suma el narcotráfico y remata con una posible multa de 500,000 millones de dólares a este país. Síntomas de un bully un poco desequilibrado.

Pero a pesar de la clientela cautiva que mantiene por los temas raciales y migratorios, el gran tema que le permitirá reelegirse o no es la economía. Imposible no decirle aquí a Donald Trump: es la economía, estúpido.

La economía global se desacelera y para el próximo año no se espera un dinamismo como el visto el año pasado. En buena medida por las decisiones del propio Trump, como iniciar una guerra comercial con China.

Puede también estar en sus cálculos tener un acuerdo que dinamice la actividad económica de su país, a China le conviene llevar la fiesta en paz, pero no lo es todo.

Donald Trump hace cálculos sobre el estado que tendrá la economía en el momento en el que los electores enfrenten ese habitual referéndum económico que son las elecciones presidenciales.

Sin pudor, exige a la Reserva Federal que baje las tasas de interés para que la economía mantenga el dinamismo mostrado hasta ahora.

Si el banco central estadounidense es autónomo, si ahí despachan los mejores especialistas en materia monetaria de su país, si pasan horas enteras analizando las mejores condiciones para fijar el costo del dinero, todo eso no le importa al presidente de Estados Unidos, él quiere electores contentos votando dentro de 19 meses.

El recorte de impuestos que recetó, junto con su mayoría republicana, al inicio de la administración no alcanza para siempre y cuando deje de surtir efecto en el crecimiento, quedará el boquete que genere esa ausencia de recursos públicos.

La salud financiera de Estados Unidos hoy no es tema, pero en la medida en que se pretendan facilidades fiscales para generar una burbuja de bienestar, más se acumularán los desequilibrios.

No ha habido presidente en Estados Unidos que busque la reelección que no haya encaminado sus esfuerzos de gobierno hacia esa meta. Pero la diferencia con Donald Trump es que lo hace desde una posición de total descaro y al costo que sea, lo cual tiene por supuesto otro tipo de riesgos.