Grandes fueron las necesidades de pintores, talladores, escultores durante el siglo XVI en las grandes ciudades de la joven Nueva España.

Grandes construcciones empezaron a levantarse, como fue la Primitiva Catedral de la Ciudad de México, la cual inició su construcción en 1524. Los templos empezaron a proliferar en ciudades como Texcoco, Tlaxcala, Puebla, Azcapotzalco, Cuernavaca y muchas otras.

También existía la necesidad de decorar las casonas señoriales de los conquistadores como el propio Marqués del Valle de Oaxaca, Hernán Cortés, esto sin mencionar las necesidades de retratos, murales, capillas familiares en el palacio del Virrey y en otros espacios de gobierno.

Por esa razón empezaron a emigrar a las Indias Occidentales una gran cantidad de artistas de diversas partes de Europa, entre ellos un hombre que nació en Amberes hijo de Fero Pereyns y de Constanza de Lira: su nombre fue Simón de Pereyns. En estas tierras se le conoció como Simón Pérez o Ximon Perines, nombres que el mismo personaje empezó a utilizar desde que se embarcó a la Nueva España o posiblemente desde su residencia en España.

Por ejemplo en el Catálogo de pasajeros a Indias del siglo XVI al XVIII que se encuentra en el Archivo General de Indias en Sevilla podemos encontrar el registro de nuestro artista:

Simón Pérez, natural de Beza, soltero, hijo de Bernardo Pérez y Constanza Ruiz, a Nueva España como criado de Diego Díaz.”

Este registro data de dos días después de que el virrey Gastón de Peralta Marqués de Falces y su séquito emprendieran el viaje a la Nueva España un 20 de mayo de 1566.

Aunque es posible que no se trate de Simón, son demasiadas coincidencias al analizar la fecha, pues se sabe que viajó a la Nueva España gracias a la invitación del Marqués de Falces, su nombre y el de su madre.

Estas coincidencias llevan a considerar que este es Simón Pérez es en realidad el propio Pereyns y que la castellanización de su nombre se debe a evitar conflictos e inconvenientes por su origen flamenco, incluso un rechazo en su embarque.

Recordemos que a las colonias españolas no podían embarcarse judíos, musulmanes o protestantes, religión que profesó el joven Simón. Estos antecedentes, así como su lugar de nacimiento lo volverían sumamente vulnerable a la persecución religiosa de la que sería víctima años después.

Simón de Pereyns trabajando en la Virgen del Perdón. Imagen proveniente del libro México Viejo y Anecdótico de Luis González Obregón.

Al parecer el joven artista estudió en su natal Amberes (Bélgica) y más tarde, en 1558,  se trasladó a Lisboa, Portugal, donde pasó nueve meses como retratista. Más tarde se trasladaría a Toledo, posiblemente siguiendo los pasos de su compatriota Ven Der Strateen, quien al parecer lo alojó en su taller.

Durante su estancia en Toledo fue donde por primera vez se encontró con quien sería su mecenas en la Nueva España: Gastón de Peralta, el corregidor de la villa. El matrimonio entre Felipe II e Isabel Valois fue un factor importante para que la corte española se estableciera en Madrid alrededor de 1561, por lo que empezó un gran renacimiento artístico en la ciudad mencionada como también en el gigantesco proyecto del monarca español: El Escorial, inmenso complejo con palacios, iglesias, bibliotecas, capillas, panteón y un monasterio para monjes jerónimos. Grandes figuras de la pintura como el “divino” Morales, Alonso Sánchez Coello, Antonio Moro, “el mudo” Fernández de Navarrete, entre otros trabajarían frenéticamente para cumplir con los tiempos de entrega de sus obras.

Estos artistas constantemente buscarían apoyo en pintores medianos o aprendices, entre los que se encontraría Simón de Pereyns, quien posiblemente colaboró en la decoración de los diferentes recintos palaciegos que ocupó la corte madrileña.  En 1566 don Gastón de Peralta, que estaba por zarpar a la Nueva España ya que había sido nombrado virrey de dichos territorios invitó a Pereyns para que formara parte de su corte, sin duda convencido de que un pintor de su talla podría ser de mucha utilidad para decorar el palacio virreinal, realizar retratos de su familia o incluso realizar obras para para los diversos templos que se multiplicaban en su virreinato.

Simón aceptó y siguió al Marqués de Falces, llegando a San Juan de Ulúa entre el 17 y el 25 de septiembre y posteriormente, entrando triunfalmente a la capital del Virreinato, la Ciudad de México, el 19 de octubre del mismo año.

Desde la muerte del virrey de Velasco y la llegada del hijo de Hernán Cortés, el segundo Marqués del Valle de Oaxaca: Martín Cortés Zúñiga en 1564, la estabilidad tan afanosamente conseguida en la Nueva España estaba en riesgo de perderse.

Para 1565 el hijo del conquistador sería nombrado Capitán General de la Nueva España y participaría en una conspiración con algunos nobles e hijos de los compañeros de su padre con el fin de independizarse de España y nombrarse Rey.

El 16 de julio de 1566 serían aprehendidos los dos hijos del conquistador: Martín el mestizo y Martín Cortés Zúñiga para ser enjuiciados y posiblemente ejecutados. Al llegar y tomar posesión de su cargo como virrey, don Gastón protegió a la familia Cortés, logrando que fueran exiliados de la Nueva España, así como forzados a pagar una multa y a ser despojados de sus propiedades.

Esta oportuna intervención molestó a muchas personas poderosas de la Ciudad de México, así como a la Real Audiencia. Este factor contribuiría a la caída del virrey Marqués de Falces, por lo que gobernaría poco menos de 9 meses al ser investigado por dos visitadores quienes decidieron su destino: regresar a la metrópoli para rendir cuentas y enfrentar las acusaciones que se le imputaban.

Durante este corto periodo de tiempo Simón de Pereyns trabajó una serie de murales por encargo de su amigo el virrey dentro de Palacio Virreinal con temática militar, la cual estaba de moda en la corte española.

De acuerdo al investigador Francisco Montes González: “ La ejecución de una serie de pinturas de batallas en el palacio virreinal de México fue el detonante para que, en un clima de tensión política, la Audiencia desacreditase a su patrocinador, el virrey Marqués de Falces antes la Corona.”

Incluso se dijo que el virrey tenía un ejército de 30 mil hombres escondidos para hacerse con el poder, los mismos que eran representados en los gigantescos murales que decoraban el interior del Palacio Virreinal.

Nada quedó de esta obra realizada por Pereyns, ya que en la crónica del Padre Sariñana y Cuenca de 1666 no son mencionados estos murales. Muy posiblemente fueron destruidos por órdenes de la Audiencia debido a que estaban asociados con una supuesta traición a la corona o simplemente porque nunca fueron acabados.

Cabe mencionar que el tercer virrey de la Nueva España, don Gastón de Peralta después de enfrentar investigaciones durante un duro juicio de residencia fue absuelto al no encontrar culpa en su actuar. Murió en Valladolid en 1587 a la edad de 77 años.

Don Gastón de Peralta, Marqués de Falces. III virrey de la Nueva España.

Al tener que regresar a España, el virrey contempló a Pereyns para seguir teniéndolo como su protegido, sin embargo este último decidió quedarse en la Ciudad de México debido a los proyectos en los que participaba y no habían sido finalizados.

Sin embargo tanta fortuna provocó muchas envidias, siendo una acusación ante el Santo Oficio la que más descalabros le causaría.

Sorprende saber que el denunciante fue uno de sus antiguos colaboradores, en incluso su deudor, Francisco de Morales.Para 1568 Simón se encontraba en la prisión de la Inquisición por haber dicho en público frases impías como: “que era mayor pecado mantener una relación amorosa con una mujer casada que con una soltera” o que prefería pintar retratos a pintar santos, refiriéndose a que era mejor la paga.

No obstante, el lugar donde nació fue el factor determinante para su aprehensión por la sospecha que fuera protestante. Simón fue sometido a diversos interrogatorios, incluso siendo sometido a la tortura del potro o a beber litros de agua el 1 de diciembre de 1568, sin embargo el pintor negó haber dicho semejantes frases, afirmando ser católico.

Finalmente, gracias a los testimonios favorables hacia su persona, al haber superado la prueba del tormento  sin que saliese de su boca otra declaración que lo inculpara, los inquisidores dieron su fallo:

“atento los autos y méritos de este proceso a que me refiero que por la culpa que del resulta contra el dicho Simón Perins, usado con él de equidad y misericordia que le debo condenar a que dándole todo recaudo al acusado, pinte a su costa el retablo de nuestra señora de la Merced de esta Santa Iglesia muy devota y a mi contento y que en el interín que dicho retablo pinta no salga de esta ciudad en sus pies ni en ajenos”.

La Virgen del Perdón de Simón de Pereyns. Siglo XVI.

Como lo dictó su condena, Simón financió la pintura de Nuestra Señora de la Merced, la cual se conocería como Nuestra Señora del Perdón. Esta magna obra de arte decoró la primitiva catedral de la Ciudad de México hasta que fue demolida en 1626-1627.

La pintura de grandes dimensiones, 270 cm de alto por 220 cm de ancho, con un peso de 135 kilos, en el siglo XVII decoró el altar de la Hermandad de Nuestra Señora de las Nieves, por este motivo en la actualidad también se le conoce como “Señora de las Nieves”.

Para el siglo XVIII se colocó en el Altar del Perdón de la Catedral Metropolitana hasta el año de 1967, cuando un incendio originado de un corto circuito quemó la pieza en un 90%.

En cuestión de minutos una pintura con más de 300 años de historia quedó destruida. En la actualidad la obra se encuentra en las bodegas del Centro Nacional de Conservación y registro del Patrimonio Artístico Mueble del INBA.

Después de ser liberado, Pereyns siguió trabajando en diversos lugares de la Nueva España con excelentes resultados. Realizó el retablo de San Miguel Huejotzingo (1584-1586), así como diversos trabajos para el convento franciscano de Cuernavaca, para el templo agustino de Malinalco y para el retablo del templo de Teposcolula en Oaxaca junto con Andrés de Concha. Otros lugares donde trabajo fue en el templo franciscano de Tula, y los agustinos de Mixquic y Ocuila.

Al poco tiempo de su llegada a la Nueva España se hospedó en la casa de Claudio de Arciniega, el arquitecto más importante del siglo XVI de estas tierras, colaboró con  Francisco de Morales para realizar algunas pinturas para el retablo de Tepeaca, Puebla, con el mismo hombre que años después lo denunciaría ante la Inquisición.

A pesar que fue denunciado dos veces más ante esta institución, la primera en 1578 por el pintor Francisco de Zumaya y seis años después por la esposa de este último, en ambas ocasiones salió bien librado de los procesos.

Tal vez este pintor, aventurero e intelectual, murió en la ciudad de Puebla en 1589 pues al principio de ese año el pintor prestó mil pesos a Luis de Arciniega.

Esta cantidad sería reclamada por el segundo marido de su viuda Francisca de Medina. Lamentablemente gran parte de su obra se perdió con el paso del tiempo.

La Virgen del Perdón en la actualidad.

A pesar de que no contamos con un retrato de este gran pintor, aún podemos deleitarnos con su obra. Algunos de sus óleos aún están en la Catedral Metropolitana como el “San Cristobal” (1588) ubicado en el retablo de la capilla de la Inmaculada Concepción, o el “Descanso de la huida de Egipto”, pieza central del retablo del Perdón atribuida al flamenco (aunque el debate continúa).

Sin embargo donde su trabajo se vuelve espledoroso es en la serie de óleos que aun decoran el retablo del templo franciscano de Huejotzingo (1586)

Enrique Ortiz García

Divulgador y cronista

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