Monolito de Tlaltecuhtli ubicado en Museo de Templo Mayor. CONACULTA-INAH

“Además de ser la procreadora, la Tierra es el repositorio final de todo lo efímero. Dado que todas las cosas muertas se descomponen y son transformadas en vida nueva dentro de sus entrañas, la Tierra es vista como ser voraz, listo a atrapar y tragar cualquier fuente de energía (material o espiritual) dentro de su alcance.” (Lupo, 1999).

La historia moderna de la escultura monolítica mexica más grande encontrada en México comienza un 2 de octubre de 2006, cuando un grupo de arqueólogos que estaba trabajando en el último de los salvamentos arqueológicos realizados en el predio de “Las Ajaracas”, en la confluencia de las calles de República de Argentina y República de Guatemala, se encontraron con la gigantesca representación de la deidad de la tierra, Tlaltecuhtli.

La palabra de origen nahua proviene de tlalli que significa Tierra y tecuhtli, que significa señor, dignatario, personaje de importancia.

El nombre del predio donde fue encontrada proviene de un elemento de origen mudéjar de yesería (también conocido como lacería de ocho) que decoraba la fachada del edificio que se encontraba en dicho sitio, y que fue demolido en 1994 debido a que presentaba fallas estructurales, algunas tuvieron su origen en los sismos que constantemente azotan la Ciudad de México, principalmente el acaecido en 1985.

Los expertos en arquitectura virreinal comentan que el nombre correcto para designar el predio es: “Casa del Mayorazgo de Nava Chávez”, haciendo alusión al propietario del edificio de origen colonial.

Este lugar iba albergar el Centro Cultural para las Artes de los Pueblos Indígenas, sin embargo gracias a una oportuna intervención del PAU (Programa de Arqueología Urbana) y del apoyo prestado por el entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, Alejandro Encinas, se pudo ceder el espacio para la investigación arqueológica.

Casa de Las Ajaracas. Foto: www.viajeros.com

El monolito de la Tlaltecuhtli se encontró sobre el piso de la etapa VI del recinto ceremonial de Tenochtitlán, perteneciente al gobierno del Huey Tlahtoani Ahuízotl, quien gobernó de 1486 a 1502, el padre del “abuelo joven de los mexicanos”, Cuauhtémoc.

La representación de la deidad fue elaborada con andesita rosada, o también llamada piedra tenayuca, debido a su lugar de origen, los alrededores de la población que lleva el mismo nombre ubicada en las faldas del cerro del Chiquihuite, una elevación de la Sierra de Guadalupe. El bloque, antes de ser trabajado, debió pesar alrededor de 15 toneladas. Al ser desprendido de la formación rocosa fue transportado en balsa hasta Tenochtitlán y se calcula que requirieron alrededor de 250 a 510 individuos para su transportación (Matos y López Luján, 2009).

El gran bloque de andesita se colocó frente del Templo Mayor para que los grandes artistas mexicas liberaran a la monstruosa deidad de 12 toneladas que se escondía en su interior.

Cerro del Chiquihuite en la actualidad. Foto: Wikipedia.

Tlaltecuhtli es una deidad dual, femenina-masculina, que representa a la Tierra en su estado primigenio de acuerdo al pensamiento nahua del periodo posclásico (1200-1521 d.C.).

Sintetiza la capacidad regenerativa de la tierra como dadora de vida, aunque también es una devoradora insaciable de todo lo perecedero de este mundo, desde corazones humanos hasta cuerpos de los fallecidos. Esto es visible dentro de la misma pieza, pues la deidad devora la sangre que proviene de una forma circular colocada sobre su abdomen.

Para crear a Tlaltecuhtli, los hermanos Quetzalcoatl y Tezcatlipoca coincidieron en que uno de ellos usaría su pie a manera de señuelo sumergiéndolo en el inmenso océano que cubría la faz de la tierra, mientras que el otro tomaría al gigantesco lagarto que vivía en aquellas aguas.

Así fue como Tezcatlipoca perdió su pie al ser arrancando por el reptil, al tiempo que Quetzalcóatl lo tomaba de las fauces, partiéndolas por la mitad. Con la quijada superior haría el cielo y con la inferior la tierra, a la deidad. Como consecuencia de esta acción, Tezcatlipoca perdería su pie y en su lugar llevaría un escudo humeante de obsidiana. Después de creación de Tlaltecuhtli, era tanta su hambre que:

Esta diosa lloraba algunas veces por la noche, deseando comer corazones de hombres y no se quería callar, en tanto que no le daban, ni quería dar fruto, si no era regada con sangre de hombres”.

                                                                                                              Histoyre de Mechique, 1965

Esta hambre insaciable fue lo que hizo que los hombres empezaran a realizar sacrificios a la madre tierra para calmar su hambre. Es importante recordar que Tlaltecuhtli es una deidad del inframundo, lugar donde se almacena todo lo preciado: el agua, los mantenimientos de la humanidad, las piedras verdes.

La descripción del monolito es la siguiente: Tlaltecuhtli lleva una peluca de pelo rizado, propio de las deidades del inframundo y de la muerte, cuyas representaciones tenían características aterradoras, las cuales analizaremos más adelante.

Cabe mencionar que el estándar de belleza entre los nahuas era el pelo lacio. Se sabe que es una peluca por la franja de círculos que están en la parte superior de los rizos. Estos representan la grasa subcutánea alojada debajo de la piel. Lleva banderas de papel color blanco y rojo entremetidas en su pelo, lo que hace alusión al zacapatayolli o bola de heno donde los guerreros insertaban las espinas ensangrentadas con las que habían realizado su auto-sacrificio. La deidad tiene la boca descarnada y lleva unas orejeras con papel plisado colgando de ellas, otro símbolo asociado al sacrificio humano.

Detalle del rostro del monolito de Tlaltecuhtli. CONACULTA-INAH.

La deidad plasmada en el monolito se encuentra en posición de dar a luz, o de batracio (rana o sapo), y es casi completamente simétrica.

Sus extremidades terminan en garras semejantes a las que poseen las águilas. En codos y rodillas lleva mascarones relacionados con las deidades del inframundo.

Lo que delata el sexo de esta representación son sus senos flácidos propios de una mujer que ha sido muy fértil. Otra característica a la fertilidad son las estrías en su abdomen. Sobre el abdomen de la deidad, donde falta una gran pieza, se puede ver una forma circular de donde emana un borbotón de sangre que la misma entidad está tomando. Es una lástima que la fractura en este elemento no permita distinguir al personaje que camina dentro del receptáculo, el cual está asociado a la alta jerarquía mexica por llevar cactli o calzado de obsidiana llamado itzcactli, así como un bastón. Es muy probable que se trate de la representación de un gobernante mexica, siendo puntuales, posiblemente Ahuízotl.

De acuerdo a la interpretación del director del proyecto Templo Mayor, Leonardo López Luján, la figura viste una Citlaltlicue o falda de estrellas, pues en ella se encuentran varias representaciones de la estrella de Venus, elemento asociado con el sacrificio y la guerra. Forman también parte de este ornamento plumas de águila y cordeles de piel de los que cuelgan caracoles del género oliva.

Lo más curioso de este monolito es la fecha que se encuentra debajo de su pierna izquierda y que se puede interpretar como 10-Conejo o 12-Conejo. Existe un debate entre los estudiosos sobre la interpretación de esta fecha ya que 10 de los círculos se encuentran a la derecha de la representación de la cabeza del conejo y 2 a su lado izquierdo. No se sabe si forman parte de una misma fecha, o hablan de la deidad relacionada con el pulque y la embriaguez: Ome Tochtli, Dos Conejo. Tampoco se sabe si es una fecha del tonalpohualli, el calendario adivinatorio mexica o del xiuhpohualli, el calendario solar.

El arqueólogo Leonardo López Luján propone tres teorías La primera consiste en que  el monolito fue elaborado en 1478. La segunda que este fue realizado debido al deceso del Huey Tlahtoani Ahuízotl en 1502. La última, y no menos importante, nos dice que su construcción se realizó para dejar un registro del año de entronización del mismo gobernante en 1486.

Otro detalle impactante de la escultura son sus colores, blanco, negro, azul, rojo y ocre, los cuales siguen visibles después de más de 500 años de haberse elaborado.

Fecha calendárica de Tlaltecuhtli. CONACULTA-INAH.

Algo importante de comentar es que la escultura monumental actualmente se encuentra fragmentada en cuatro grandes pedazos, con uno faltante en el centro.

Parece que a los mismos mexicas se les quebró cuando quisieron reubicarla sobre el piso de la etapa constructiva VII-1 durante el gobierno del Huey Tlahtoani Motecuhzoma Xocoyotzin. Otra teoría se basa en que la pieza fue enterrada por los mismos mexicas y que con el paso del tiempo se fueron colocando más y más estructuras sobre de ella. Esto sumado a la actividad sísmica que se presenta la cuenca de México, acabó por fracturarla.

Es importante mencionar que los conquistadores europeos encabezados por Hernán Cortés nunca pudieron apreciar sus vívidos colores, o su escalofriante rostro.

Enrique Ortiz García

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