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Pocas veces los habitantes de Ciudad de México habrán visto tan de cerca la convivencia de política y delito como en el reciente estallido de la delegación Tláhuac, un territorio urbano de 360 mil habitantes, tutelado metro a metro por  los poderes, paralelos y convergentes, del gobierno local y del crimen organizado.

Nadie ha hecho mejor la crónica de esa convivencia y esa convergencia que Héctor de Mauleón en una serie de columnas imperdibles publicadas en El Universal: “‘Los Beltrán’ ya están en Tláhuac” (19/01/17), “La célula que se infiltró en la UNAM” (26/06 2017), “El cártel de Tláhuac ya está en siete delegaciones” (24/07/2017) y “La mafia política que se adueñó de Tláhuac”. (26/07/2017)

Lo ocurrido en Tláhuac en estos días, a raíz de la ejecución, en un operativo de la Marina, del jefe de la banda criminal del llamado cártel de Tláhuac, Felipe Pérez Luna, alias El Ojos, ha sido una verdadera exhibición de los sótanos desde donde se controla y se exprime un espacio urbano mediante la venta de drogas, el control del comercio y del transporte informal, la venta de protección, el homicidio y el silencio impuesto por el terror.

Digo que ha sido una exhibición de los sótanos, pero la verdad es que los sótanos estaban de hecho a la vista de todos, eran parte de la rutina diaria de la vida, y la muerte, en las calles de Tláhuac.

Tláhuac apareció en estos días ante nuestros ojos como el verdadero huevo de la serpiente de la inseguridad que ha ido avanzando sobre Ciudad de México, del brazo de la política y los políticos.

Tláhuac parece hoy la cabeza de playa del asalto sobre la joya de la corona que le falta cobrar a la delincuencia organizada del país, la propia Ciudad de México, hasta ahora una especie de gran isla excepcional en el océano de capturas criminales de gobiernos y regiones.

Tláhuac ha mostrado que la captura de la capital iba avanzada, que el llamado cártel de Tláhuac se había extendido ya a otras siete delegaciones y era ruta de paso del corredor de droga y crimen que va del oriente de la ciudad hacia Morelos y Guerrero y viceversa.

El huevo de la serpiente.

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