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Desde hace días ronda en mi cabeza una pregunta: ¿por qué la presidenta Sheinbaum dice un día sí y otro también que hay un grupo de mexicanos que convoca a la violencia y busca una intervención extranjera? Después de mucho pensar —y de escuchar a personas y personajes que saben más que yo— llegué a una conclusión: andan urgidos de enemigos.

Permítanme explicarles, antes de que levanten las cejas.

La 4T, con López Obrador a la cabeza, llegó al poder tomando como bandera el descontento —justo, sí— de gran parte de la población del país. Se autoproclamaron la “Esperanza de México” y, con base en su narrativa esperanzadora de “nosotros somos los buenos y todos los que nos critican son malos”, fueron adueñándose de todo: instituciones, congresos locales y el federal, el Poder Judicial y, próximamente, de las instituciones electorales.

Además del discurso, la 4T pudo hacerse fuerte porque la oposición entregó la plaza; quizá por miedo a que les sacaran, como ya ha ocurrido, los expedientes de sus “travesuras”. Hoy esa oposición —representada por los partidos— es prácticamente inexistente.

Sin embargo, la 4T no tomó en cuenta dos factores fundamentales que ahora les están pasando factura: el tiempo, ese fantasma cuyo andar deja huella; y sus propios dirigentes, que más que mártires son humanos.

El paso del tiempo volvió cada vez más inverosímil culpar a sus enemigos originales —los fifís, los neoliberales, Calderón, Salinas— de los problemas que hoy enfrenta el país. Y algunos de sus dirigentes, al ver el arca abierta, dejaron el aura de salvadores y aprovecharon la oportunidad de “mejorar” su situación.

Por eso ahora buscan nuevos enemigos: porque su discurso inicial no aguantó la comezón del séptimo año y comenzó a desgastarse. Y como a cada “héroe” le hace falta su villano, hoy nos hablan de bots, de la derecha internacional y de complots.

Pero volvamos al título de esta colaboración: ¿Tiene adversarios la 4T?
La respuesta es sí. Pero no están en el ambiente político. Su principal —y única— adversaria es la realidad, ese fantasma que se encarga de poner a cada quien en su lugar.

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