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Creo que el entrenador Osorio y su equipo nos han callado la boca a los escépticos, los pesimistas y los críticos.

Su triunfo sobre Alemania es un feliz antídoto contra el mal ánimo que nos gobierna, ese que nos hace descreer de todo y anticipar como seguros los peores males.

La victoria nos recuerda la simple y olvidada necesidad de creer para lograr las cosas, y la necesidad paralela del esfuerzo y la voluntad de conseguirlas.

Lo de ayer ha sido una felicidad y un ejemplo. Decimos que ha sido un triunfo de México y es verdad en cuanto al ánimo de fiesta que unifica hoy al país.

Pero en estricta verdad es un triunfo de los seleccionados y de su entrenador. No entiendo bien los titubeos de algunos comentaristas cuando se preguntan si esta ha sido la mayor victoria de la historia toda del futbol mexicano.

Naturalmente que es la mayor de todas, no solo por la dimensión del rival, por darse en el escenario insuperable de un Mundial y por haberse conseguido contra el vaticinio prácticamente universal de los expertos y de los pamboleros deslenguados, como el autor de estas líneas.

La de ayer es la mayor victoria del futbol mexicano porque nunca una selección de México jugó tan buen futbol, de tan alto nivel y tan visible peligrosidad para el rival, como en el primer tiempo del ya histórico Alemania-México.

Es la mayor victoria de todas porque vimos aparecer con la camiseta de México a un grupo de jugadores de clase mundial, conjuntados, misteriosamente para mí, en un verdadero equipo, el equipo que no habíamos visto hasta ahora.

Desde hace algún tiempo dice el poeta Luis Miguel Aguilar, conocedor del juego si alguno, que esta es la mejor generación de jugadores que ha tenido México.

Lo fue ayer en la cancha del estadio Luzhnikí de Moscú, con lujo de velocidad, coordinación, atrevimiento y clase.

Dijo bien Osorio que atacaron con coraje cuando tuvieron oportunidad y se defendieron con la vida cuando tocó defenderse. En medio de esto, jugaron un futbol de alto registro y vencieron con solvencia y autoridad.

Un tapabocas para los incrédulos. Lo traeré puesto al menos lo que resta del Mundial.