Minuto a Minuto

Entretenimiento Muere en Argentina integrante del espectáculo infantil ‘Bely y Beto’
De acuerdo con la información difundida, Samuel Garza acompañaba al equipo de Bely y Beto durante la etapa de la gira por Argentina cuando ocurrió el fallecimiento
Internacional Delcy Rodríguez asegura que trabaja en “plan maestro” para la reconstrucción de Venezuela
Rodríguez aseguró que su administración ya trabaja en un plan para La Guaira que permita su recuperación en infraestructura y vivienda
Nacional Decomisan más de ocho millones de cigarrillos falsos en Colima
La ANAM detalló que el decomiso de cigarrillos es el resultado de las medidas de control implementadas de manera coordinada entre las instituciones
Nacional UNAM suspende temporalmente inscripciones y entrega de documentos para licenciatura
La UNAM señaló que la revisión del Concurso de Ingreso 2026 continuará hasta concluir las acciones para garantizar la certeza del proceso
Nacional Despiden a Valentín Lavín Romero, alcalde de Temoac, en medio de un gran dispositivo de seguridad
El homenaje a Lavín Romero no pudo realizarse en la presidencia municipal porque la Fiscalía de Morelos mantiene el inmueble bajo resguardo

Come, rumia, lee poesía. Sé que no cesa de rumiar por los proyectos que a veces me cuenta. Son largos y precisos a la vez, envueltos en una dificultad de ejecución que me da vértigo.

Cada semana leo la minuciosa columna que publica en los diarios. Me asombra que pueda recordar la diferente traducción de algunos versos en ediciones españolas o inglesas que han dejado de circular o circulan solo en su cabeza.

Su cabeza es una máquina de mezclar versos, una “cuna de versos”, dice él, que capturan la verdad anterior a los versos mismos: el momento único, increíblemente cotidiano, de la iluminación poética; el momento que todos sentimos pero nada más los poetas oyen, y pueden traducir.

A ese momento él le llama “el minuto difícil”.

Lo he visto caminar por las calles de la colonia, que es su patria, y sé que por su cabeza van pasando las aprensiones del día, en las que es maestro consumado, y las felicidades de los versos que recuerda, que asaltan su cabeza con rigor enciclopédico y facilidad infantil.

Adivino esa condición feliz y combinatoria de su alma cuando empieza a decir algo, calla, piensa, se emociona y dice: “No, después”.

Ese “después” es el poema inasible que la vida ha empezado a criar en su cabeza, junto con la dificultad de decirlo: la conciencia del milagro de ejecución verbal que los poetas han de imponer y añadir al idioma.

Hablo de eso sutil y terrible que les permite a los poetas asomarse a la vez a la futilidad y al resplandor de estar vivos. Eso que les permite hacer con sus palabras casas de una línea o catedrales de muchas líneas, y que terminan siendo las calles y los templos de nuestro idioma.

La casa de una línea de Ramón López Velarde, por ejemplo:

Mi corazón, leal, se amerita en la sombra.

Así se amerita y se propaga el suyo, el del poeta del que hablo, poeta mayor de su casa, de su pueblo, de su memoria y de sus libros, seguramente de su generación:

Hablo de Luis Miguel Aguilar, mi hermano, que cumple hoy sesenta años.

[email protected]