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La manera como se gobierna y se toman decisiones genera la ficción de que los actores relevantes son o encarnan el país que representan; importan y mucho, pero lo central no son las personas sino los Estados. Por ejemplo, no se trata del desencuentro del presidente Donald Trump con el primer ministro de Ucrania, Volodímir Zelenski, sino el de EU respecto a Ucrania. Los gobernantes son clave, pero los verdaderos protagonistas de la relación son las naciones.

Esta distinción es relevante para entender la situación de México con EU. El impacto de la relación no sólo remite a los gobiernos representados por Claudia Sheinbaum y Donald Trump, respectivamente, sino a los paises. Esto quiere decir dos cosas: primero, las relaciones internacionales son temas de Estado, incluye a todas las instituciones públicas y los actores asociados a lo público; ​segundo, a todos, involucra, afecta o beneficia lo que resulte de tal relación.

Los mexicanos debemos estar alertas por el tono, actitud y desplantes del presidente Trump respecto a México. La opinión de él sobre la Presidenta es poco relevante; lo que importa son sus decisiones que impactan la relación bilateral, como es la imposición de aranceles, la deportación masiva de migrantes o la política de seguridad que involucra a connacionales y al territorio nacional.

El presidente norteamericano es un actor disruptivo resuelto a redefinir la relación de EU no sólo con nosotros sino con el mundo. Desconoce principios, reglas y compromisos; queda claro en su postura hacia la alianza atlántica y respecto a Rusia, Ucrania y Gaza. Si eso ocurre en temas críticos para el mundo, es inevitable que los mexicanos debamos estar preparados para una embestida mayor a nuestra soberanía nacional. El reto no es solo constitucional.

La Presidenta y su forma de comunicarse debiera centrarse en propiciar un sentimiento compartido para enfrentar al veleidoso vecino. Sí, se trata del presidente, pero más, de todo lo que representa EU. A todos los mexicanos nos concierne crear espíritu de cuerpo, más allá de la postura del régimen. No es generar unidad alrededor del gobierno, sino en torno al país. Para eso, frente a lo que viene, México requiere con urgencia ser gobernado por una Jefa de Estado.