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Después de su triunfo en 1867, los liberales mexicanos arrinconaron a la Iglesia y, con ella, al culto guadalupano.  En 1869, la capilla del Tepeyac estaba a punto de cerrar por falta de limosnas.

Juárez “mantuvo la fiesta nacional el 12 de diciembre instaurada años atrás”, recuerda David Brading, “pero permitió que sus partidarios confiscaran el capital del santuario, despojaran a la capilla de gran parte de su plata y joyas, y cerraran el convento contiguo de monjas capuchinas”.

En 1880, Tirso Rafael Córdoba predicaba en el Tepeyac, “lamentando ‘el cuadro desolador’ de la indiferencia religiosa en México”, y la falta de limosnas en el santuario de Guadalupe.

En 1876, la virgen de Lourdes fue coronada como reina de Francia. Inspirados por ese ejemplo, los arzobispos de México, Guadalajara y Morelia solicitaron a Roma su permiso para coronar a la virgen de Guadalupe como reina de México.

En 1884, a partir de su segunda presidencia, Porfirio Díaz buscó la reconciliación con la Iglesia católica. El 8 de febrero de 1887, la santa sede otorgó el permiso de coronación de la virgen de Guadalupe como reina de México. En septiembre de 1895, la efigie fue devuelta al santuario del Tepeyac, de donde había sido sustraída durante la remodelación.

El día de la apertura del santuario remodelado, los fieles notaron que había desaparecido de la imagen la corona dorada que ceñía su frente.

Los canónigos del Tepeyac protestaron por la supresión. Acusaron al responsable de las fiestas, monseñor José Antonio Plancarte y Labastida, de haber comisionado a Salomé Piña, un reconocido pintor de la época, para que retirara la corona.

En su lecho de muerte, el discípulo de Salomé Piña, Rafael Aguirre, confesó que Plancarte y Labastida había llevado al pintor para que borrara la corona, pues se estaba decolorando y eso no podía suceder en una imagen de origen divino.

El 12 de octubre de 1895 se llevó a cabo en la Ciudad de México la coronación de la virgen de Guadalupe como Reina y Madre de México.

Habían renacido en México la Iglesia católica y el culto guadalupano.

(Todo el relato en David Brading: La virgen de Guadalupe. Taurus, 2002, cap. 12)

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