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Etimológicamente, la palabra cónclave significa “con llave”, del latín cum y clavis. En realidad, no quiere decir más que la encerrona que dentro de dos semanas habrán de iniciar los electores del colegio cardenalicio para elegir por voto secreto al próximo Papa de la iglesia católica, tras la muerte de Francisco, el primer Papa no europeo, latinoamericano, y de la orden de los jesuitas.

Por naturaleza y tradición obcecada, el catolicismo es abundante en simbologías, ceremoniales y enigmas. A la muerte de un Papa y selección de otro, eso debe ser más notorio aún. Son nueve etapas, me parece, las que están teniendo curso ya a la muerte de Jorge Bergoglio.

Desde la mañana de ayer, los católicos están en el período indefinido de sede vacante , en el que las disminuidas funciones del papado recaen sobre su camarlengo, que por etimología vendría a ser su ayuda de cámara. Ese clérigo tendrá que organizar las exequias y ayudar a convocar al cónclave cercano.

El siguiente paso es la certificación de la muerte, realizada por el camarlengo, en presencia del decano de los cardenales, Giovanni Battista Re, y la autoridad sanitaria del estado Vaticano, así como familiares del fallecido. La tradición dice que debe golpearse tres veces en la frente con un martillo de plata para evidenciar que es cadáver, además de llamarle tres veces por su nombre de pila. Esa etapa ya debe estar saldada.

El camarlengo procede entonces a retirar del difunto el anillo del Papa, que debe ser destruido; ya sabe, para impedir marrullerías de otros tiempos. A continuación se coloca el cuerpo en un ataúd de madera y zinc para ser trasladado a la basílica de San Pedro, en el que será expuesto. El camarlengo hace el anuncio oficial, cosa que hizo ayer mismo por la mañana hora vaticana.

Las habitaciones del Papa se cierran con sellos para evitar que algo sea sustraído. El ataúd es llevado a la Basílica y comienza el novenario; nueve días de misas en todo el mundo católico para el descanso del alma papal. Entre cuatro y seis días después de la muerte, ha de darse sepultura a su cuerpo. La voluntad de Francisco fue muy acorde con su conducta terrenal: se negó a ser venerado en tres ataúdes sobre un catafalco altamente ornamentado. No estará en la bóveda donde descansan sus anteriores, en San Pedro. Será sepultado en la iglesia de Santa María Mayor, en Roma. No llevará en su tumba el báculo papal y, con ello, las ceremonias fúnebres del Papa Pancho, como yo le dije siempre, terminan.

Este es el momento, no menos de 15, ni más de 20 días desde el lunes, en que el decano cardenalicio Battista convoca al cónclave para elegir sucesor. Sin embargo, la supergrilla política que eso implica comenzó mucho antes, cuando la salud de Francisco comenzó a quebrantarse. “Extra omnes”, fuera todos, es la orden. Nadie entra, nadie sale, no hay visitantes, prensa ni celular: Aislamiento total. Sin llave, sin clave; diríamos en México, sin línea. Al menos aparente.

Hay 254 cardenales hoy en día. De todos ellos, solamente 140 tienen menos de 80 años de edad y pueden entrar al cónclave en la Capilla Sixtina y emitir su voto. Cuatro votaciones diarias, para buscar al que obtenga dos tercios de los votos. Al cabo de siete ciclos, la segunda vuelta decidirá por mayoría simple entre los dos más votados. Humo blanco.

Lo que, una vez más, ha de determinar si la iglesia católica seguirá el curso de la derecha conservadora que está triunfando en el mundo exterior, o seguirá la ruta franciscana. Ya están abiertas las apuestas en las casas que a eso se dedican. Se presume que será italiano. Entre los finalistas están los italianos Zuppi y Pavalin, arzobispo de Bolonia uno, secretario de Estado el otro, y el arzobispo de Jerusalén. Se menciona al cardenal Tagle, de Filipinas y al alemán Müler, más derechista que Trump y adversario de Pancho.También anda por ahí Peter Turkson, de Ghana.

Por cierto, en las mafufas profecías de Nostradamus se dice que en 2025 habrá una gran guerra, una crisis económica y un papa negro. Digo.

PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): El último mensaje del Papa Pancho fue para Trump, por medio de su vicepresidente Vance, el último visitante que recibió: en favor de los pobres y los migrantes y en contra de las guerras de Ucrania y Gaza. Tal vez por eso el mensaje del pelipintado fue un simple QEPD.

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