De las 230 mil escuelas del país con más de 26 millones de alumnos y un millón 200 mil maestros que hoy inician clases, 107 planteles de Acapulco (a donde acuden 11 mil 557 niños de preprimaria, primaria y secundaria) lo harán… protegidos por la Gendarmería federal.

El secretario de Educación de Guerrero, Salvador Martínez della Rocca, ordenó su cierre el 22 de noviembre por el grave problema de inseguridad que se padece en las áreas donde están los inmuebles: en 2014, nueve profesores (incluida una maestra) fueron asesinados y otros cinco (cuatro mujeres y un hombre) secuestrados (una, de un jardín de niños; otra, de una secundaria técnica, y tres más de una misma telesecundaria).

El peligro de estudiar se agudiza por fallas tan injustificables en ese rico puerto, como la generalizada falta de teléfonos y/o botones de seguridad que en muchos casos, de haberlos, no funcionan.

Mucho peores, es de inferirse, han de ser las condiciones en que se debaten poblaciones escolares y magisteriales más cuantiosas en incontables localidades mucho menos “privilegiadas” que Acapulco…