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Con el desafío de Rocha a su autoridad, la presidenta prefirió un mal arreglo que un buen pleito. Pero desde hoy lleva una carga que será insoportable pronto, debido a su propia explicación a lo que hizo el, ya de nuevo, gobernador con licencia de Sinaloa.
“Así como tomó la decisión personal de regresar, tomó la decisión personal de retirarse”.
La explicación de Sheinbaum la deja en mala postura: pareciera que puede hace lo que quiere (y por encima de la presidenta) un cartucho quemado de su partido, que tiene ficha roja de la Interpol y es reclamado en extradición por introducir fentanilo, cocaína y heroína a EU.
Ahora Sheinbaum debe demostrar que su investidura no puede ser puesta a prueba: y encarcelar a Rocha. No sólo por ser ciertas o no las acusaciones de EU, sino porque si no actúa contra Rocha, parecería que aprobó su regreso y le retiró el apoyo, sólo presionada por el escándalo que siguió.
¿En qué país estamos si hace lo que quiere un político con ficha roja de la Interpol y reclamado en extradición por introducir fentanilo, cocaína y heroína a EU? La misma presidenta dijo que se enteró de que Rocha retomó la gubernatura, cuando ya la había retomado.
Por falta de energía de la presidenta no es: su gobierno tiene mano dura contra quienes no son de su partido: acaba de encarcelar a dos exgobernadores de la oposición, y busca desaforar por séptima vez (con fines de encarcelamiento, sin dudas) al presidente del PRI.
Dificil regatearle a Sheinbaun que resolvió razonablemente la apuesta de Rocha de volver a la gubernatura: consiguió que se marchara. Y eso la ayudó a quedar bien tanto con los nacionalistas de Morena, como con los flexibles ante la presión de EU para llevarse a Rocha.
Sheinbaum prefirió un mal arreglo que un buen pleito: la política como el arte de lo posible. Pero si deja a Rocha en la calle, parecerá que lo arropa y que no controla a los morenistas vinculados con López Obrador, a quien ella insiste en llamar “presidente”.
Porque son los cercanos a López Obrador quienes cuestionan su autoridad: unos días antes del desafío de Rocha, el segundo hijo de López Obrador, Andy, no le avisó que le escribiría una carta al presidente de EU llamando “hitleriana” la decisión de ese país de retirarle la visa.
Rocha al menos es un gobernador con licencia, pero Andy es apenas un aspirante a diputado (que es el primer cargo de elección popular al que ha aspirado en su vida). Su privilegio es ser hijo de quien Sheinbaum sigue llamando “presidente López Obrador”.
Pero López Obrador no es presidente. La presidenta es ella.