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No hay que olvidar que el origen de la tragedia de la Línea 12 del Metro estuvo en las licitaciones a dedo otorgar a empresas de su preferencia las obras públicas, sin competencia abierta con otras. Hoy mismo, otorga así ocho de cada 10 obras.

Ahora, por ejemplo, Alstom, una de las empresas implicadas en el desastre de la L-12 ha sido premiada con un contrato en el Tren Maya. Lo anunció Javier May, Director General de Fonatur, y hasta le dio publicidad gratis:

“@Alstom está en búsqueda de talento para trabajar en el proyecto @TrenMayaMX. Les comparto los requisitos, los correos y teléfono de contacto, además de los puestos de trabajo que ofrecen”.

¿Alston? Ah pues se trata Alston Ferroviaria de México, a la que Marcelo Ebrard dio a dedo la obra civil de la L-12, por un monto de 28 mil millones de pesos, una cantidad que creció varias veces porque las constructoras aumentaron los costos.

Y, toda la construcción de la L-12 fue un desastre. Recordemos la investigación del NYT, basada en documentos oficiales, entrevistas con constructores de la obra y análisis de evidencias. Una de las conclusiones es demoledora:

“Tomamos miles de fotos del lugar del colapso y las compartimos con reconocidos ingenieros que llegaron a la misma conclusión sobre la falla: una obra deficiente que parece seguir un patrón de oportunismo político y trabajos desordenados mientras se construía el Metro”.

Otra de las conclusiones es turbadora:

“Y la empresa constructora del empresario Carlos Slim, Carso Infraestructura y Construcción, llevó a cabo el tramo de la línea que colapsó. Era el primer proyecto ferroviario de la compañía, que allanaba el camino para otros más”.

El caso es que las dos empresas, embardadas en el escándalo de la L-12, están en el Tren Maya: o sea, son empresas vinculadas al grupo político que gobierna hoy en el país, y que hacen negocio hace dos décadas con los gobiernos capitalinos.

Además de Alston, una empresa de Slim construye uno de los tramos más complejos del Tren Maya, el que va de Escárcega a Calkiní, en una extensión de 172 kilómetros, a un costo de más de 18 millones de pesos.

Porque el Tren Maya es construido, al igual que lo fue la L-12, sin concursos ni convocatorias que dieran entrada a más participantes del mercado, por inspiración personal del gobernante: ayer, Ebrard como jefe de Gobierno; hoy, el presidente.

Sin embargo, ganaron la presidencia con la puntillosa promesa de acabar con la corrupción, y la alientanhaciendo licitaciones directas. Pero, según sus propias estadísticas otorga ocho de cada 10 contratos por adjudicación directa.

Mientras, ahí está: premian a los de L-12 en el Tren Maya.